jueves, 18 de marzo de 2010

Capitulo 1: Cosas sin importancia.(revisado)

La mayoría de historias comienzan describiendo al protagonista, su vida, el porqué de su lucha y la mayoría de esas cosas son bastante aburridas así que centrémonos en lo importante. A continuación contaré la parte más importante de mi infancia, pero quien no quiera conocerla que por lo menos sepa que mi nombre es Mike y que puede pasar al siguiente capitulo cuando quiera. Nací en una familia de estudiosos. Fui el mayor de dos hermanos. La mayor parte de mi infancia la pase solo, con hermano Drake, debido a que mis padres amaban más las matemáticas que estar con nosotros. Al menos eso pensaba hasta que Drake, un año menor que yo, empezó a destacar en las matemáticas. Eso le convirtió en el predilecto de la familia dejándome en un segundo plano. Lo mas seguro es que esa fuera la causa de que me estuviera metiendo en líos continuamente. Hasta que un día mis pequeños delitos me enviaron a un reformatorio.
El día que entre en el reformatorio ya parecía que me buscaban los problemas. Iba caminando distraído por el patio pocos minutos después de haber entrado cuando tropecé con uno de los mayores gamberros que había allí. Un tal Roberto. Creo que pasaron unos tres segundos desde que me disculpe hasta que su puño impacto en mi cara. Por suerte el conserje estaba cerca y sólo le dejo darme un golpe antes de inmovilizarle, pero eso no impidió que mi ojo se pusiera morado así que me señalo hacia donde quedaba la enfermería y llevo a Roberto al despacho del encargado de disciplina. Yo llegué como pude a la enfermería y entré. Era una habitación amplia de paredes blancas.
Había dos camillas, una libre y la otra la ocupaba un chico con los ojos cerrados. Estaba un poco mareado por lo que me acosté en la camilla libre. Me deje caer haciendo resonar la camilla. El chico que estaba al lado debió o de despertarse o percatarse de mí presencia.
-¿Doctora?-
-No, lo siento- respondí-mi nombre es Mike, hoy es mi primer día en este lugar-
-¿Qué te a pasado?- pregunto sin abrir los ojos aun.
-Un problemilla con la poli-
-No, ¿Qué haces en la enfermería?-
-Un puñetazo en el ojo-
-¿Y como acabo el otro?-
-En realidad me tumbo de un golpe-
-¡¿Qué?! ni siquiera te defendiste- y dio un largo suspiro.
-¿Cómo te llamas?- pregunte
-Puedes llamarme Caín- en esto abrió los ojos. En su rostro se produjo una clara expresión de sorpresa.
- Te ha dado fuerte-
Se levanto y salio de la habitación. Tardo poco en volver esta vez con una bolsa de hielo en la mano. Se me acercó y me la puso en el ojo. En ese momento pude fijarme por fin en él. Era alto, de pelo negro tirando a castaño y usaba unas gafas que le daban un aspecto intelectual. Además,
Tenía los ojos claros que resaltaban como luces de navidad. Entonces entro la doctora. Llevaba una bata blanca y el pelo rubio recogido.
-¿Caín que has hecho esta vez?- pregunto con cara de enfado.
-¡¿Yo?! , nada, el vino así mientras estaba acostado- yo asentí con la cabeza para confirmarlo.
-Te tengo dicho que no vengas si no te a pasa nada-
- Pero es que este es el único lugar tranquilo que hay en este sitio- y a continuación salio lanzando una mirada amarga a la doctora.
Esta se viró hacia mí y sonrió.
-Hola soy Susana, ¿y tú?- pregunto dulcemente.
-Me llamo Mi-Mike-tartamudeé.
-Eres nuevo, ¿verdad? Tienes que tener mas cuidado con la gente de este lugar, pero que digo si tu estas aquí seguramente serás igual o pero, ¿me equivoco?-
Ahora que lo pienso, quizás era psicóloga, ese tipo de preguntas no se te ocurren así por así.
-Si te soy sincero todavía no entiendo muy bien porque estoy aquí-
Mi respuesta pareció bastarle ya que no dijo nada más y salió de la habitación.
Un rato después mi ojo ya estaba mejor y aun no sabía donde se encontraba mi cuarto. Es mas, no sabia si tenia un cuarto, una celda o que (esperaba que lo primero). Me dedique a buscar hasta que diez minutos por fin la encontré. Era un cuarto, menos mal, con las paredes azules. Dentro solo había un mueble para el estudio y una litera.
-O sea, que voy a compartir cuarto- pensé en voz alta.
-¿No me estarás siguiendo?- la voz provenía de la litera de arriba.
Subí a ver quien era. Caín iba a ser mi compañero de cuarto.
-Menos mal- solté aliviado
-menos mal ¿Qué?- pregunto Caín
-Que parece que voy a tener suerte y no me ha tocado un macarra de barrio como compañero de habitación-
-¿Qué te hace pensar que no lo soy?-
-Anda no me trabes-
-No, no es por trabarte, pero yo estoy aquí por homicidio-
Mi cara paso drásticamente del alivio al asombro.
-No puede ser, un asesino no utiliza la palabra homicidio-
Soltó una pequeña carcajada y añadió.
-Bueno puede que tengas razón-
Intente ignorar su último comentario e intentar dormir un poco. Al parecer conseguí mi objetivo ya que cuando me desperté eran la siete de la mañana.
Lo peor de ese sitio es que aunque te internan para “rehabilitarte” la verdad es que haces lo mismo de afuera, pero vigilado. Tocaba asistir a clase así que me vestí e intente llegar al aula sin perderme. Las seis horas siguientes fueron un aburrimiento. Me las pase dedicadas a pensar en Caín. ¿Qué clase de persona era? Pensaba preguntarle en clase pero él tenia 17 años y estaba tres cursos por delante. Al salir de clase le busqué, pero no le encontré. Entonces recordé que estaba en la enfermería porque le gustaba la tranquilidad así que fui a ver si se hallaba allí. No obstante, la suerte no me acompañaba y de camino me encontré con Roberto.
-OH, así que estabas aquí-dijo mientras sonreía de forma siniestra –creo que ayer tuvimos un pequeño desacuerdo y me gustaría arreglarlo-
Eso significaba otro ojo morado, pero esta vez acabo diferente. Cuando estaba pasando por la puerta de la enfermería que estaba entre nosotros apareció un pie de ella que le hizo tropezar y caer en plancha. Era Caín.
-Pero que coño pasa en este sitio, ¿nadie mira por donde va? Voy a tener que enseñarte a fijarte mejor- y tras decir esto salio corriendo hacia Caín. Este no se aparto. Es más, cuando Roberto estiró el brazo con intención de golpearle le agarro la muñeca con la derecha, con la izquierda le dio un puñetazo en el estomago. Entonces jaló de él haciendo que volara por encima de el aterrizando en el suelo.
Le miró con desagrado y volvió a entrar en la en enfermería. Nuca había visto nada tan impresionante. Le seguí. El se había acostado de nuevo en una de las camillas.
-¡¿Cómo hiciste eso?! Ha sido increíble. Es iba hacia ti tu…-
-Tranquilo, yo también estaba allí. No tienes que explicármelo-
-¿Quién te enseño a hacer eso?-
-La calle enseña muchas cosas-
-Esto… me enseñarías-
-Y tu, ¿para que quieres aprender?-
-Pues, quiero ser independiente, quiero que nadie pueda pararme…-
-Relájate, Troya no se conquisto en un día. Además si eso es lo que quieres lo que tienes que hacer es estudiar-
-Pero, ¿Por qué?-
-Porque sino no voy a enseñarte nada-
Le miro y tenía una sonrisa de oreja a oreja que me hizo sonreír.
-Que, ¿Cuándo empezamos?-pregunto.
- Mm... Que tal ahora-
-A sí, pues venga cien flexiones-
-qué suave empezamos- dije irónicamente
-Querrás calentar digo yo-
Los siguientes días eran todos iguales. Por la mañana estudio, por la tarde entrenamiento físico y por la noche hablamos en la enfermería junto a Susana. Para él, una persona solo tenía que hacerle caso a su conciencia, lo demás no importaba. Poco a poco ese pensamiento se convirtió en mi lema “escúchate a ti mismo para escuchar a los demás”. Cualquiera que le escuchara hablando nunca hubiera imaginado que se encontraba retenido en una “cárcel infantil”. Le había preguntado varias veces acerca de su pasado pero nunca me contestaba de forma clara. Llevábamos así ya más de medio año. El tiempo allí se pasaba rápido cuando tenías que hacer.
Un día de visita llego alguien que quería hablar con Caín. Eso me extraño bastante. Estábamos por primera vez separados desde que llegué a aquel lugar así que decidí ir a la enfermería que se había convertido en el lugar idóneo para nuestras largas charlas. Allí estaba Susana, la doctora, como siempre.
-¿Y Caín?- preguntó al no verle entrar conmigo
-Tiene una visita-al oírlo me miro extrañada- Hay algo que quiero preguntarte-
-¿Sí? ¿Y de que se trata?-
-¿Por qué Caín esta en este sitio?, es la persona mas equilibrada que he conocido nunca-
-A eso, recuerdo el primer día que llego aquí, es una historia un poco larga. ¿Quieres oírla?-
-Pues claro-
-Bien, Raúl nació en una familia de un barrio algo peligroso-
-¿Raúl?-
-si, Caín no es su nombre real, es el apodo que adopto cuando entro aquí. Raúl era un buen estudiante, pero cuando tenía once años, nació su hermano.
De pronto sus padres tenían dos bocas que alimentar y no tenían suficiente dinero para mantenerles. Aunque, sus padres intentaron mantenerlo en secreto, Caín enseguida se dio cuenta por lo que comenzó a trabajara esa edad para ayudar a sus padre. Así fue como se convirtió en un camello para ayudar a su familia. Aun así, ese tipo de vida no es para un niño tan joven así que tomo una dura decisión. Con la intención de hacer que sus padres no tuvieran que ocuparse más de él, se dejo pillar con casi 50 kilos de cocaína. Su intención era acabar aquí. Él sabia que le mantendrían y así su familia podria seguir adelante. Desde entonces creo que hemos sido algo parecido a madre e hijo- se sonrojo mientras decía esto último.
Yo estaba un poco asombrado. El había estado solo desde los catorce años. ¿Quizás eso era lo que me esperaba el futuro a mí también cuando saliera de allí? Solo me quedaba un año. ¿Y después que?
- Me ayudas, tengo que ordenar estos archivos- preguntó Susana interrumpiendo mis pensamientos. Que también, para una vez que pensaba en mi futuro.
- Eh, sí, ya voy-
Y de hay volvimos a la rutina que teníamos. Cada descubrimiento acerca de Caín le hacia mas increíble. Y me prometí que algún día seria como el. Seguíamos haciendo lo mismo cada día y veía el día de mi salida cada vez mas cerca, pero ya no quería salir de allí. Sin embargo el tiempo es ininterrumpible y llego el día de mi salida. Estábamos en nuestro cuarto y era seguramente el ultimo día que nos veríamos.
-parece que te vas mañana ¿no?-
-Si, por fin me voy de este sitio- aunque en realidad pensaba lo contario
-Hemos pasado mucho tiempo juntos, ¿sabes?, eres la vivas imagen de mi hermano-
-Pero que dices si nosotros somos familia-
-Pues mas te vale seguir estudiando cuando salgas- dijo mientras sonreía- así que más te vale no volver-
Vaya forma de despedirse, aunque no me lo imagino llorando ni diciendo cursiladas. No le hicieron falta para expresar lo que sentía.
A la mañana siguiente me despertó y me acompaño a la puerta en silencio.
-Nos vemos- y se volvió sin esperar respuesta.
Fuera estaban mis padres esperándome. Nunca habían ido a visitarme y de todos modos creo que era mejor así. Al verme hicieron la típicas pregunta de ¿Qué tal estas?, como has cambiado, etc, pero yo sabia que no les importaba una mierda. El tiempo fuera era más lento y aburrido. Echaba de menos las charlas con Caín, pero seguí su consejo. Acabé los estudios y busqué trabajo.

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