Ya tenia 17 años y uno de experiencia como camarero. No ganaba un gran sueldo pero el dueño me permitía comer gratis cada día. El local estaba en el centro de la ciudad, aunque no era muy grande. En ese momento trabajamos seis personas de las cuales yo solo conocía a dos ya que trabajaba a media jornada. De lunes a viernes por la mañana, parecía que todavía estuviese estudiando. Mi jefe se llamaba Leonardo. Es la típica persona muy amigable que no sabe el significado de espacio vital. Sin embargo era una buena persona. Intentaba pensar que lo hacia sin darse cuenta. Lo único que me desagradaba de él era que, cada mañana al llegar, aun medio dormido, ¡ala! Abrazo del oso. Además, el era un aficionado a la cocina y esto se veía reflejado en su cuerpo. En ocasiones llegué a pensar que lo hacia para despertarnos. A mí y a Lucas. Lucas era mi compañero de trabajo y piso. Le conocí en mi época de instituto. Es una de esas personas que no sabes como empezasteis a ser amigos, pero que ahora sois inseparables. En cuanto a su personalidad, era difícil de describir. Era tímido pero sin serlo. O sea, le daba vergüenza hablar con la gente, pero se obligaba a hacerlo. Eso le daba un toque extraño que le convertía en la persona más popular que he conocido.
Era lunes y como siempre un día muy largo. Un día en el que solamente acudieron dos clientes y porque eran clientes habituales. Lo que en definitiva se puede considerar un día aburrido. Pronto llego la hora de comer. Hoy le tocaba preparar a Leonardo la comida y como no preparo el plato especial del día “arroz de quinta”, que no era otra cosa que cinco clases diferentes de arroces cocinados y mezclados.
La plática de sobremesa giraba en torno al nuevo plato que Lucas había creado. Mi interés por ello era mas bien nulo. Había algo en la ventana que llamaba mi atención. Una jovencita, bueno puede que no tan jovencita tendría al rededor de veinte años, estaba ayudando a un anciano a cruzar la calle. De pronto mi cerebro colapsó. Tardé un poco en asimilar lo que acababa de ocurrir. Cuando la pareja estaban llegando a la mitad del paso para peatones un camión pasó a gran velocidad dejando a su paso una ligera bruma roja. Por fin reaccioné. Me levante de golpe asustando a todas las personas que se encontraban en el restaurante. Señale la ventana.
-¿habéis visto eso?- pregunte
-¿el que?- contesto Lucas.
Pero no podía estar perdiendo el tiempo, puede que haya supervivientes. Salí lo más rápido que pude rodeando el camión y al llegar a la parte delantera una intensa arcada recorrió mi cuerpo. El cuerpo inerte del anciano se había incrustado en el parachoques. Me di la vuelta y vomite. Cuando pude lidiar con ello me encontré una multitud de curiosos que habían formado un corro alrededor del accidente. Entre ellos estaba Lucas quien reacciono de forma parecida a la mía. Con tanto ajetreo no me había fijado en un hecho importante. No estaba el cadáver de la chica. Me acerque a la gente del corro.
- ¿alguien ha visto a la chica que iba con él?- nadie respondió.
-¿Estas seguro de que no te lo has imaginado?- me pregunto Lucas.
- claro que no estoy completamente seguro de haberla visto-
- si pero aquí no hay ninguna chica-
- Quizás no ha muerto-
-¿y por que no esta aquí?-
- pues porque se debió de asustar-
Lucas no parecía muy convencido con mis explicaciones, pero ni siquiera yo estaba seguro de lo que estaba diciendo. Es más, nada mas decirlo me daba cuenta de lo ilógico que era.
No tardo mucho en llegar la policía que buscó todos los testigos que pudo, solo yo había presenciado el accidente, y acordonó la zona. Un tal Steve se encargaba del asunto. Me llevaron a comisaría y tras esperar quince minutos para que me tomaran declaración entro Steve.
-hola Mike, me llamo Steve-dijo intentando ser amable-por lo que he descubierto usted es el único que presencio los hechos-
-si, mas o menos-
-¿Qué quiere decir?-
- vera, yo estaba en el restaurante de enfrente, “el delfín rojo”, comiendo. Como trabajo allí me sale gratis. Miraba por la ventan, fijándome en como muna chica ayudaba al fallecido a cruzar. Entonces un coche cruzo a la vez que pasaba el camión que solo me dejo ver la sangre esparcida por el impacto.-
- ¿y donde esta esa chica?-
- no lo sé, desapareció tras el accidente- al oír esto Steve me miro desconfiado.
- no te preocupes, has sido de gran ayuda, buscaremos a esa chica- pero yo sabia que no pensaba lo mismo que decía. Como se iba a creer algo que ni yo mismo podía. Llegué tarde a mi apartamento, con tanto ajetreo ya eran las once. Lucas no había llegado. ¿Qué estaría haciendo? Bueno, no importaba, la cama me esperaba.
A la mañana siguiente me encontraba mas despejado. Todo lo que había pasado el día anterior parecía un sueño. Puede que solo fuese eso un sueño, aunque mejor que no. Si hubiera sido un sueño estaría llegando tarde a trabajar.
-Lucas, ¿estás hay?-
-si, llegue un poco tarde anoche, a al vecina le apetecía un poco de marcha-
-dios dime que no has dicho lo que creo-
-lo siento, uno a de ayudar a la vecindad- dijo asomándose a la puerta de mi habitación.
-yo en la comisaría y tú moviendo la cadera- solté una pequeña carcajada-eres un cabrón-
- jajaja, es el karma amigo mío-
-pues preséntamelo que quiero tener una charla con él-
Me levanté y el salio en dirección a la cocina.
-¿Qué quieres desayunar?- preguntó desde la cocina
- ¿qué tal huevos revueltos y unas crepes?-
-¿Qué tienes pensado?, ¿correr una maratón?-
-no, -. Salí al comedor, ya vestido.- voy a buscar a la chica de ayer-
- todavía estas con eso-
-si, estoy seguro de lo que vi-
-esta bien, pero no te obsesiones demasiado-
- vale papá- vacilé
Desayunamos y se fue.
-bien, es hora de ponerse en marcha- pensé en voz alta mientras me dirigía al ordenador.- lo primero es saber que dicen las noticias de este asunto.- Según contaban el conductor iba bebido y se le acusara de homicidio en primer grado, pero nada acerca de mi chica. Era el momento de salir a la calle. Pase por la comisaría de nuevo. Quería hablar de nuevo con Steve y como no podía ser de otra manera a esperar de nuevo. Estaba en la sala de espera fijándome en las fotos de personas desaparecidas y allí estaba. Lara Herrera. La chica del accidente, no obstante algo no cuadraba. Según el cartel había desaparecido en 1921 lo que significaría que tenía más de 80 años. Lo que ni siquiera el fallecido. Quizás era simplemente un familiar o la hija de la desaparecida, que obviamente ya la habían encontrado.
-Mike- llamo la señorita del mostrador.-el sargento Steve le espera-
Entre al despacho. Steve estaba sentado tras una gran mesa de papeles.
-¿ha recordado algo?-
- la verdad es que no- dije sacando el cartel de mi bolsillo- pero es esta la chica, o al menos se le parece bastante-
Le dio un vistazo y me miro como a un loco:
-esta desaparición es del 1921-
-si, lo se, pero podría tratarse de un familiar-
-eso ciertamente es imposible. Mi padre fue quien se encargo de ese caso y nunca la llegaron a encontrar. Fue el único caso que mi padre fue incapaz de resolver y me contaba la historia cada noche, mire si se queda mas tranquilo lo investigare-dijo mientras se levantaba y abría la puerta.
-esta bien, pero avíseme si descubre algo-
-si, que si- dijo casi dándome empujones para que saliera.
Bueno, por lo menos el viaje no había sido en vano, aunque sabía que me habían ignorado de nuevo. Salí y me fui a casa. Al entrar vi a Lucas en el sofá, estirado, viendo la tele.
-¿Dónde has estado?- preguntó
-He ido a ver al policía que se encarga del accidente de ayer-
-Todavía con eso, deberías olvidarte de todo ese rollo. Si es cierto lo que viste da muy mal rollo-
-Pero no puedo quitármelo de la cabeza. Además,- dije enseñándole el cartel de Lara-mira lo que he encontrado.
- ¿es la chica que viste?-
-Si, el problema es la fecha-
Me miro con cara de preocupación y añadió
-tú verás lo que haces-
El resto del día me dedique a buscar información sobre Lara y cada dato nuevo sobre ella me hacia avanzar mas. La historia que se iba formando era demasiado triste. Con tres años había perdido a su padre en un accidente de tren. Cuando cumplió los 19, dos días antes de su desaparición, su madre había muerto asesinada. Lo que encontré después ya parecía sacado de una película de terror. Su retrato había aparecido en varios sucesos catastróficos, accidentes de coche, robos acabados en asesinatos…. En todas las ocasiones alguien juraba haberla visto y tras la catástrofe desaparecer. Había quien hablaba de ella como la muerte, otros la veían como un ángel que avisaba de que algo malo iba a ocurrir.
Tan centrado estaba en el ordenador que no me di cuenta de que ya había amanecido hasta que sonó el despertador de Lucas. Tenia que ir a trabajar, pero era demasiado el misterio que rodeaba a esa chica como para dejarlo.
-todavía estas ahí, ¿no as dormido nada?- era Lucas que acababa de levantarse.
-¿E? no, no he podido. La historia de Lara es demasiado interesante-
-bueno, como sea, tienes que ducharte que hoy hay trabajo-
-¿Quién eres mi padre?- dije en tono amenazador. Me molestaba un poco esa actitud de persona protectora. Teníamos la misma edad.
-no, pero me preocupo por ti como si lo fuera-
Guarde silencio. Dijera lo que dijera no podía combatir contra esos argumentos. Me duche rápidamente e intente no dormirme de camino al trabajo que quedaba a dos manzanas del apartamento. Pase el día cayéndome de sueño, así que a la hora del almuerzo decidí echarme una siesta. ¡Y qué siesta! Cuando desperté ya eran las nueve. Me tocaba volver a
casa.de camino iba pensando en lo que había dicho Lucas, ¿era cierto que me estaba obsesionando con el tema? De repente vino a la mente la imagen de las personas que hablaban sobre Lara en internet. Ninguna parecía muy cuerda lo que me asusto. No quería acabar de esa manera. Mi pensar era tan profundo que no percibí la farola que se encontraba delante de mí por lo que el impacto fue desastroso. Caí al suelo de espalda y entonces fue cuando vi a Lara en la acera de al lado. Iba acompañada de un hombre alto con una gran gabardina negra que le proporcionaba aura misteriosa. Un dilema se presentaba ante mí. Seguirles o pasar de todo y continuar mi vida. Mucha gente, tras saber que alrededor de Lara rondaba la muerte, hubiera seguido su camino, pero para mí era demasiado aburrido. Ya era hora de que pasara algo interesante en mi vida. Les seguí hasta una vieja fábrica. Entraron con lo que decidí esconderme. Desde donde estaba era capaz de ver la fachada de la gran nave industrial con un cartel que ponía “falcon kiss”. Esperé un rato allí, procurando no moverme. En esa situación no quería emitir ningún sonido que delatara mi posición. De pronto me puse a pensar en lo que estaba haciendo ¿no emitir ningún sonido? ¿Qué iba a pasar si me descubrían? Me sentí muy estúpido de repente. No obstante todo cambio según empezó a llegar gente. Conté unas veinte personas en total. Todos con la misma gabardina negra. Lo más seguro era que se tratara de una secta, hasta que llego una chica que no solo llevaba la gabardina sino que además portaba un rifle a la espalda. Ahora sí que dudaba de mi seguridad y cuando las cosas se ponen feas hay que desaparecer. Rumbo, mi casa. Tenía el corazón tan acelerado por lo que había descubierto, aunque no sabía lo que era, que tarde apenas cinco minutos en recorrer los tres kilómetros que me separaban de ella.
-¿Dónde has estado?- pregunto Lucas que estaba de nuevo viendo la televisión.
-por ahí, dando una vuelta- no sé porque le mentí, quizás es que no pensaba que me fuera a creer.
Los siguientes días me los pase observando la fábrica. Volvía a tener una rutina, por la mañana trabajo por la tarde dormía, y la noche me la pasaba escondido en el edificio de enfrente a falcon kiss.
Sin embargo, Lucas no comprendía lo que estaba haciendo. Solía discutir conmigo para que lo dejara pero no podía. Era lo más interesante que me había ocurrido en años. Dos semanas después de mi descubrimiento al entrar en mi apartamento.
-tienes que parar ya- era Lucas de nuevo y llevaba un cuaderno en las manos. Yo lo reconocí enseguida. Era el diario de mi “operación de espionaje”.
-sabes que no puedo dejarlo todo a la mitad-
- ¿a, no? Te leo textualmente- dijo abriendo el cuaderno.
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