Día 1:
Por un casual del destino he visto a Lara es la calle. No pensaba que la volvería a ver. Era una ocasión que no podía desperdiciar así que decidí seguirla. Me ha conducido hasta una antigua nave industrial donde había una especie de reunión. Ya estoy decidido, voy a descubrir su secreto.
Día 2:
Ya tengo todo lo necesario para espiar el lugar. He conseguido unos prismáticos, he alquilado la nave industrial de enfrente que resulto más barata de lo que pensaba. Vamos que está todo listo sólo tengo que ir cada noche.
Día 3:
Hoy he llegado bastante temprano, lo que me ha permitido ver quién es el que abre el recinto. Se trata de un chico con el pelo anaranjado ni muy largo ni muy corto. No aparentaba más de 20 años y su cara mostraba una clara sonrisa. Era bastante increíble que una persona de ese aspecto anduviera con ese tipo de gente. Era un grupo de diez personas de las cuales tres parecían normales, aunque lo único que podía ver eran sus caras ya que todos llevaban unas largas gabardinas grises. La gente empezó a aparecer alrededor de las nueve y salieron al cabo de una hora.
Día 4:
Hoy empezare a hacer una lista de las personas que se reúnen en el lugar. Quizás así pueda descubrir algo más. Aunque de todos modos no puedo saber lo que ocurre en el interior y la intriga me mata. ¿Y si compro unos micros de estos que usa la policía? Me pregunto cuánto valdrán, bueno, ya lo pensaré.
Día 5:
Los micros e pasan un poco de mi presupuesto, pero cobro mañana así que los comprare. Además no puedo aguantar más. Hay una chica que me intriga.
Siempre lleva un rifle a la espalda lo que da un poco de mal rollo. Ella es una chica no muy alta, rubia y bastante guapa, pero no es mi tipo. Creo que mi trauma con las rubias no está superado aun. Aunque parece un poco frágil se nota que es solo su apariencia ya que el arma que carga no parece de aficionados. Tiene un color azul metalizado y parece que este hecho a medida para ella, no obstante debe de pesar lo suyo. Siempre llega con un tipo que contrasta totalmente con ella. Alto, de piel oscura y se nota que va con frecuencia al gimnasio, incluso llevando la larga gabardina gris. Es más, por su actitud de llevar gafas de sol por la noche deduzco que se trata de una persona muy prepotente.
Día 6:
Ya compre los micros, mañana los colocaré. Lo más a destacar del día es que no han ido ni mis rifle ni míster cachas. A parte de eso ha sido un día delo más normal, eso si me he dado cuenta de que siempre aparecen en parejas. Seguramente se agrupan así.
Día 7:
Al fin puedo enterarme de lo que hablan. Sin embargo no me he enterado de mucho. Parecía una subasta en la que nombraron a varias personas, algunas más conocidas que otras. Cualquiera que lo escuchara pensaría en el terrorismo o en la mafia, pero de todos modos no tengo ni idea de lo quieren o de lo que piensan hacer. En fin, lo único que he podido sacar en claro son unos cuantos nombres. La chica del rifle se llama Sally y su compañero Orión. También el nombre del chico del pelo anaranjado, que parece ser el jefe del grupo, Jared.
Día 8:
Me he informado a cerca de las personas nombradas ayer. Todas tienen un alto poder económico, pero lo más extraño de todo es que la mitad o han desaparecido o han muerto (que lo descubrí, después de buscar varias horas en internet, al poner las noticias). Puede que sea una coincidencia. Es extremadamente difícil que estén relacionados. De todos modos, comprobare si los nombres de hoy coinciden con los de las noticias de mañana por si acaso.
Día 9:
No me lo puedo creer, ha vuelto a pasar. Quizás sea el momento de llamar a la policía, pero me da un poco de rabia. Yo fui quien descubrió toda esa trama y seguro que no me ignoraran de nuevo. Ahora que lo pienso, seguramente ni siquiera me tomen en serio. La última vez también fui ignorado. Paralelamente, también quiero saber lo que ocurre. No hago más que oír cosas extrañas como “cerrar el flujo”. Que no sé en qué consiste, pero si sé que cobran por ello. Bueno, tengo tiempo para pensar en ello.
Día 10:
Hoy tengo nuevas. En primer lugar, el grupo se hace llamar los semimuertos. En segundo lugar, van a tener un invitado mañana. Un tal Doctor Smith. Y por último, ya sé el nombre de la persona que acompaña a Lara. Es un tal Gradar del cual hoy es la primera vez que le he oído hablar. Me recuerda a uno de estos antiguos samuráis.
Día 11:
El día ha empezado como siempre. Se han reunido todos y han esperado al doctor que ha llegado acompañado con su guardaespaldas. Este ha entrado en el edificio después de negociar un poco ha pagado 200.000 euros a cambio de lo que llaman cerrar el flujo. Por lo poco que entendí eso era el primer pago y que debía repetirlo cada diez años. Algo bastante extraño. Que quería decir todo aquello, no hacían más que suceder cosas extrañas y me sentía como si me encontrara en medio de un huracán de dudas, pero no eran nada en comparación de lo que iba a ocurrir. Salieron tres personas del local. El doctor, su guardaespaldas y Jared. Yo no me perdía detalle con los prismáticos. Entonces lo oí. Jared dijo “vera doctor, espero que nuestro trato quede en secreto y por lo tanto no me gustaría que quedara ningún testigo de lo que acaba de ocurrir”. Al acabar de decir esto se dio la vuelta y a su vez salió por la puerta Sully. Sully en un instante salto sobre el guardaespaldas apoyando su pie derecho en el pecho de este produciendo que perdiera el equilibrio. Sully, ayudada por la gravedad, quedo de pie sobre el pecho del pobre hombre que aun estaba conmocionado por el golpe. Ella no dudo. Tiro de la correa que mantenía el rifle colgado de su espalda hasta acomodarlo a su hombro, apunto a la cabeza del que se encontraba en el suelo dejando el cañón a menos de cinco centímetros y disparó. Esto provoco un geiser de sangre que mancho la ropa de Sully, aunque no parecía importarle y ademas desato un estado de pánico en el doctor que no alcanzaba a correr todo lo que quería.
¿Qué acababa de ocurrir?, ¿era real? Es la segunda vez que presencio un asesinato. Y que voy a hacer, supongo que tendré que pensarlo. De lo único que estoy seguro en estos momentos es que tengo que hacer algo.
Día 12:
el cuerpo ya no está y parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero no es así. Yo vi lo que vi y no me voy a estar quieto, tengo que detener a esta gente.
Día 13:
Se acabo lo de observar desde lejos, tengo que involucrarme, y no puedo llamar a la policía. Después de ver como acababa una chica de 50 kilos con un matón de 110 no creo que puedan hacer mucho contra ellos. Además, seguro que intentaran simplemente detenerlos y no pienso dejar que muera más gente y cada día cuenta.
Día 14:
Es el momento de combatir el fuego con fuego. Ya sé lo que haré. Voy a matarlos. Puede que no sea lo más correcto, pero sí que es la mejor opción que veo. Una bomba no creo que sea tan difícil de hacer.
miércoles, 31 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
Capítulo 2: muerte, desaparición y obsesión.
Ya tenia 17 años y uno de experiencia como camarero. No ganaba un gran sueldo pero el dueño me permitía comer gratis cada día. El local estaba en el centro de la ciudad, aunque no era muy grande. En ese momento trabajamos seis personas de las cuales yo solo conocía a dos ya que trabajaba a media jornada. De lunes a viernes por la mañana, parecía que todavía estuviese estudiando. Mi jefe se llamaba Leonardo. Es la típica persona muy amigable que no sabe el significado de espacio vital. Sin embargo era una buena persona. Intentaba pensar que lo hacia sin darse cuenta. Lo único que me desagradaba de él era que, cada mañana al llegar, aun medio dormido, ¡ala! Abrazo del oso. Además, el era un aficionado a la cocina y esto se veía reflejado en su cuerpo. En ocasiones llegué a pensar que lo hacia para despertarnos. A mí y a Lucas. Lucas era mi compañero de trabajo y piso. Le conocí en mi época de instituto. Es una de esas personas que no sabes como empezasteis a ser amigos, pero que ahora sois inseparables. En cuanto a su personalidad, era difícil de describir. Era tímido pero sin serlo. O sea, le daba vergüenza hablar con la gente, pero se obligaba a hacerlo. Eso le daba un toque extraño que le convertía en la persona más popular que he conocido.
Era lunes y como siempre un día muy largo. Un día en el que solamente acudieron dos clientes y porque eran clientes habituales. Lo que en definitiva se puede considerar un día aburrido. Pronto llego la hora de comer. Hoy le tocaba preparar a Leonardo la comida y como no preparo el plato especial del día “arroz de quinta”, que no era otra cosa que cinco clases diferentes de arroces cocinados y mezclados.
La plática de sobremesa giraba en torno al nuevo plato que Lucas había creado. Mi interés por ello era mas bien nulo. Había algo en la ventana que llamaba mi atención. Una jovencita, bueno puede que no tan jovencita tendría al rededor de veinte años, estaba ayudando a un anciano a cruzar la calle. De pronto mi cerebro colapsó. Tardé un poco en asimilar lo que acababa de ocurrir. Cuando la pareja estaban llegando a la mitad del paso para peatones un camión pasó a gran velocidad dejando a su paso una ligera bruma roja. Por fin reaccioné. Me levante de golpe asustando a todas las personas que se encontraban en el restaurante. Señale la ventana.
-¿habéis visto eso?- pregunte
-¿el que?- contesto Lucas.
Pero no podía estar perdiendo el tiempo, puede que haya supervivientes. Salí lo más rápido que pude rodeando el camión y al llegar a la parte delantera una intensa arcada recorrió mi cuerpo. El cuerpo inerte del anciano se había incrustado en el parachoques. Me di la vuelta y vomite. Cuando pude lidiar con ello me encontré una multitud de curiosos que habían formado un corro alrededor del accidente. Entre ellos estaba Lucas quien reacciono de forma parecida a la mía. Con tanto ajetreo no me había fijado en un hecho importante. No estaba el cadáver de la chica. Me acerque a la gente del corro.
- ¿alguien ha visto a la chica que iba con él?- nadie respondió.
-¿Estas seguro de que no te lo has imaginado?- me pregunto Lucas.
- claro que no estoy completamente seguro de haberla visto-
- si pero aquí no hay ninguna chica-
- Quizás no ha muerto-
-¿y por que no esta aquí?-
- pues porque se debió de asustar-
Lucas no parecía muy convencido con mis explicaciones, pero ni siquiera yo estaba seguro de lo que estaba diciendo. Es más, nada mas decirlo me daba cuenta de lo ilógico que era.
No tardo mucho en llegar la policía que buscó todos los testigos que pudo, solo yo había presenciado el accidente, y acordonó la zona. Un tal Steve se encargaba del asunto. Me llevaron a comisaría y tras esperar quince minutos para que me tomaran declaración entro Steve.
-hola Mike, me llamo Steve-dijo intentando ser amable-por lo que he descubierto usted es el único que presencio los hechos-
-si, mas o menos-
-¿Qué quiere decir?-
- vera, yo estaba en el restaurante de enfrente, “el delfín rojo”, comiendo. Como trabajo allí me sale gratis. Miraba por la ventan, fijándome en como muna chica ayudaba al fallecido a cruzar. Entonces un coche cruzo a la vez que pasaba el camión que solo me dejo ver la sangre esparcida por el impacto.-
- ¿y donde esta esa chica?-
- no lo sé, desapareció tras el accidente- al oír esto Steve me miro desconfiado.
- no te preocupes, has sido de gran ayuda, buscaremos a esa chica- pero yo sabia que no pensaba lo mismo que decía. Como se iba a creer algo que ni yo mismo podía. Llegué tarde a mi apartamento, con tanto ajetreo ya eran las once. Lucas no había llegado. ¿Qué estaría haciendo? Bueno, no importaba, la cama me esperaba.
A la mañana siguiente me encontraba mas despejado. Todo lo que había pasado el día anterior parecía un sueño. Puede que solo fuese eso un sueño, aunque mejor que no. Si hubiera sido un sueño estaría llegando tarde a trabajar.
-Lucas, ¿estás hay?-
-si, llegue un poco tarde anoche, a al vecina le apetecía un poco de marcha-
-dios dime que no has dicho lo que creo-
-lo siento, uno a de ayudar a la vecindad- dijo asomándose a la puerta de mi habitación.
-yo en la comisaría y tú moviendo la cadera- solté una pequeña carcajada-eres un cabrón-
- jajaja, es el karma amigo mío-
-pues preséntamelo que quiero tener una charla con él-
Me levanté y el salio en dirección a la cocina.
-¿Qué quieres desayunar?- preguntó desde la cocina
- ¿qué tal huevos revueltos y unas crepes?-
-¿Qué tienes pensado?, ¿correr una maratón?-
-no, -. Salí al comedor, ya vestido.- voy a buscar a la chica de ayer-
- todavía estas con eso-
-si, estoy seguro de lo que vi-
-esta bien, pero no te obsesiones demasiado-
- vale papá- vacilé
Desayunamos y se fue.
-bien, es hora de ponerse en marcha- pensé en voz alta mientras me dirigía al ordenador.- lo primero es saber que dicen las noticias de este asunto.- Según contaban el conductor iba bebido y se le acusara de homicidio en primer grado, pero nada acerca de mi chica. Era el momento de salir a la calle. Pase por la comisaría de nuevo. Quería hablar de nuevo con Steve y como no podía ser de otra manera a esperar de nuevo. Estaba en la sala de espera fijándome en las fotos de personas desaparecidas y allí estaba. Lara Herrera. La chica del accidente, no obstante algo no cuadraba. Según el cartel había desaparecido en 1921 lo que significaría que tenía más de 80 años. Lo que ni siquiera el fallecido. Quizás era simplemente un familiar o la hija de la desaparecida, que obviamente ya la habían encontrado.
-Mike- llamo la señorita del mostrador.-el sargento Steve le espera-
Entre al despacho. Steve estaba sentado tras una gran mesa de papeles.
-¿ha recordado algo?-
- la verdad es que no- dije sacando el cartel de mi bolsillo- pero es esta la chica, o al menos se le parece bastante-
Le dio un vistazo y me miro como a un loco:
-esta desaparición es del 1921-
-si, lo se, pero podría tratarse de un familiar-
-eso ciertamente es imposible. Mi padre fue quien se encargo de ese caso y nunca la llegaron a encontrar. Fue el único caso que mi padre fue incapaz de resolver y me contaba la historia cada noche, mire si se queda mas tranquilo lo investigare-dijo mientras se levantaba y abría la puerta.
-esta bien, pero avíseme si descubre algo-
-si, que si- dijo casi dándome empujones para que saliera.
Bueno, por lo menos el viaje no había sido en vano, aunque sabía que me habían ignorado de nuevo. Salí y me fui a casa. Al entrar vi a Lucas en el sofá, estirado, viendo la tele.
-¿Dónde has estado?- preguntó
-He ido a ver al policía que se encarga del accidente de ayer-
-Todavía con eso, deberías olvidarte de todo ese rollo. Si es cierto lo que viste da muy mal rollo-
-Pero no puedo quitármelo de la cabeza. Además,- dije enseñándole el cartel de Lara-mira lo que he encontrado.
- ¿es la chica que viste?-
-Si, el problema es la fecha-
Me miro con cara de preocupación y añadió
-tú verás lo que haces-
El resto del día me dedique a buscar información sobre Lara y cada dato nuevo sobre ella me hacia avanzar mas. La historia que se iba formando era demasiado triste. Con tres años había perdido a su padre en un accidente de tren. Cuando cumplió los 19, dos días antes de su desaparición, su madre había muerto asesinada. Lo que encontré después ya parecía sacado de una película de terror. Su retrato había aparecido en varios sucesos catastróficos, accidentes de coche, robos acabados en asesinatos…. En todas las ocasiones alguien juraba haberla visto y tras la catástrofe desaparecer. Había quien hablaba de ella como la muerte, otros la veían como un ángel que avisaba de que algo malo iba a ocurrir.
Tan centrado estaba en el ordenador que no me di cuenta de que ya había amanecido hasta que sonó el despertador de Lucas. Tenia que ir a trabajar, pero era demasiado el misterio que rodeaba a esa chica como para dejarlo.
-todavía estas ahí, ¿no as dormido nada?- era Lucas que acababa de levantarse.
-¿E? no, no he podido. La historia de Lara es demasiado interesante-
-bueno, como sea, tienes que ducharte que hoy hay trabajo-
-¿Quién eres mi padre?- dije en tono amenazador. Me molestaba un poco esa actitud de persona protectora. Teníamos la misma edad.
-no, pero me preocupo por ti como si lo fuera-
Guarde silencio. Dijera lo que dijera no podía combatir contra esos argumentos. Me duche rápidamente e intente no dormirme de camino al trabajo que quedaba a dos manzanas del apartamento. Pase el día cayéndome de sueño, así que a la hora del almuerzo decidí echarme una siesta. ¡Y qué siesta! Cuando desperté ya eran las nueve. Me tocaba volver a
casa.de camino iba pensando en lo que había dicho Lucas, ¿era cierto que me estaba obsesionando con el tema? De repente vino a la mente la imagen de las personas que hablaban sobre Lara en internet. Ninguna parecía muy cuerda lo que me asusto. No quería acabar de esa manera. Mi pensar era tan profundo que no percibí la farola que se encontraba delante de mí por lo que el impacto fue desastroso. Caí al suelo de espalda y entonces fue cuando vi a Lara en la acera de al lado. Iba acompañada de un hombre alto con una gran gabardina negra que le proporcionaba aura misteriosa. Un dilema se presentaba ante mí. Seguirles o pasar de todo y continuar mi vida. Mucha gente, tras saber que alrededor de Lara rondaba la muerte, hubiera seguido su camino, pero para mí era demasiado aburrido. Ya era hora de que pasara algo interesante en mi vida. Les seguí hasta una vieja fábrica. Entraron con lo que decidí esconderme. Desde donde estaba era capaz de ver la fachada de la gran nave industrial con un cartel que ponía “falcon kiss”. Esperé un rato allí, procurando no moverme. En esa situación no quería emitir ningún sonido que delatara mi posición. De pronto me puse a pensar en lo que estaba haciendo ¿no emitir ningún sonido? ¿Qué iba a pasar si me descubrían? Me sentí muy estúpido de repente. No obstante todo cambio según empezó a llegar gente. Conté unas veinte personas en total. Todos con la misma gabardina negra. Lo más seguro era que se tratara de una secta, hasta que llego una chica que no solo llevaba la gabardina sino que además portaba un rifle a la espalda. Ahora sí que dudaba de mi seguridad y cuando las cosas se ponen feas hay que desaparecer. Rumbo, mi casa. Tenía el corazón tan acelerado por lo que había descubierto, aunque no sabía lo que era, que tarde apenas cinco minutos en recorrer los tres kilómetros que me separaban de ella.
-¿Dónde has estado?- pregunto Lucas que estaba de nuevo viendo la televisión.
-por ahí, dando una vuelta- no sé porque le mentí, quizás es que no pensaba que me fuera a creer.
Los siguientes días me los pase observando la fábrica. Volvía a tener una rutina, por la mañana trabajo por la tarde dormía, y la noche me la pasaba escondido en el edificio de enfrente a falcon kiss.
Sin embargo, Lucas no comprendía lo que estaba haciendo. Solía discutir conmigo para que lo dejara pero no podía. Era lo más interesante que me había ocurrido en años. Dos semanas después de mi descubrimiento al entrar en mi apartamento.
-tienes que parar ya- era Lucas de nuevo y llevaba un cuaderno en las manos. Yo lo reconocí enseguida. Era el diario de mi “operación de espionaje”.
-sabes que no puedo dejarlo todo a la mitad-
- ¿a, no? Te leo textualmente- dijo abriendo el cuaderno.
Era lunes y como siempre un día muy largo. Un día en el que solamente acudieron dos clientes y porque eran clientes habituales. Lo que en definitiva se puede considerar un día aburrido. Pronto llego la hora de comer. Hoy le tocaba preparar a Leonardo la comida y como no preparo el plato especial del día “arroz de quinta”, que no era otra cosa que cinco clases diferentes de arroces cocinados y mezclados.
La plática de sobremesa giraba en torno al nuevo plato que Lucas había creado. Mi interés por ello era mas bien nulo. Había algo en la ventana que llamaba mi atención. Una jovencita, bueno puede que no tan jovencita tendría al rededor de veinte años, estaba ayudando a un anciano a cruzar la calle. De pronto mi cerebro colapsó. Tardé un poco en asimilar lo que acababa de ocurrir. Cuando la pareja estaban llegando a la mitad del paso para peatones un camión pasó a gran velocidad dejando a su paso una ligera bruma roja. Por fin reaccioné. Me levante de golpe asustando a todas las personas que se encontraban en el restaurante. Señale la ventana.
-¿habéis visto eso?- pregunte
-¿el que?- contesto Lucas.
Pero no podía estar perdiendo el tiempo, puede que haya supervivientes. Salí lo más rápido que pude rodeando el camión y al llegar a la parte delantera una intensa arcada recorrió mi cuerpo. El cuerpo inerte del anciano se había incrustado en el parachoques. Me di la vuelta y vomite. Cuando pude lidiar con ello me encontré una multitud de curiosos que habían formado un corro alrededor del accidente. Entre ellos estaba Lucas quien reacciono de forma parecida a la mía. Con tanto ajetreo no me había fijado en un hecho importante. No estaba el cadáver de la chica. Me acerque a la gente del corro.
- ¿alguien ha visto a la chica que iba con él?- nadie respondió.
-¿Estas seguro de que no te lo has imaginado?- me pregunto Lucas.
- claro que no estoy completamente seguro de haberla visto-
- si pero aquí no hay ninguna chica-
- Quizás no ha muerto-
-¿y por que no esta aquí?-
- pues porque se debió de asustar-
Lucas no parecía muy convencido con mis explicaciones, pero ni siquiera yo estaba seguro de lo que estaba diciendo. Es más, nada mas decirlo me daba cuenta de lo ilógico que era.
No tardo mucho en llegar la policía que buscó todos los testigos que pudo, solo yo había presenciado el accidente, y acordonó la zona. Un tal Steve se encargaba del asunto. Me llevaron a comisaría y tras esperar quince minutos para que me tomaran declaración entro Steve.
-hola Mike, me llamo Steve-dijo intentando ser amable-por lo que he descubierto usted es el único que presencio los hechos-
-si, mas o menos-
-¿Qué quiere decir?-
- vera, yo estaba en el restaurante de enfrente, “el delfín rojo”, comiendo. Como trabajo allí me sale gratis. Miraba por la ventan, fijándome en como muna chica ayudaba al fallecido a cruzar. Entonces un coche cruzo a la vez que pasaba el camión que solo me dejo ver la sangre esparcida por el impacto.-
- ¿y donde esta esa chica?-
- no lo sé, desapareció tras el accidente- al oír esto Steve me miro desconfiado.
- no te preocupes, has sido de gran ayuda, buscaremos a esa chica- pero yo sabia que no pensaba lo mismo que decía. Como se iba a creer algo que ni yo mismo podía. Llegué tarde a mi apartamento, con tanto ajetreo ya eran las once. Lucas no había llegado. ¿Qué estaría haciendo? Bueno, no importaba, la cama me esperaba.
A la mañana siguiente me encontraba mas despejado. Todo lo que había pasado el día anterior parecía un sueño. Puede que solo fuese eso un sueño, aunque mejor que no. Si hubiera sido un sueño estaría llegando tarde a trabajar.
-Lucas, ¿estás hay?-
-si, llegue un poco tarde anoche, a al vecina le apetecía un poco de marcha-
-dios dime que no has dicho lo que creo-
-lo siento, uno a de ayudar a la vecindad- dijo asomándose a la puerta de mi habitación.
-yo en la comisaría y tú moviendo la cadera- solté una pequeña carcajada-eres un cabrón-
- jajaja, es el karma amigo mío-
-pues preséntamelo que quiero tener una charla con él-
Me levanté y el salio en dirección a la cocina.
-¿Qué quieres desayunar?- preguntó desde la cocina
- ¿qué tal huevos revueltos y unas crepes?-
-¿Qué tienes pensado?, ¿correr una maratón?-
-no, -. Salí al comedor, ya vestido.- voy a buscar a la chica de ayer-
- todavía estas con eso-
-si, estoy seguro de lo que vi-
-esta bien, pero no te obsesiones demasiado-
- vale papá- vacilé
Desayunamos y se fue.
-bien, es hora de ponerse en marcha- pensé en voz alta mientras me dirigía al ordenador.- lo primero es saber que dicen las noticias de este asunto.- Según contaban el conductor iba bebido y se le acusara de homicidio en primer grado, pero nada acerca de mi chica. Era el momento de salir a la calle. Pase por la comisaría de nuevo. Quería hablar de nuevo con Steve y como no podía ser de otra manera a esperar de nuevo. Estaba en la sala de espera fijándome en las fotos de personas desaparecidas y allí estaba. Lara Herrera. La chica del accidente, no obstante algo no cuadraba. Según el cartel había desaparecido en 1921 lo que significaría que tenía más de 80 años. Lo que ni siquiera el fallecido. Quizás era simplemente un familiar o la hija de la desaparecida, que obviamente ya la habían encontrado.
-Mike- llamo la señorita del mostrador.-el sargento Steve le espera-
Entre al despacho. Steve estaba sentado tras una gran mesa de papeles.
-¿ha recordado algo?-
- la verdad es que no- dije sacando el cartel de mi bolsillo- pero es esta la chica, o al menos se le parece bastante-
Le dio un vistazo y me miro como a un loco:
-esta desaparición es del 1921-
-si, lo se, pero podría tratarse de un familiar-
-eso ciertamente es imposible. Mi padre fue quien se encargo de ese caso y nunca la llegaron a encontrar. Fue el único caso que mi padre fue incapaz de resolver y me contaba la historia cada noche, mire si se queda mas tranquilo lo investigare-dijo mientras se levantaba y abría la puerta.
-esta bien, pero avíseme si descubre algo-
-si, que si- dijo casi dándome empujones para que saliera.
Bueno, por lo menos el viaje no había sido en vano, aunque sabía que me habían ignorado de nuevo. Salí y me fui a casa. Al entrar vi a Lucas en el sofá, estirado, viendo la tele.
-¿Dónde has estado?- preguntó
-He ido a ver al policía que se encarga del accidente de ayer-
-Todavía con eso, deberías olvidarte de todo ese rollo. Si es cierto lo que viste da muy mal rollo-
-Pero no puedo quitármelo de la cabeza. Además,- dije enseñándole el cartel de Lara-mira lo que he encontrado.
- ¿es la chica que viste?-
-Si, el problema es la fecha-
Me miro con cara de preocupación y añadió
-tú verás lo que haces-
El resto del día me dedique a buscar información sobre Lara y cada dato nuevo sobre ella me hacia avanzar mas. La historia que se iba formando era demasiado triste. Con tres años había perdido a su padre en un accidente de tren. Cuando cumplió los 19, dos días antes de su desaparición, su madre había muerto asesinada. Lo que encontré después ya parecía sacado de una película de terror. Su retrato había aparecido en varios sucesos catastróficos, accidentes de coche, robos acabados en asesinatos…. En todas las ocasiones alguien juraba haberla visto y tras la catástrofe desaparecer. Había quien hablaba de ella como la muerte, otros la veían como un ángel que avisaba de que algo malo iba a ocurrir.
Tan centrado estaba en el ordenador que no me di cuenta de que ya había amanecido hasta que sonó el despertador de Lucas. Tenia que ir a trabajar, pero era demasiado el misterio que rodeaba a esa chica como para dejarlo.
-todavía estas ahí, ¿no as dormido nada?- era Lucas que acababa de levantarse.
-¿E? no, no he podido. La historia de Lara es demasiado interesante-
-bueno, como sea, tienes que ducharte que hoy hay trabajo-
-¿Quién eres mi padre?- dije en tono amenazador. Me molestaba un poco esa actitud de persona protectora. Teníamos la misma edad.
-no, pero me preocupo por ti como si lo fuera-
Guarde silencio. Dijera lo que dijera no podía combatir contra esos argumentos. Me duche rápidamente e intente no dormirme de camino al trabajo que quedaba a dos manzanas del apartamento. Pase el día cayéndome de sueño, así que a la hora del almuerzo decidí echarme una siesta. ¡Y qué siesta! Cuando desperté ya eran las nueve. Me tocaba volver a
casa.de camino iba pensando en lo que había dicho Lucas, ¿era cierto que me estaba obsesionando con el tema? De repente vino a la mente la imagen de las personas que hablaban sobre Lara en internet. Ninguna parecía muy cuerda lo que me asusto. No quería acabar de esa manera. Mi pensar era tan profundo que no percibí la farola que se encontraba delante de mí por lo que el impacto fue desastroso. Caí al suelo de espalda y entonces fue cuando vi a Lara en la acera de al lado. Iba acompañada de un hombre alto con una gran gabardina negra que le proporcionaba aura misteriosa. Un dilema se presentaba ante mí. Seguirles o pasar de todo y continuar mi vida. Mucha gente, tras saber que alrededor de Lara rondaba la muerte, hubiera seguido su camino, pero para mí era demasiado aburrido. Ya era hora de que pasara algo interesante en mi vida. Les seguí hasta una vieja fábrica. Entraron con lo que decidí esconderme. Desde donde estaba era capaz de ver la fachada de la gran nave industrial con un cartel que ponía “falcon kiss”. Esperé un rato allí, procurando no moverme. En esa situación no quería emitir ningún sonido que delatara mi posición. De pronto me puse a pensar en lo que estaba haciendo ¿no emitir ningún sonido? ¿Qué iba a pasar si me descubrían? Me sentí muy estúpido de repente. No obstante todo cambio según empezó a llegar gente. Conté unas veinte personas en total. Todos con la misma gabardina negra. Lo más seguro era que se tratara de una secta, hasta que llego una chica que no solo llevaba la gabardina sino que además portaba un rifle a la espalda. Ahora sí que dudaba de mi seguridad y cuando las cosas se ponen feas hay que desaparecer. Rumbo, mi casa. Tenía el corazón tan acelerado por lo que había descubierto, aunque no sabía lo que era, que tarde apenas cinco minutos en recorrer los tres kilómetros que me separaban de ella.
-¿Dónde has estado?- pregunto Lucas que estaba de nuevo viendo la televisión.
-por ahí, dando una vuelta- no sé porque le mentí, quizás es que no pensaba que me fuera a creer.
Los siguientes días me los pase observando la fábrica. Volvía a tener una rutina, por la mañana trabajo por la tarde dormía, y la noche me la pasaba escondido en el edificio de enfrente a falcon kiss.
Sin embargo, Lucas no comprendía lo que estaba haciendo. Solía discutir conmigo para que lo dejara pero no podía. Era lo más interesante que me había ocurrido en años. Dos semanas después de mi descubrimiento al entrar en mi apartamento.
-tienes que parar ya- era Lucas de nuevo y llevaba un cuaderno en las manos. Yo lo reconocí enseguida. Era el diario de mi “operación de espionaje”.
-sabes que no puedo dejarlo todo a la mitad-
- ¿a, no? Te leo textualmente- dijo abriendo el cuaderno.
jueves, 18 de marzo de 2010
Capitulo 1: Cosas sin importancia.(revisado)
La mayoría de historias comienzan describiendo al protagonista, su vida, el porqué de su lucha y la mayoría de esas cosas son bastante aburridas así que centrémonos en lo importante. A continuación contaré la parte más importante de mi infancia, pero quien no quiera conocerla que por lo menos sepa que mi nombre es Mike y que puede pasar al siguiente capitulo cuando quiera. Nací en una familia de estudiosos. Fui el mayor de dos hermanos. La mayor parte de mi infancia la pase solo, con hermano Drake, debido a que mis padres amaban más las matemáticas que estar con nosotros. Al menos eso pensaba hasta que Drake, un año menor que yo, empezó a destacar en las matemáticas. Eso le convirtió en el predilecto de la familia dejándome en un segundo plano. Lo mas seguro es que esa fuera la causa de que me estuviera metiendo en líos continuamente. Hasta que un día mis pequeños delitos me enviaron a un reformatorio.
El día que entre en el reformatorio ya parecía que me buscaban los problemas. Iba caminando distraído por el patio pocos minutos después de haber entrado cuando tropecé con uno de los mayores gamberros que había allí. Un tal Roberto. Creo que pasaron unos tres segundos desde que me disculpe hasta que su puño impacto en mi cara. Por suerte el conserje estaba cerca y sólo le dejo darme un golpe antes de inmovilizarle, pero eso no impidió que mi ojo se pusiera morado así que me señalo hacia donde quedaba la enfermería y llevo a Roberto al despacho del encargado de disciplina. Yo llegué como pude a la enfermería y entré. Era una habitación amplia de paredes blancas.
Había dos camillas, una libre y la otra la ocupaba un chico con los ojos cerrados. Estaba un poco mareado por lo que me acosté en la camilla libre. Me deje caer haciendo resonar la camilla. El chico que estaba al lado debió o de despertarse o percatarse de mí presencia.
-¿Doctora?-
-No, lo siento- respondí-mi nombre es Mike, hoy es mi primer día en este lugar-
-¿Qué te a pasado?- pregunto sin abrir los ojos aun.
-Un problemilla con la poli-
-No, ¿Qué haces en la enfermería?-
-Un puñetazo en el ojo-
-¿Y como acabo el otro?-
-En realidad me tumbo de un golpe-
-¡¿Qué?! ni siquiera te defendiste- y dio un largo suspiro.
-¿Cómo te llamas?- pregunte
-Puedes llamarme Caín- en esto abrió los ojos. En su rostro se produjo una clara expresión de sorpresa.
- Te ha dado fuerte-
Se levanto y salio de la habitación. Tardo poco en volver esta vez con una bolsa de hielo en la mano. Se me acercó y me la puso en el ojo. En ese momento pude fijarme por fin en él. Era alto, de pelo negro tirando a castaño y usaba unas gafas que le daban un aspecto intelectual. Además,
Tenía los ojos claros que resaltaban como luces de navidad. Entonces entro la doctora. Llevaba una bata blanca y el pelo rubio recogido.
-¿Caín que has hecho esta vez?- pregunto con cara de enfado.
-¡¿Yo?! , nada, el vino así mientras estaba acostado- yo asentí con la cabeza para confirmarlo.
-Te tengo dicho que no vengas si no te a pasa nada-
- Pero es que este es el único lugar tranquilo que hay en este sitio- y a continuación salio lanzando una mirada amarga a la doctora.
Esta se viró hacia mí y sonrió.
-Hola soy Susana, ¿y tú?- pregunto dulcemente.
-Me llamo Mi-Mike-tartamudeé.
-Eres nuevo, ¿verdad? Tienes que tener mas cuidado con la gente de este lugar, pero que digo si tu estas aquí seguramente serás igual o pero, ¿me equivoco?-
Ahora que lo pienso, quizás era psicóloga, ese tipo de preguntas no se te ocurren así por así.
-Si te soy sincero todavía no entiendo muy bien porque estoy aquí-
Mi respuesta pareció bastarle ya que no dijo nada más y salió de la habitación.
Un rato después mi ojo ya estaba mejor y aun no sabía donde se encontraba mi cuarto. Es mas, no sabia si tenia un cuarto, una celda o que (esperaba que lo primero). Me dedique a buscar hasta que diez minutos por fin la encontré. Era un cuarto, menos mal, con las paredes azules. Dentro solo había un mueble para el estudio y una litera.
-O sea, que voy a compartir cuarto- pensé en voz alta.
-¿No me estarás siguiendo?- la voz provenía de la litera de arriba.
Subí a ver quien era. Caín iba a ser mi compañero de cuarto.
-Menos mal- solté aliviado
-menos mal ¿Qué?- pregunto Caín
-Que parece que voy a tener suerte y no me ha tocado un macarra de barrio como compañero de habitación-
-¿Qué te hace pensar que no lo soy?-
-Anda no me trabes-
-No, no es por trabarte, pero yo estoy aquí por homicidio-
Mi cara paso drásticamente del alivio al asombro.
-No puede ser, un asesino no utiliza la palabra homicidio-
Soltó una pequeña carcajada y añadió.
-Bueno puede que tengas razón-
Intente ignorar su último comentario e intentar dormir un poco. Al parecer conseguí mi objetivo ya que cuando me desperté eran la siete de la mañana.
Lo peor de ese sitio es que aunque te internan para “rehabilitarte” la verdad es que haces lo mismo de afuera, pero vigilado. Tocaba asistir a clase así que me vestí e intente llegar al aula sin perderme. Las seis horas siguientes fueron un aburrimiento. Me las pase dedicadas a pensar en Caín. ¿Qué clase de persona era? Pensaba preguntarle en clase pero él tenia 17 años y estaba tres cursos por delante. Al salir de clase le busqué, pero no le encontré. Entonces recordé que estaba en la enfermería porque le gustaba la tranquilidad así que fui a ver si se hallaba allí. No obstante, la suerte no me acompañaba y de camino me encontré con Roberto.
-OH, así que estabas aquí-dijo mientras sonreía de forma siniestra –creo que ayer tuvimos un pequeño desacuerdo y me gustaría arreglarlo-
Eso significaba otro ojo morado, pero esta vez acabo diferente. Cuando estaba pasando por la puerta de la enfermería que estaba entre nosotros apareció un pie de ella que le hizo tropezar y caer en plancha. Era Caín.
-Pero que coño pasa en este sitio, ¿nadie mira por donde va? Voy a tener que enseñarte a fijarte mejor- y tras decir esto salio corriendo hacia Caín. Este no se aparto. Es más, cuando Roberto estiró el brazo con intención de golpearle le agarro la muñeca con la derecha, con la izquierda le dio un puñetazo en el estomago. Entonces jaló de él haciendo que volara por encima de el aterrizando en el suelo.
Le miró con desagrado y volvió a entrar en la en enfermería. Nuca había visto nada tan impresionante. Le seguí. El se había acostado de nuevo en una de las camillas.
-¡¿Cómo hiciste eso?! Ha sido increíble. Es iba hacia ti tu…-
-Tranquilo, yo también estaba allí. No tienes que explicármelo-
-¿Quién te enseño a hacer eso?-
-La calle enseña muchas cosas-
-Esto… me enseñarías-
-Y tu, ¿para que quieres aprender?-
-Pues, quiero ser independiente, quiero que nadie pueda pararme…-
-Relájate, Troya no se conquisto en un día. Además si eso es lo que quieres lo que tienes que hacer es estudiar-
-Pero, ¿Por qué?-
-Porque sino no voy a enseñarte nada-
Le miro y tenía una sonrisa de oreja a oreja que me hizo sonreír.
-Que, ¿Cuándo empezamos?-pregunto.
- Mm... Que tal ahora-
-A sí, pues venga cien flexiones-
-qué suave empezamos- dije irónicamente
-Querrás calentar digo yo-
Los siguientes días eran todos iguales. Por la mañana estudio, por la tarde entrenamiento físico y por la noche hablamos en la enfermería junto a Susana. Para él, una persona solo tenía que hacerle caso a su conciencia, lo demás no importaba. Poco a poco ese pensamiento se convirtió en mi lema “escúchate a ti mismo para escuchar a los demás”. Cualquiera que le escuchara hablando nunca hubiera imaginado que se encontraba retenido en una “cárcel infantil”. Le había preguntado varias veces acerca de su pasado pero nunca me contestaba de forma clara. Llevábamos así ya más de medio año. El tiempo allí se pasaba rápido cuando tenías que hacer.
Un día de visita llego alguien que quería hablar con Caín. Eso me extraño bastante. Estábamos por primera vez separados desde que llegué a aquel lugar así que decidí ir a la enfermería que se había convertido en el lugar idóneo para nuestras largas charlas. Allí estaba Susana, la doctora, como siempre.
-¿Y Caín?- preguntó al no verle entrar conmigo
-Tiene una visita-al oírlo me miro extrañada- Hay algo que quiero preguntarte-
-¿Sí? ¿Y de que se trata?-
-¿Por qué Caín esta en este sitio?, es la persona mas equilibrada que he conocido nunca-
-A eso, recuerdo el primer día que llego aquí, es una historia un poco larga. ¿Quieres oírla?-
-Pues claro-
-Bien, Raúl nació en una familia de un barrio algo peligroso-
-¿Raúl?-
-si, Caín no es su nombre real, es el apodo que adopto cuando entro aquí. Raúl era un buen estudiante, pero cuando tenía once años, nació su hermano.
De pronto sus padres tenían dos bocas que alimentar y no tenían suficiente dinero para mantenerles. Aunque, sus padres intentaron mantenerlo en secreto, Caín enseguida se dio cuenta por lo que comenzó a trabajara esa edad para ayudar a sus padre. Así fue como se convirtió en un camello para ayudar a su familia. Aun así, ese tipo de vida no es para un niño tan joven así que tomo una dura decisión. Con la intención de hacer que sus padres no tuvieran que ocuparse más de él, se dejo pillar con casi 50 kilos de cocaína. Su intención era acabar aquí. Él sabia que le mantendrían y así su familia podria seguir adelante. Desde entonces creo que hemos sido algo parecido a madre e hijo- se sonrojo mientras decía esto último.
Yo estaba un poco asombrado. El había estado solo desde los catorce años. ¿Quizás eso era lo que me esperaba el futuro a mí también cuando saliera de allí? Solo me quedaba un año. ¿Y después que?
- Me ayudas, tengo que ordenar estos archivos- preguntó Susana interrumpiendo mis pensamientos. Que también, para una vez que pensaba en mi futuro.
- Eh, sí, ya voy-
Y de hay volvimos a la rutina que teníamos. Cada descubrimiento acerca de Caín le hacia mas increíble. Y me prometí que algún día seria como el. Seguíamos haciendo lo mismo cada día y veía el día de mi salida cada vez mas cerca, pero ya no quería salir de allí. Sin embargo el tiempo es ininterrumpible y llego el día de mi salida. Estábamos en nuestro cuarto y era seguramente el ultimo día que nos veríamos.
-parece que te vas mañana ¿no?-
-Si, por fin me voy de este sitio- aunque en realidad pensaba lo contario
-Hemos pasado mucho tiempo juntos, ¿sabes?, eres la vivas imagen de mi hermano-
-Pero que dices si nosotros somos familia-
-Pues mas te vale seguir estudiando cuando salgas- dijo mientras sonreía- así que más te vale no volver-
Vaya forma de despedirse, aunque no me lo imagino llorando ni diciendo cursiladas. No le hicieron falta para expresar lo que sentía.
A la mañana siguiente me despertó y me acompaño a la puerta en silencio.
-Nos vemos- y se volvió sin esperar respuesta.
Fuera estaban mis padres esperándome. Nunca habían ido a visitarme y de todos modos creo que era mejor así. Al verme hicieron la típicas pregunta de ¿Qué tal estas?, como has cambiado, etc, pero yo sabia que no les importaba una mierda. El tiempo fuera era más lento y aburrido. Echaba de menos las charlas con Caín, pero seguí su consejo. Acabé los estudios y busqué trabajo.
El día que entre en el reformatorio ya parecía que me buscaban los problemas. Iba caminando distraído por el patio pocos minutos después de haber entrado cuando tropecé con uno de los mayores gamberros que había allí. Un tal Roberto. Creo que pasaron unos tres segundos desde que me disculpe hasta que su puño impacto en mi cara. Por suerte el conserje estaba cerca y sólo le dejo darme un golpe antes de inmovilizarle, pero eso no impidió que mi ojo se pusiera morado así que me señalo hacia donde quedaba la enfermería y llevo a Roberto al despacho del encargado de disciplina. Yo llegué como pude a la enfermería y entré. Era una habitación amplia de paredes blancas.
Había dos camillas, una libre y la otra la ocupaba un chico con los ojos cerrados. Estaba un poco mareado por lo que me acosté en la camilla libre. Me deje caer haciendo resonar la camilla. El chico que estaba al lado debió o de despertarse o percatarse de mí presencia.
-¿Doctora?-
-No, lo siento- respondí-mi nombre es Mike, hoy es mi primer día en este lugar-
-¿Qué te a pasado?- pregunto sin abrir los ojos aun.
-Un problemilla con la poli-
-No, ¿Qué haces en la enfermería?-
-Un puñetazo en el ojo-
-¿Y como acabo el otro?-
-En realidad me tumbo de un golpe-
-¡¿Qué?! ni siquiera te defendiste- y dio un largo suspiro.
-¿Cómo te llamas?- pregunte
-Puedes llamarme Caín- en esto abrió los ojos. En su rostro se produjo una clara expresión de sorpresa.
- Te ha dado fuerte-
Se levanto y salio de la habitación. Tardo poco en volver esta vez con una bolsa de hielo en la mano. Se me acercó y me la puso en el ojo. En ese momento pude fijarme por fin en él. Era alto, de pelo negro tirando a castaño y usaba unas gafas que le daban un aspecto intelectual. Además,
Tenía los ojos claros que resaltaban como luces de navidad. Entonces entro la doctora. Llevaba una bata blanca y el pelo rubio recogido.
-¿Caín que has hecho esta vez?- pregunto con cara de enfado.
-¡¿Yo?! , nada, el vino así mientras estaba acostado- yo asentí con la cabeza para confirmarlo.
-Te tengo dicho que no vengas si no te a pasa nada-
- Pero es que este es el único lugar tranquilo que hay en este sitio- y a continuación salio lanzando una mirada amarga a la doctora.
Esta se viró hacia mí y sonrió.
-Hola soy Susana, ¿y tú?- pregunto dulcemente.
-Me llamo Mi-Mike-tartamudeé.
-Eres nuevo, ¿verdad? Tienes que tener mas cuidado con la gente de este lugar, pero que digo si tu estas aquí seguramente serás igual o pero, ¿me equivoco?-
Ahora que lo pienso, quizás era psicóloga, ese tipo de preguntas no se te ocurren así por así.
-Si te soy sincero todavía no entiendo muy bien porque estoy aquí-
Mi respuesta pareció bastarle ya que no dijo nada más y salió de la habitación.
Un rato después mi ojo ya estaba mejor y aun no sabía donde se encontraba mi cuarto. Es mas, no sabia si tenia un cuarto, una celda o que (esperaba que lo primero). Me dedique a buscar hasta que diez minutos por fin la encontré. Era un cuarto, menos mal, con las paredes azules. Dentro solo había un mueble para el estudio y una litera.
-O sea, que voy a compartir cuarto- pensé en voz alta.
-¿No me estarás siguiendo?- la voz provenía de la litera de arriba.
Subí a ver quien era. Caín iba a ser mi compañero de cuarto.
-Menos mal- solté aliviado
-menos mal ¿Qué?- pregunto Caín
-Que parece que voy a tener suerte y no me ha tocado un macarra de barrio como compañero de habitación-
-¿Qué te hace pensar que no lo soy?-
-Anda no me trabes-
-No, no es por trabarte, pero yo estoy aquí por homicidio-
Mi cara paso drásticamente del alivio al asombro.
-No puede ser, un asesino no utiliza la palabra homicidio-
Soltó una pequeña carcajada y añadió.
-Bueno puede que tengas razón-
Intente ignorar su último comentario e intentar dormir un poco. Al parecer conseguí mi objetivo ya que cuando me desperté eran la siete de la mañana.
Lo peor de ese sitio es que aunque te internan para “rehabilitarte” la verdad es que haces lo mismo de afuera, pero vigilado. Tocaba asistir a clase así que me vestí e intente llegar al aula sin perderme. Las seis horas siguientes fueron un aburrimiento. Me las pase dedicadas a pensar en Caín. ¿Qué clase de persona era? Pensaba preguntarle en clase pero él tenia 17 años y estaba tres cursos por delante. Al salir de clase le busqué, pero no le encontré. Entonces recordé que estaba en la enfermería porque le gustaba la tranquilidad así que fui a ver si se hallaba allí. No obstante, la suerte no me acompañaba y de camino me encontré con Roberto.
-OH, así que estabas aquí-dijo mientras sonreía de forma siniestra –creo que ayer tuvimos un pequeño desacuerdo y me gustaría arreglarlo-
Eso significaba otro ojo morado, pero esta vez acabo diferente. Cuando estaba pasando por la puerta de la enfermería que estaba entre nosotros apareció un pie de ella que le hizo tropezar y caer en plancha. Era Caín.
-Pero que coño pasa en este sitio, ¿nadie mira por donde va? Voy a tener que enseñarte a fijarte mejor- y tras decir esto salio corriendo hacia Caín. Este no se aparto. Es más, cuando Roberto estiró el brazo con intención de golpearle le agarro la muñeca con la derecha, con la izquierda le dio un puñetazo en el estomago. Entonces jaló de él haciendo que volara por encima de el aterrizando en el suelo.
Le miró con desagrado y volvió a entrar en la en enfermería. Nuca había visto nada tan impresionante. Le seguí. El se había acostado de nuevo en una de las camillas.
-¡¿Cómo hiciste eso?! Ha sido increíble. Es iba hacia ti tu…-
-Tranquilo, yo también estaba allí. No tienes que explicármelo-
-¿Quién te enseño a hacer eso?-
-La calle enseña muchas cosas-
-Esto… me enseñarías-
-Y tu, ¿para que quieres aprender?-
-Pues, quiero ser independiente, quiero que nadie pueda pararme…-
-Relájate, Troya no se conquisto en un día. Además si eso es lo que quieres lo que tienes que hacer es estudiar-
-Pero, ¿Por qué?-
-Porque sino no voy a enseñarte nada-
Le miro y tenía una sonrisa de oreja a oreja que me hizo sonreír.
-Que, ¿Cuándo empezamos?-pregunto.
- Mm... Que tal ahora-
-A sí, pues venga cien flexiones-
-qué suave empezamos- dije irónicamente
-Querrás calentar digo yo-
Los siguientes días eran todos iguales. Por la mañana estudio, por la tarde entrenamiento físico y por la noche hablamos en la enfermería junto a Susana. Para él, una persona solo tenía que hacerle caso a su conciencia, lo demás no importaba. Poco a poco ese pensamiento se convirtió en mi lema “escúchate a ti mismo para escuchar a los demás”. Cualquiera que le escuchara hablando nunca hubiera imaginado que se encontraba retenido en una “cárcel infantil”. Le había preguntado varias veces acerca de su pasado pero nunca me contestaba de forma clara. Llevábamos así ya más de medio año. El tiempo allí se pasaba rápido cuando tenías que hacer.
Un día de visita llego alguien que quería hablar con Caín. Eso me extraño bastante. Estábamos por primera vez separados desde que llegué a aquel lugar así que decidí ir a la enfermería que se había convertido en el lugar idóneo para nuestras largas charlas. Allí estaba Susana, la doctora, como siempre.
-¿Y Caín?- preguntó al no verle entrar conmigo
-Tiene una visita-al oírlo me miro extrañada- Hay algo que quiero preguntarte-
-¿Sí? ¿Y de que se trata?-
-¿Por qué Caín esta en este sitio?, es la persona mas equilibrada que he conocido nunca-
-A eso, recuerdo el primer día que llego aquí, es una historia un poco larga. ¿Quieres oírla?-
-Pues claro-
-Bien, Raúl nació en una familia de un barrio algo peligroso-
-¿Raúl?-
-si, Caín no es su nombre real, es el apodo que adopto cuando entro aquí. Raúl era un buen estudiante, pero cuando tenía once años, nació su hermano.
De pronto sus padres tenían dos bocas que alimentar y no tenían suficiente dinero para mantenerles. Aunque, sus padres intentaron mantenerlo en secreto, Caín enseguida se dio cuenta por lo que comenzó a trabajara esa edad para ayudar a sus padre. Así fue como se convirtió en un camello para ayudar a su familia. Aun así, ese tipo de vida no es para un niño tan joven así que tomo una dura decisión. Con la intención de hacer que sus padres no tuvieran que ocuparse más de él, se dejo pillar con casi 50 kilos de cocaína. Su intención era acabar aquí. Él sabia que le mantendrían y así su familia podria seguir adelante. Desde entonces creo que hemos sido algo parecido a madre e hijo- se sonrojo mientras decía esto último.
Yo estaba un poco asombrado. El había estado solo desde los catorce años. ¿Quizás eso era lo que me esperaba el futuro a mí también cuando saliera de allí? Solo me quedaba un año. ¿Y después que?
- Me ayudas, tengo que ordenar estos archivos- preguntó Susana interrumpiendo mis pensamientos. Que también, para una vez que pensaba en mi futuro.
- Eh, sí, ya voy-
Y de hay volvimos a la rutina que teníamos. Cada descubrimiento acerca de Caín le hacia mas increíble. Y me prometí que algún día seria como el. Seguíamos haciendo lo mismo cada día y veía el día de mi salida cada vez mas cerca, pero ya no quería salir de allí. Sin embargo el tiempo es ininterrumpible y llego el día de mi salida. Estábamos en nuestro cuarto y era seguramente el ultimo día que nos veríamos.
-parece que te vas mañana ¿no?-
-Si, por fin me voy de este sitio- aunque en realidad pensaba lo contario
-Hemos pasado mucho tiempo juntos, ¿sabes?, eres la vivas imagen de mi hermano-
-Pero que dices si nosotros somos familia-
-Pues mas te vale seguir estudiando cuando salgas- dijo mientras sonreía- así que más te vale no volver-
Vaya forma de despedirse, aunque no me lo imagino llorando ni diciendo cursiladas. No le hicieron falta para expresar lo que sentía.
A la mañana siguiente me despertó y me acompaño a la puerta en silencio.
-Nos vemos- y se volvió sin esperar respuesta.
Fuera estaban mis padres esperándome. Nunca habían ido a visitarme y de todos modos creo que era mejor así. Al verme hicieron la típicas pregunta de ¿Qué tal estas?, como has cambiado, etc, pero yo sabia que no les importaba una mierda. El tiempo fuera era más lento y aburrido. Echaba de menos las charlas con Caín, pero seguí su consejo. Acabé los estudios y busqué trabajo.
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