Hay que ver lo fácilmente que una persona cambia de opinión, pensaba mientras recuperaba el aliento tras un maratón de cuatro horas con abundantes flexiones, abdominales, pesas, esprintes y la lista sigue pero seria demasiado escribirlo todo. Nos encontrábamos en el sótano de la mansión, un lugar repleto de aparatos de gimnasio, pesas, un ring boxeo, una pared llena de todo tipo de armas, incluso contaba con su propio campo de tiro. No me pareció extraño sabiendo a lo que aquella peculiar familia se dedicaba. En cuanto a mi, apenas era capaz de ponerme en pie, bañado en sudor.
-venga, levanta que queda lo más importante del entrenamiento- ordenó Lara-
- mas aun, como puedes aguantar este ritmo- replique entrecortadamente.
Ella había pasado por el mismo maratón y apenas transpiraba.
- respirando – respondió guiñándome el ojo.
-Maldita sea- susurre mientras me levantaba.
-¡bravo!- exclamó de forma burlesca al verme en pie- en el próximo ejercicio simplemente debes tocarme la nuca, sencillo ¿verdad?-
-¿y esto es lo mas importante?-pregunte algo extrañado
-hagamos un trato, si lo consigues te daré un premio especial- respondió
Apenas deje que terminara la frase para lanzarme sobre ella a lo que respondió pateando mi cara cambiando la trayectoria de mi salto.
Me levante de nuevo frotando mi mejilla magullada.
- ¿pero que haces?, te has pasado un poco- exclame en un acto de rebeldía
- no me digas que el niño mimado se ha hecho pupa- se burlo. Mi mirada asesina la delato de un nuevo ataque poniéndose en guardia.
-por fin te lo tomas en serio. Vamos enséñame que fue lo que vio Jared en ti para que te unas a nosotros- prosiguió.
Salí corriendo y lance mi derecha directamente a su cara. Fácilmente paro lo paro con la mano aprovechando mi sorpresa para colocar su otra mano en mi codo y lanzarme por los aires. Caí de espaldas en el suelo.
- apenas eres capaz de hacerme frete a mi piensas que duraras mucho tiempo con nosotros, no estamos en una guardería- dijo Lara regodeándose en su temprana victoria.
- aun no lo has visto todo- respondí
-pues levántate y continúa-
Me levante por cuarta vez aunque esta vez sin intenciones de volver a caer. Esta vez fue Lara quien inicio la batalla dando una patada circular con mis costillas como objetivo.
-¿conoces las leyes del artista marcial?- pregunte para responderme yo mismo- ¡primera, siempre hay que contraatacar!-
Ante tal patada intente bloquearla apuntando con el codo hacia el tobillo. No obstante, se me volvió a adelantar saltando con su pie de apoyo y rotando el cuerpo de tal manera que la patada ahora caía desde arriba con el tacón como arma.
-¡segunda, si no puedes contraatacar bloquea!-
Coloque ambos brazos por encima de mi cabeza para cubrirme. Su tacón hizo contacto en mi antebrazo haciéndome pensar que estaba a punto de romperse, pero ahí no acababa su acrobacia; a este golpe le seguía el de la otra pierna que también descendía rápidamente.
-¡tercera, si no puedes bloquear esquiva!-
Salte hacia atrás rozándome ambos talones la nariz. En ese instante respondí con un rodillazo pues Lara había quedado algo agachada al caer. Y sin despeinarse ella ayudándose para darle mas fuerza lanzo un gancho ascendente que impacto en mi cara de lleno. Note como la nariz se me había roto en pedazos. La sangre fluía líquidamente y formaba un charco en el suelo. Mis piernas empezaron a temblar, me estaba desplomando y era incapaz de evitarlo. Poco a poco una voz en mi cabeza repetía “no, no, no, no puedo caer otra vez”. Sentía que se me iba la cabeza.
- no siempre se consigue lo que se quiere – me susurró Lara al oído.
Que final mas amargo, no quería que eso terminara así, quien se creía que era para decirme eso. Saque fuerzas de donde hubiera, abrí los ojos, rodee a Lara por la cadera con una mano y con la otra le rodee la cabeza.
- pero eso es por dejar de intentarlo – pareció que había puesto todas mis fuerzas en esas palabra pues caí rendido tras la ultima. No perdí el conocimiento, lo que me permitió escuchar la conversación entre Lara y quien nos había estado observando. Sentí como los tersos y calidos brazos de Lara me depositaban en el suelo suavemente.
-¿Qué te parece?, ¿he elegido bien?- Era la voz de Jared.
-bastante decepcionante- respondió Lara.
- a si, pues según lo que he visto me parece que ha ganado tu pequeño reto. ¿Ha vencido a la diosa del tiempo?- pregunto burlescamente Jared.
- no seas idiota eso ha sido un despiste, pensaba que ya estaba acabado; además, si esto fuera una pelea autentica ya estaría muerto.-
Jared no respondió. Oí sus pasos acercándose. Con la mano palpo mi nariz rota e intento recolocarla. Tras esto me cargo en su hombro.
- te has pasado un poco destrozándole la nariz – hizo un largo silencio en el que se levanto y empezó a andar- ¿o es que te lo has tomado en serio?-
Lara le contesto con un simple chistido.
Desperté aquella tarde con el estomago vacío, aunque para mi sorpresa apenas estaba dolorido. Al incorporarme vi a Techno mirándome desde la puerta con aspecto de preocupación.
- ¿estas bien?-pregunto sin entrar en la habitación.
- pues la verdad es que no, tengo más hambre que un maestro de escuela- solté sonriendo. Techno me devolvió la sonrisa:
- un momento que voy a la cocina y te traigo algo-
Aproveche el momento para intentar levantarme. Con las piernas entumecidas conseguí andar hasta el armario y abrirlo contemplando mi reflejo en el espejo del interior de la puerta. Se notaban dos pequeños ríos de sangre seca en mi cara aunque no me dolía. Luche contra mi instinto palpando el hueso nasal lo que me sorprendió; no notaba ninguna imperfección. En ese momento volvía Techno junto a dos bolsas, dos tenedores y un cuchillo. Entro y entendió una manta en el suelo.
- ¿vamos ha hacer un picnic dentro de casa?- pregunte a pesar de que sabia por su mirada que no me equivocaba.
- ¿a que es original?- respondió. Puede que tuviera más años que yo, pero todavía era un niño. Asimismo, me senté en el suelo y empecé a pelar una naranja.
-¿sabes que ha pasado con mi nariz?-
- no te preocupes por eso. Jared ha avisado a Sonny, nuestro medico particular.-contesto mientras terminaba de zamparse un yogur con los dedos. Le mire algo extrañando por lo que se escuso diciendo que se le habían olvidado las cucharas. Pasamos un buen rato hablando de sus inventos mientras comíamos y una vez hubimos acabado con todo se ofreció a llevarme a probar su videoconsola. Definitivamente, era un niño.
Recogimos un poco el cuarto, me duche, me vestí y salimos de allí. Al salir del cuarto alguien me retuvo agarrándome la mano. Me gire; era Lara.
-lo siento, creo que me pase un poco, que tal tu nariz- pregunto nada mas darme la vuelta.
- bien, supongo. La verdad es que no me duele ni nada- respondí sonriente-
Y ahora que me acuerdo, ¿Cuál es mi premio?-
- esta bien, ponte algo de abrigo y salgamos de aquí un rato, pero que no se entere nadie-
No era lo que me esperaba. Tampoco se puede pedir mas me dije a mi mismo y entre de nuevo en busca de una chaqueta. Al salir Lara no estaba así que mire a Techno buscando una respuesta.
- dice que iba a prepararse y que le esperemos en la puerta-
Agité la cabeza y le pedí a Techno que me guiara a la puerta. Lara nos hizo esperarla durante media hora, pero valió la pena. Apareció allí, descendiendo las escaleras, como si estuviese bajando del cielo. Su largo pelo parecía plateado a contra luz y se precipitaba al vacío en forma de inmensurables bucles. Vestía una pequeña falda gris junto con una chaqueta y unos calentadores a juego. Sonrío ligeramente al vernos perplejos disponiéndose a hablar:
-espero no haberos hecho esperar demasiado-
viernes, 8 de octubre de 2010
domingo, 1 de agosto de 2010
martes, 29 de junio de 2010
Capítulo 7: ¿Y que tengo que hacer?
Me levante haciéndole entender a Jared que todo había quedado claro, aunque no era así. ¿A que me iba a dedicar? Intente ignorar todo y buscar la causa de que me encontrara en esa situación: Lara. Me despedí con la mano de Jared y salí en misión de búsqueda. Pronto me di cuenta de que la casa era más grande de lo que parecía, es mas, tras quince minutos deambulando encontré la salida del edificio. Mire la fachada asombrado. Se trataba de un complejo de apartamentos. Por un momento imaginé todas las reformas que habían hecho falta para que el interior pareciera una casa normal y corriente. Volví a entrar y por fin encontré a alguien, aunque no era quien quería encontrarme.
-entonces ¿te quedaras?- pregunto Tecno nada mas verme.
-si- conteste con un sonrisa dibujada- pero solo si me llevas a donde este Lara, tengo que hablar con ella-
El chaval me devolvió la sonrisa con entusiasmo.
-¡por aquí!- exclamo señalando el fondo del pasillo.
Empecé a caminar tras el lentamente.
- ¿Qué edad tienes?- pregunte inocentemente
- 54 años- contesto cortándome en seco.
Creo que no volví a hablar hasta que llegamos al cuarto de Lara, el cual después de haberlo buscado tanto resulto ser contiguo a donde había pasado la noche. Me dispuse a tocar en la puerta, pero antes de que mis nudillos llegaran a rozar la madera una voz me invito a entrar. Tecno me hizo una señal y se fue por donde había venido.
-hola- susurre abriendo la puerta.
-hola, que, ¿Cómo estas?- pregunto Lara. Estaba de espaldas a la puerta recostada en un sofá, viendo la televisión. Giro el cuello para verme a lo que respondí:
-bien, gracias por preguntar-
-pasa y cierra la puerta, ponte cómodo- dijo dejándome un hueco en el sofá. Me senté como pude y la mire, ya enfrente de ella, de nuevo aquellos ojos marrones.
-¡despierta! –Exclamo al verme embelesado y tras esto decidió tomar la delantera- ¿ya sabes si te vas a unir a nuestro grupo?-
-¿Por qué todo el mundo pregunta lo mismo?- repliqué. Lara respondió con una sonrisa. Luego aparto la mirada.
- todos los que vuelven de la muerte quedan aislados del resto de la gente. Puede parecer un sueño hecho realidad eso de no envejecer, pero poco a poco te das cuanta de que no es así. Tus familiares, amigos y conocidos mueren dejándote solo.- su voz emitía tristeza, ahora entendía la insistente pregunta de tecno. No quise ni imaginar por lo que habría pasado a una edad tan temprana.
-eso no me preocupa yo siempre he estado solo- Entonces clavo su mirada en mi a lo que añadí intentando cambiar de tema- lo único que necesito para unirme a ustedes es saber a que se dedican-
Lara suspiró profundamente, tomándose su tiempo para contestar.
-ejercer nuestra ley-
-Vaya respuesta, me has dejado mas confundido que cuando hable Jared.- ante tal respuesta sonto una corta carcajada.
- a ver, lo que tendrás que hacer es ejercer de silla eléctrica-
-yo no soy un asesino-
-y todos esos psicópatas que quedan impunes por falta de pruebas o por errores de la policía-
-¿Cómo el guardaespaldas del doctor Smith o con el agente Steve?- grite
Ella bajo la mirada y contesto con algo parecido a un susurro:
-en toda guerra mueren civiles-
Se notaba en su voz que no estaba de acuerdo con todo aquello; es mas, su voz mostraba miedo. Toda la ira que me había invadido segundos atrás desapareció. Moví los labios sin emitir ningún sonido recitando las palabras “lo siento Steve, pero no puedo continuar con lo que empezó”
-¡esta bien, me has convencido!- exclame- creo que me quedare un tiempo por estos lares.
Aun con la cabeza baja y entre risas afirmó:
-estás loco- es ese momento vi mi oportunidad. “si, estoy loco, pero por ti” cruzo a la velocidad de la luz mi cabeza en busca de mis cuerdas vocales, pero dichas palabras no tuvieron tiempo de ser pronunciadas. Ese momento casi mágico fue estropeado por el salto de tecno desde la puerta.
-te vas a quedar- gritaba alegremente enrollado a mi cuello como una bufanda.
-no deberías escuchar las conversaciones de los demás- le riñó Lara.
- Tecno, ¿tienes hambre?-interrumpí. Este asintió con la cabeza-¿me llevas a la cocina?-
- ¡ven! – exclamo agarrando mi mano.
- Lara después tengo que hablar contigo- fue lo que me dio tiempo a decir antes de que aquel renacuajo me sacara a la fuerza. Mientras corríamos por la casa me di cuenta de lo raro que era todo en aquel lugar. Era la segunda vez que hablaba con Lara y casi me declaro. ¿En que estaba pensando?
La estampa me sorprendió. Sully estaba en los fogones cocinando algo que olía delicioso. Todo era demasiado familiar. A parte de tecno, Sully y yo habían dos personas más en la habitación. Jared, que estaba sentado a la espera, y un chico cuyo nombre desconocía pero le recordaba de la vigilancia, que se encontraba mirando por una de las ventanas.
-¡Jared, adivina!- exclamo tecno delatando nuestra presencia- Mike ha decidido quedarse con nosotros- en su cara, Tecno, mostraba una sonrisa de oreja a oreja que no fue compartida por los que allí nos encontrábamos.
Jared levantó la mirada con un gesto de aprobación, sin embargo la tensión cargaba el ambiente. El chico de la ventana se giro bruscamente como si algo le hubiera molestado:
-¿esto es real, ese payaso se va a unir a nosotros? No me hagas reír-
-¿y por qué no Travis? ¿Quién eres tú para decir que no vale?- me defendió Tecno.
-el segundo al mando- contestó
-sí, pero yo soy el primero- interrumpió Jared- además, el ha demostrado mucho más que tu Travis-
-a si, ¿Qué ha hecho este niñato que sea digno de mi atención?- replico Travis.
Jared se levanto y camino hasta quedar a pocos centímetros del oído de de Travis:
-¿Qué te parece haber derrotado a Orion cuando aún era humano?-
Los ojos de Travis se iluminaron, me lanzo una mirada de desprecio y salió de la habitación.
-¿Por qué se ha puesto así?- pregunte.
-no le suele gustar conocer gente nueva- respondió Sully – ya se acostumbrara. Pero ahora a comer que esto ya está listo-
Todos nos sentamos en la mesa y empezamos a servirnos del gran bol de pasta que Sully había preparado. Pronto todo el mundo se había hartado, menos yo que desde que estaba en aquel lugar parecía que mi estomago fuera incapaz de llenarse. Mientras tragaba sin cesar me fije en Sully. No tenía la misma mirada de psicópata que días atrás. Sus vacios ojos se habían llenado de luz y color.
-¿y quién va a entrenar al nuevo?- pregunto Sully interrumpiendo mis pensamientos.
- pues había pensado en hacerlo yo mismo- contesto Jared.
-no sé, tu sueles estar muy ocupado- corto Sully.
Ambos me miraron esperando mi respuesta
-esto…-conteste a sus mirada todavía con la boca llena- ¿Qué queréis decir con entrenarme?-
-pues tendrás que aprender lo necesario para que cumplas con los encargos- contestaron a la vez, aunque lo que querían decir era que me iban a convertir en un asesino, que no me hacía mucha gracia, pero ya lo había aceptado.
- si tengo que elegir prefiero que sea Lara- entrenar con alguien significa pasar mucho tiempo junto a esa persona.
- parece que no se puede evitar- concluyo Jared con una leve sonrisa-
Pero yo que tú me, de todos nosotros ella es la que más duro trabaja-
-entonces ¿te quedaras?- pregunto Tecno nada mas verme.
-si- conteste con un sonrisa dibujada- pero solo si me llevas a donde este Lara, tengo que hablar con ella-
El chaval me devolvió la sonrisa con entusiasmo.
-¡por aquí!- exclamo señalando el fondo del pasillo.
Empecé a caminar tras el lentamente.
- ¿Qué edad tienes?- pregunte inocentemente
- 54 años- contesto cortándome en seco.
Creo que no volví a hablar hasta que llegamos al cuarto de Lara, el cual después de haberlo buscado tanto resulto ser contiguo a donde había pasado la noche. Me dispuse a tocar en la puerta, pero antes de que mis nudillos llegaran a rozar la madera una voz me invito a entrar. Tecno me hizo una señal y se fue por donde había venido.
-hola- susurre abriendo la puerta.
-hola, que, ¿Cómo estas?- pregunto Lara. Estaba de espaldas a la puerta recostada en un sofá, viendo la televisión. Giro el cuello para verme a lo que respondí:
-bien, gracias por preguntar-
-pasa y cierra la puerta, ponte cómodo- dijo dejándome un hueco en el sofá. Me senté como pude y la mire, ya enfrente de ella, de nuevo aquellos ojos marrones.
-¡despierta! –Exclamo al verme embelesado y tras esto decidió tomar la delantera- ¿ya sabes si te vas a unir a nuestro grupo?-
-¿Por qué todo el mundo pregunta lo mismo?- repliqué. Lara respondió con una sonrisa. Luego aparto la mirada.
- todos los que vuelven de la muerte quedan aislados del resto de la gente. Puede parecer un sueño hecho realidad eso de no envejecer, pero poco a poco te das cuanta de que no es así. Tus familiares, amigos y conocidos mueren dejándote solo.- su voz emitía tristeza, ahora entendía la insistente pregunta de tecno. No quise ni imaginar por lo que habría pasado a una edad tan temprana.
-eso no me preocupa yo siempre he estado solo- Entonces clavo su mirada en mi a lo que añadí intentando cambiar de tema- lo único que necesito para unirme a ustedes es saber a que se dedican-
Lara suspiró profundamente, tomándose su tiempo para contestar.
-ejercer nuestra ley-
-Vaya respuesta, me has dejado mas confundido que cuando hable Jared.- ante tal respuesta sonto una corta carcajada.
- a ver, lo que tendrás que hacer es ejercer de silla eléctrica-
-yo no soy un asesino-
-y todos esos psicópatas que quedan impunes por falta de pruebas o por errores de la policía-
-¿Cómo el guardaespaldas del doctor Smith o con el agente Steve?- grite
Ella bajo la mirada y contesto con algo parecido a un susurro:
-en toda guerra mueren civiles-
Se notaba en su voz que no estaba de acuerdo con todo aquello; es mas, su voz mostraba miedo. Toda la ira que me había invadido segundos atrás desapareció. Moví los labios sin emitir ningún sonido recitando las palabras “lo siento Steve, pero no puedo continuar con lo que empezó”
-¡esta bien, me has convencido!- exclame- creo que me quedare un tiempo por estos lares.
Aun con la cabeza baja y entre risas afirmó:
-estás loco- es ese momento vi mi oportunidad. “si, estoy loco, pero por ti” cruzo a la velocidad de la luz mi cabeza en busca de mis cuerdas vocales, pero dichas palabras no tuvieron tiempo de ser pronunciadas. Ese momento casi mágico fue estropeado por el salto de tecno desde la puerta.
-te vas a quedar- gritaba alegremente enrollado a mi cuello como una bufanda.
-no deberías escuchar las conversaciones de los demás- le riñó Lara.
- Tecno, ¿tienes hambre?-interrumpí. Este asintió con la cabeza-¿me llevas a la cocina?-
- ¡ven! – exclamo agarrando mi mano.
- Lara después tengo que hablar contigo- fue lo que me dio tiempo a decir antes de que aquel renacuajo me sacara a la fuerza. Mientras corríamos por la casa me di cuenta de lo raro que era todo en aquel lugar. Era la segunda vez que hablaba con Lara y casi me declaro. ¿En que estaba pensando?
La estampa me sorprendió. Sully estaba en los fogones cocinando algo que olía delicioso. Todo era demasiado familiar. A parte de tecno, Sully y yo habían dos personas más en la habitación. Jared, que estaba sentado a la espera, y un chico cuyo nombre desconocía pero le recordaba de la vigilancia, que se encontraba mirando por una de las ventanas.
-¡Jared, adivina!- exclamo tecno delatando nuestra presencia- Mike ha decidido quedarse con nosotros- en su cara, Tecno, mostraba una sonrisa de oreja a oreja que no fue compartida por los que allí nos encontrábamos.
Jared levantó la mirada con un gesto de aprobación, sin embargo la tensión cargaba el ambiente. El chico de la ventana se giro bruscamente como si algo le hubiera molestado:
-¿esto es real, ese payaso se va a unir a nosotros? No me hagas reír-
-¿y por qué no Travis? ¿Quién eres tú para decir que no vale?- me defendió Tecno.
-el segundo al mando- contestó
-sí, pero yo soy el primero- interrumpió Jared- además, el ha demostrado mucho más que tu Travis-
-a si, ¿Qué ha hecho este niñato que sea digno de mi atención?- replico Travis.
Jared se levanto y camino hasta quedar a pocos centímetros del oído de de Travis:
-¿Qué te parece haber derrotado a Orion cuando aún era humano?-
Los ojos de Travis se iluminaron, me lanzo una mirada de desprecio y salió de la habitación.
-¿Por qué se ha puesto así?- pregunte.
-no le suele gustar conocer gente nueva- respondió Sully – ya se acostumbrara. Pero ahora a comer que esto ya está listo-
Todos nos sentamos en la mesa y empezamos a servirnos del gran bol de pasta que Sully había preparado. Pronto todo el mundo se había hartado, menos yo que desde que estaba en aquel lugar parecía que mi estomago fuera incapaz de llenarse. Mientras tragaba sin cesar me fije en Sully. No tenía la misma mirada de psicópata que días atrás. Sus vacios ojos se habían llenado de luz y color.
-¿y quién va a entrenar al nuevo?- pregunto Sully interrumpiendo mis pensamientos.
- pues había pensado en hacerlo yo mismo- contesto Jared.
-no sé, tu sueles estar muy ocupado- corto Sully.
Ambos me miraron esperando mi respuesta
-esto…-conteste a sus mirada todavía con la boca llena- ¿Qué queréis decir con entrenarme?-
-pues tendrás que aprender lo necesario para que cumplas con los encargos- contestaron a la vez, aunque lo que querían decir era que me iban a convertir en un asesino, que no me hacía mucha gracia, pero ya lo había aceptado.
- si tengo que elegir prefiero que sea Lara- entrenar con alguien significa pasar mucho tiempo junto a esa persona.
- parece que no se puede evitar- concluyo Jared con una leve sonrisa-
Pero yo que tú me, de todos nosotros ella es la que más duro trabaja-
miércoles, 26 de mayo de 2010
Capítulo 6: explicaciones
Salimos de la habitación. Ya no estaba el cadáver de Steve, aunque persistía una mancha roja en la moqueta. ¿Cuánto tiempo había pasado?
De todos modos no importaba demasiado, aun así lo que más me asombro era que no me apetecía devolverle el favor de haberme mandado al otro mundo. Me lleve la mano al pecho y latía con fuerza. Era como si todo lo que había pasado antes de morir no importara. Era irónico: me sentía más vivo que antes.
-¿Por qué me asesinaste? Y ¿A dónde me llevas?-pregunte a Jared parándome en el pasillo que conectaba aquel estudio con las demás habitaciones. El se giro y contestó con una amplia sonrisa:
- eso- respondió sin darle importancia- lo siento. Era la única manera de que te unieras a nosotros-
-¿unirme a que?-
- por favor, después de habernos espiado tanto tiempo no sabes de lo que te hablo-
-solo se que actuáis como asesinos a sueldo-
- ¡por dios!- exclamo Jared mientras sacaba una moneda de su bolsillo- no me hagas arrepentirme de mi decisión-
- ¿que decisión?-
- ¿te gustaría trabajar para mí?-
- ¿haciendo que?-
- pues como un empresario de de fallecimientos, el sueldo es trescientas veces mayor a lo que ganas en esa tienducha y, además, tienes talento. Lo supe en cuanto te vi pelear contra Orión.-
- yo no sirvo para esto, no soy capaz de matar a nadie-
- pero ahora tienes un “regalo” contigo-
- ¿un regalo?-
-¿no te habló de ello Parca?-
- si, algo mencionó, pero no me explico nada-
Entonces Jared lanzo la moneda que sostenía en su derecha al aire, pero al caer la moneda se había trasformado en la katana negra que tan malos recuerdos me traía. Mi expresión de asombro me obligo a preguntar:
- ¿que has hecho? A sido como si hubieras teletransportado esa espada-
- si, se podría decir así. Cada uno de nosotros cuando vuelve a la vida tiene una habilidad algo especial- respondió
-¿significa que yo también puedo teletransportar cosas?-
- lo mas seguro es que no, nunca se ha repetido una habilidad- dijo sonriéndome mientras me invitaba a caminar por el estrecho pasillo- pero seguro que lo que te gustara.-
-¿y como hago para descubrir que es lo que puedo?-
- te va a resultar gracioso, porque no tengo ni idea.- Debió de darse cuenta de que no me resultaba muy gracioso porque cambio de tema al ver mi cara de pocos amigos.- hay alguien que quiero presentarte.
-¿Quién?- pregunte mientras veía a Jared abrir una de las puertas del pasillo.
-¡hola!- resonó la voz de la chica que se encontraba al otro lado. Era una voz dulce como de niña. Jared me izo un gesto invitándome a entrar. Por fin vi de quien se trataba. Era Lara, que estaba sentada en la cama de la habitación. Era la primera vez que era capaz de verla de cerca. Tenía el pelo castillo con algún que otro reflejo rubio con ojos a juego. Estaba algo despeinada con cara de sueño, seguramente se acababa de levantar, aun así me quede tan perdido en su mirada que solo reaccione ante un codazo de Jared.
-¿Qué?, ¿Qué pasa?- pregunte desconcertado
-ella es Lara, aunque seguramente ya conocías su nombre-
-no exactamente- en ese momento recordé el cartel- pensaba que así se llamaría tu abuela o tu madre.-
-¿de donde has sacado eso?- me pregunto Lara en medio de un bostezo.
- pues por un cartel de desaparición, si fueras tu la del cartel tendrías por lo menos 80 años.- contesté
- y que te hace pensar que no los tengo- respondió ella.
Me que un tiempo en pausa y le susurre al oído a Jared:
-se encuentra bien, puede que este cansada. No sabe lo que dice.-
-es cierto lo que dice, ella es la del cartel- dijo resolviendo mi duda- además, no se porque te parece tan extraño después de que hallas estado en el limbo.-
-¡Jared!- exclamo Lara mientras se levantaba.- ¿todavía no se lo has contado?-
- contarme el que- interrumpí
- veras- respondió Lara- quien vuelve del limbo nunca mas envejece. La única forma de que vuelvas al limbo es destruyendo tu cuerpo y entonces te aseguro que no serás capaz de volver- poco a poco se acerco a mi hasta quedar a mi derecha, paso su mano por mi cabello y añadió-pero tú, por ahora preocúpate de descansar, que ya te dejo el dormitorio libre.-
Siguió hasta la puerta me di la vuelta para verla por ultima vez. Ella también se giro en el marco de la puerta le echo una mirada de rabia a Jared y salio caminando de espaldas.
-¿a que ha venido esa última mirada, Jared?-
- lo mas seguro es que este enfadada conmigo-
-¿Por qué?-
-¡no me digas que no te diste cuenta de que estaba en pijama!- exclamo mientras soltaba una sonora carcajada.- ¿Qué estabas mirando entonces?-
En ese momento fue cuando me fije donde me encontraba. Era un dormitorio, sin armarios y con la cama revuelta: prueba de que Lara había dormido allí. El único mueble a parte de la cama era una pequeña mesilla junto a la cama en la que reposaba un vaso de agua.
- ¿Qué es este sitio?- pregunté
-es el cuarto de invitados, Lara suele dormir aquí porque dice que la cama es mucho más cómoda que la de su cuarto.-
Di un salto y me quite los zapatos en el aire para caer sobre la cama. Estaba blandita y aun caliente de la ultima inquilina.- ¿entonces puedo dormir aquí?-
- por supuesto-contesto Jared y añadió-¿ya sabes si vas a trabajar para mi?-
Sin embargo, no hubo respuesta. Estaba tan cansado que me dio tiempo de oír la pregunta, pero no de responder.
Me desperté entre sudor y escalofríos pensando que todo había sido un sueño, pero al abrir los ojos mis ilusiones se rompieron. Me encontraba en el mismo cuarto. Lo único que había cambiado era unos vaqueros y una camisa negra que alguien había dejado sobre la cómoda. Supuse que era para mí, ya solo me faltaba un baño. Me levante, cogí la ropa y abrí la puerta de la habitación encontrando resistencia al otro lado. No estaba cerrada sino que había alguien cruzando el pasillo en ese momento. Me di cuenta, no por el esfuerzo que me supuso abrirla, sino por el pequeño gritito de dolor que soltó quien estaba al otro lado.
-¿lo siento?- dije al cruzar el umbral de la puerta y ver un chiquillo en el suelo. No aparentaba más de 14 años y aun se frotaba la cabeza por el golpe. Le extendí la mano para ayudarle a levantarse.
-tranquilo, de todos modos soy un poco torpe- explicó una vez de pie limpiándose el polvo. Tenía el pelo negro azulado y muy alborotado. Levanto la vista y vi sus ojos grises- debes de ser el nuevo. Me llaman Tecno, ¿y tu eres?-
- mi nombre es Mike-Al verle en pie me di cuenta de lo bajito, me llegaba por el hombro-¿Por qué te llaman así?- no tenia autentica curiosidad, pero no me gustan los silencios incómodos.
-porque tengo la habilidad de construir cosas-
-¿construir cosas?-
- si, mira- dijo mientras buscaba en los bolsillos. Saco una especie de bolígrafo, pulsó la parte superior y lo soltó. Para mi sorpresa no cayó al suelo sino que se quedo flotando en el aire.- es algo en lo que estoy trabajando- añadió con una amplia sonrisa.-
-podría preguntarte como lo has hecho, pero seguramente no entendería nada de nada- bromeé mientras le devolvía la sonrisa.- ¿me podrías decir donde esta Jared? Tengo que hablar con el-
- esta al final del pasillo, en el salón-
- OK, gracias- dije mientras le guiñaba un ojo y empecé a caminar. Sin embargo, note un tirón de la camisa. Era Tecno.
-vas a volver ¿verdad?- pregunto con los ojos llorosos. No quería imaginar que era lo que pensaría el chiquillo que iba a pasar
- no te preocupes, por ahora no tengo intención de irme a ningún lugar-
Mi respuesta pareció tranquilizarle. Yo no tenia ni idea de lo que estaba pasando, aunque me quede aliviado al ver que volvía a sonreír. Tecno siguió su camino en dirección contraria a la mía dando brincos de alegría.
- sin duda esa es la conversación mas rara que he tenido en mi vida- pensé en voz alta y continúe. Gire el pomo de la ultima puerta del pasillo despacio, pensando en que debía responder si me preguntaba lo mismo que la noche anterior. Tras la puerta me encontré la escalera que me llevaría al primer piso. Allí no había puertas. La cocina, el comedor, la sala y el porche estaban conectados directamente con el pasillo. Llegué al solon y encontré a Jared tumbado, viendo la televisión.
-¿esta interesante?-pregunte intentando llamar su atención.
-ya estas despierto, fenomenal. ¿Tienes hambre?-
Evadió mi pregunta con una habilidad que solo otorga la practica y amarrándome por los hombros me llevo a la cocina. Nada mas entrar en la cocina mi estomago empezó a rugir como un león hambriento y mas aun cuando contemple aquel proyecto de búnker. Tres neveras tamaño familiar a la derecha; un armario sin puerta (de cuatro por dos) lleno de galletas cruasanes, panes y cualquier fruto secos que puedas imaginar al fondo y a la izquierda una larga cocinilla con su variedad de sartenes y calderos a juego. En el centro de la habitación había una pequeña mesa con cuatro sillas. Jared se sentó en una de ella.
-puedes comer lo que quieras- me ofreció.
-gracias, hace rato que me muero de hambre.-
Abrí la nevera y pillé un brick de leche y mientras la calentaba en el microondas rebuscaba en el armario. Poco a poco fui llenando la mesa con todo lo que me encontraba.
-¿ya has decidido que vas ha hacer?- pregunto Jared
- si por lo menos supiera a que me voy a dedicar podría responderte.-
-esto va a ser bastante largo –
-No te preocupes – dije señalando la mesa repleta de comida.
-hace millones de años aparecieron dos mundos, sin importar la causa de ello, ambos subsistían en distinto e igual espacio a la vez. Poco a poco, en cada lugar fue apareciendo la vida en ambos. Desarrollándose de forma diferente en cada lugar. Uno, es lo que llamamos hoy tierra; y el otro, lo que se correspondería con el limbo. Ambos contrarios. Uno finito el otro infinito. Cada uno con sus normas propias se fue desarrollando hasta que poco a poco la tierra se vio desmedida por la vida que en ella habitaba. Y para restablecer el equilibrio aparecieron tiempo y destino. Las dos caras de la misma moneda. Los dos encargados de llevarse a todo aquel que ya no tenía sitio en la tierra al limbo. Poco a poco todo volvía a la estabilidad.
No obstante, los humanos se quejaron de tal trato. Para combatir el tiempo se crearía una katana de hoja negra, la Dark-Will. El único objeto capaz de detener el tiempo. Y para combatir al destino se escribió un libro que no se escribió. En el se relataba el futuro de todas y cada una de las personas que habitaban y habitaran este mundo. Los dos fueron confiados a una mujer para que luchara por ellos, mas la humanidad se vio traicionada. En quien pusieron todas sus esperanzas prefirió ayudar al tiempo y al destino. Ella es quien conocemos como la muerte.
-¿Parca?- interrumpí
-no, Parca solo es el portero. Es la muerte nuestra autentica enemiga-
-pero, ¿Por qué?- insistí
- si la vida es nuestra no deberíamos decidir también cuando irnos al limbo- cortó secamente, como si la pregunta le hubiera cabreado- bueno, el caso es que la muerte traiciono a la humanidad. Tal historia quedaría en el olvido hasta hace unos cuatrocientos años. Ella se enamoro de alguien, de un humano, de una persona que no estaba a su alcanza. Rompió las reglas impuestas por los dos gobernadores del mundo y entro en contacto en él. Todo lo que sentía por él era correspondido. Sin embargo, a ella solo le quedaba una cruel espera. Verle envejecer hasta morir para dejarla sola.
Decidió contarle todo. Él ante tal inteligible historia traicionó a su amada. Una traidora fue traicionada. El joven robo el libro y la dark-will. Ambas dieron la vuelta al mundo hasta que hace unos 150 años por un accidente fui atravesado por la dark-will. Pase exactamente el mismo camino que tu y que todos los que estamos aquí. He ido reuniendo las piezas de este rompecabezas y creo que es el momento de terminar lo que empezó hace milenios. ¡Que controle la muerte quien la recibe!- gritó para darle emoción a su discurso.
La idea de de acabar con la muerte no me parecía demasiado buena, había algo en lo que llevaba razón. Si a partir de ese momento yo también era inmortal, tarde o temprano, acabaría solo igual que muerte
- de acuerdo- accedí ante la idea de terminar solo- ¿Qué tengo que hacer?-
Jared sonrió
- lo primero recoger la mesa- la cual estaba repleta de papeles, platos y cuencos vacíos. No me había dado cuenta, pero había comido lo que podría haber mantenido un caballo durante días- mañana empezaremos- añadió.
De todos modos no importaba demasiado, aun así lo que más me asombro era que no me apetecía devolverle el favor de haberme mandado al otro mundo. Me lleve la mano al pecho y latía con fuerza. Era como si todo lo que había pasado antes de morir no importara. Era irónico: me sentía más vivo que antes.
-¿Por qué me asesinaste? Y ¿A dónde me llevas?-pregunte a Jared parándome en el pasillo que conectaba aquel estudio con las demás habitaciones. El se giro y contestó con una amplia sonrisa:
- eso- respondió sin darle importancia- lo siento. Era la única manera de que te unieras a nosotros-
-¿unirme a que?-
- por favor, después de habernos espiado tanto tiempo no sabes de lo que te hablo-
-solo se que actuáis como asesinos a sueldo-
- ¡por dios!- exclamo Jared mientras sacaba una moneda de su bolsillo- no me hagas arrepentirme de mi decisión-
- ¿que decisión?-
- ¿te gustaría trabajar para mí?-
- ¿haciendo que?-
- pues como un empresario de de fallecimientos, el sueldo es trescientas veces mayor a lo que ganas en esa tienducha y, además, tienes talento. Lo supe en cuanto te vi pelear contra Orión.-
- yo no sirvo para esto, no soy capaz de matar a nadie-
- pero ahora tienes un “regalo” contigo-
- ¿un regalo?-
-¿no te habló de ello Parca?-
- si, algo mencionó, pero no me explico nada-
Entonces Jared lanzo la moneda que sostenía en su derecha al aire, pero al caer la moneda se había trasformado en la katana negra que tan malos recuerdos me traía. Mi expresión de asombro me obligo a preguntar:
- ¿que has hecho? A sido como si hubieras teletransportado esa espada-
- si, se podría decir así. Cada uno de nosotros cuando vuelve a la vida tiene una habilidad algo especial- respondió
-¿significa que yo también puedo teletransportar cosas?-
- lo mas seguro es que no, nunca se ha repetido una habilidad- dijo sonriéndome mientras me invitaba a caminar por el estrecho pasillo- pero seguro que lo que te gustara.-
-¿y como hago para descubrir que es lo que puedo?-
- te va a resultar gracioso, porque no tengo ni idea.- Debió de darse cuenta de que no me resultaba muy gracioso porque cambio de tema al ver mi cara de pocos amigos.- hay alguien que quiero presentarte.
-¿Quién?- pregunte mientras veía a Jared abrir una de las puertas del pasillo.
-¡hola!- resonó la voz de la chica que se encontraba al otro lado. Era una voz dulce como de niña. Jared me izo un gesto invitándome a entrar. Por fin vi de quien se trataba. Era Lara, que estaba sentada en la cama de la habitación. Era la primera vez que era capaz de verla de cerca. Tenía el pelo castillo con algún que otro reflejo rubio con ojos a juego. Estaba algo despeinada con cara de sueño, seguramente se acababa de levantar, aun así me quede tan perdido en su mirada que solo reaccione ante un codazo de Jared.
-¿Qué?, ¿Qué pasa?- pregunte desconcertado
-ella es Lara, aunque seguramente ya conocías su nombre-
-no exactamente- en ese momento recordé el cartel- pensaba que así se llamaría tu abuela o tu madre.-
-¿de donde has sacado eso?- me pregunto Lara en medio de un bostezo.
- pues por un cartel de desaparición, si fueras tu la del cartel tendrías por lo menos 80 años.- contesté
- y que te hace pensar que no los tengo- respondió ella.
Me que un tiempo en pausa y le susurre al oído a Jared:
-se encuentra bien, puede que este cansada. No sabe lo que dice.-
-es cierto lo que dice, ella es la del cartel- dijo resolviendo mi duda- además, no se porque te parece tan extraño después de que hallas estado en el limbo.-
-¡Jared!- exclamo Lara mientras se levantaba.- ¿todavía no se lo has contado?-
- contarme el que- interrumpí
- veras- respondió Lara- quien vuelve del limbo nunca mas envejece. La única forma de que vuelvas al limbo es destruyendo tu cuerpo y entonces te aseguro que no serás capaz de volver- poco a poco se acerco a mi hasta quedar a mi derecha, paso su mano por mi cabello y añadió-pero tú, por ahora preocúpate de descansar, que ya te dejo el dormitorio libre.-
Siguió hasta la puerta me di la vuelta para verla por ultima vez. Ella también se giro en el marco de la puerta le echo una mirada de rabia a Jared y salio caminando de espaldas.
-¿a que ha venido esa última mirada, Jared?-
- lo mas seguro es que este enfadada conmigo-
-¿Por qué?-
-¡no me digas que no te diste cuenta de que estaba en pijama!- exclamo mientras soltaba una sonora carcajada.- ¿Qué estabas mirando entonces?-
En ese momento fue cuando me fije donde me encontraba. Era un dormitorio, sin armarios y con la cama revuelta: prueba de que Lara había dormido allí. El único mueble a parte de la cama era una pequeña mesilla junto a la cama en la que reposaba un vaso de agua.
- ¿Qué es este sitio?- pregunté
-es el cuarto de invitados, Lara suele dormir aquí porque dice que la cama es mucho más cómoda que la de su cuarto.-
Di un salto y me quite los zapatos en el aire para caer sobre la cama. Estaba blandita y aun caliente de la ultima inquilina.- ¿entonces puedo dormir aquí?-
- por supuesto-contesto Jared y añadió-¿ya sabes si vas a trabajar para mi?-
Sin embargo, no hubo respuesta. Estaba tan cansado que me dio tiempo de oír la pregunta, pero no de responder.
Me desperté entre sudor y escalofríos pensando que todo había sido un sueño, pero al abrir los ojos mis ilusiones se rompieron. Me encontraba en el mismo cuarto. Lo único que había cambiado era unos vaqueros y una camisa negra que alguien había dejado sobre la cómoda. Supuse que era para mí, ya solo me faltaba un baño. Me levante, cogí la ropa y abrí la puerta de la habitación encontrando resistencia al otro lado. No estaba cerrada sino que había alguien cruzando el pasillo en ese momento. Me di cuenta, no por el esfuerzo que me supuso abrirla, sino por el pequeño gritito de dolor que soltó quien estaba al otro lado.
-¿lo siento?- dije al cruzar el umbral de la puerta y ver un chiquillo en el suelo. No aparentaba más de 14 años y aun se frotaba la cabeza por el golpe. Le extendí la mano para ayudarle a levantarse.
-tranquilo, de todos modos soy un poco torpe- explicó una vez de pie limpiándose el polvo. Tenía el pelo negro azulado y muy alborotado. Levanto la vista y vi sus ojos grises- debes de ser el nuevo. Me llaman Tecno, ¿y tu eres?-
- mi nombre es Mike-Al verle en pie me di cuenta de lo bajito, me llegaba por el hombro-¿Por qué te llaman así?- no tenia autentica curiosidad, pero no me gustan los silencios incómodos.
-porque tengo la habilidad de construir cosas-
-¿construir cosas?-
- si, mira- dijo mientras buscaba en los bolsillos. Saco una especie de bolígrafo, pulsó la parte superior y lo soltó. Para mi sorpresa no cayó al suelo sino que se quedo flotando en el aire.- es algo en lo que estoy trabajando- añadió con una amplia sonrisa.-
-podría preguntarte como lo has hecho, pero seguramente no entendería nada de nada- bromeé mientras le devolvía la sonrisa.- ¿me podrías decir donde esta Jared? Tengo que hablar con el-
- esta al final del pasillo, en el salón-
- OK, gracias- dije mientras le guiñaba un ojo y empecé a caminar. Sin embargo, note un tirón de la camisa. Era Tecno.
-vas a volver ¿verdad?- pregunto con los ojos llorosos. No quería imaginar que era lo que pensaría el chiquillo que iba a pasar
- no te preocupes, por ahora no tengo intención de irme a ningún lugar-
Mi respuesta pareció tranquilizarle. Yo no tenia ni idea de lo que estaba pasando, aunque me quede aliviado al ver que volvía a sonreír. Tecno siguió su camino en dirección contraria a la mía dando brincos de alegría.
- sin duda esa es la conversación mas rara que he tenido en mi vida- pensé en voz alta y continúe. Gire el pomo de la ultima puerta del pasillo despacio, pensando en que debía responder si me preguntaba lo mismo que la noche anterior. Tras la puerta me encontré la escalera que me llevaría al primer piso. Allí no había puertas. La cocina, el comedor, la sala y el porche estaban conectados directamente con el pasillo. Llegué al solon y encontré a Jared tumbado, viendo la televisión.
-¿esta interesante?-pregunte intentando llamar su atención.
-ya estas despierto, fenomenal. ¿Tienes hambre?-
Evadió mi pregunta con una habilidad que solo otorga la practica y amarrándome por los hombros me llevo a la cocina. Nada mas entrar en la cocina mi estomago empezó a rugir como un león hambriento y mas aun cuando contemple aquel proyecto de búnker. Tres neveras tamaño familiar a la derecha; un armario sin puerta (de cuatro por dos) lleno de galletas cruasanes, panes y cualquier fruto secos que puedas imaginar al fondo y a la izquierda una larga cocinilla con su variedad de sartenes y calderos a juego. En el centro de la habitación había una pequeña mesa con cuatro sillas. Jared se sentó en una de ella.
-puedes comer lo que quieras- me ofreció.
-gracias, hace rato que me muero de hambre.-
Abrí la nevera y pillé un brick de leche y mientras la calentaba en el microondas rebuscaba en el armario. Poco a poco fui llenando la mesa con todo lo que me encontraba.
-¿ya has decidido que vas ha hacer?- pregunto Jared
- si por lo menos supiera a que me voy a dedicar podría responderte.-
-esto va a ser bastante largo –
-No te preocupes – dije señalando la mesa repleta de comida.
-hace millones de años aparecieron dos mundos, sin importar la causa de ello, ambos subsistían en distinto e igual espacio a la vez. Poco a poco, en cada lugar fue apareciendo la vida en ambos. Desarrollándose de forma diferente en cada lugar. Uno, es lo que llamamos hoy tierra; y el otro, lo que se correspondería con el limbo. Ambos contrarios. Uno finito el otro infinito. Cada uno con sus normas propias se fue desarrollando hasta que poco a poco la tierra se vio desmedida por la vida que en ella habitaba. Y para restablecer el equilibrio aparecieron tiempo y destino. Las dos caras de la misma moneda. Los dos encargados de llevarse a todo aquel que ya no tenía sitio en la tierra al limbo. Poco a poco todo volvía a la estabilidad.
No obstante, los humanos se quejaron de tal trato. Para combatir el tiempo se crearía una katana de hoja negra, la Dark-Will. El único objeto capaz de detener el tiempo. Y para combatir al destino se escribió un libro que no se escribió. En el se relataba el futuro de todas y cada una de las personas que habitaban y habitaran este mundo. Los dos fueron confiados a una mujer para que luchara por ellos, mas la humanidad se vio traicionada. En quien pusieron todas sus esperanzas prefirió ayudar al tiempo y al destino. Ella es quien conocemos como la muerte.
-¿Parca?- interrumpí
-no, Parca solo es el portero. Es la muerte nuestra autentica enemiga-
-pero, ¿Por qué?- insistí
- si la vida es nuestra no deberíamos decidir también cuando irnos al limbo- cortó secamente, como si la pregunta le hubiera cabreado- bueno, el caso es que la muerte traiciono a la humanidad. Tal historia quedaría en el olvido hasta hace unos cuatrocientos años. Ella se enamoro de alguien, de un humano, de una persona que no estaba a su alcanza. Rompió las reglas impuestas por los dos gobernadores del mundo y entro en contacto en él. Todo lo que sentía por él era correspondido. Sin embargo, a ella solo le quedaba una cruel espera. Verle envejecer hasta morir para dejarla sola.
Decidió contarle todo. Él ante tal inteligible historia traicionó a su amada. Una traidora fue traicionada. El joven robo el libro y la dark-will. Ambas dieron la vuelta al mundo hasta que hace unos 150 años por un accidente fui atravesado por la dark-will. Pase exactamente el mismo camino que tu y que todos los que estamos aquí. He ido reuniendo las piezas de este rompecabezas y creo que es el momento de terminar lo que empezó hace milenios. ¡Que controle la muerte quien la recibe!- gritó para darle emoción a su discurso.
La idea de de acabar con la muerte no me parecía demasiado buena, había algo en lo que llevaba razón. Si a partir de ese momento yo también era inmortal, tarde o temprano, acabaría solo igual que muerte
- de acuerdo- accedí ante la idea de terminar solo- ¿Qué tengo que hacer?-
Jared sonrió
- lo primero recoger la mesa- la cual estaba repleta de papeles, platos y cuencos vacíos. No me había dado cuenta, pero había comido lo que podría haber mantenido un caballo durante días- mañana empezaremos- añadió.
martes, 27 de abril de 2010
Capitulo 5: las escaleras del limbo.
Casi ni me entere cuando la sombría espada atravesó mi garganta. Supuse que simplemente me encontraba en shock. Mira que pensar eso en mis últimos segundos, pero realmente eran mis últimos segundos. ¿Qué había querido decir con eso de “espero que volvamos a vernos”? ¿A que se refería? Poco a poco todo se torno de color negro asta que me sentí tranquilo. En ese momento recordé mi pelea contra Orión. Hay que ver lo rápido que pase del terror a la euforia. De donde habría sacado Orión esa piel de metal. De todos modos no me arrepiento de mi pregunta. Lo cierto es que no me había dado cuenta, pero quizás no estaba obsesionado con la secta sino con Lara. Entonces fui interrumpido de mis pensamientos por un golpe seco contra el suelo que me hizo abrir los ojos. Un cielo de color azul inundo mi visión, ¿dónde me encontraba?
- bienvenido al limbo-
Me levante de golpe a causa del susto y vi a un anciano en pie junto a mi. Nos encontrábamos en un prado de hierba verde hasta donde alcanzaba la vista. Lo único que resaltaba en aquel panorama era una torre de piedra en medio del lugar.
-¿el limbo?- pregunté
- si exacto, el lugar al que van las almas. Además, contigo tenemos un caso bastante especial-
-¿de que hablas?-
- pues veras has sido enviado aquí antes de tiempo y te toca decidir si quieres quedarte o intentar volver, eso si te advierto no el viaje d vuelta no es tan agradable-
-a, ¿que venir aquí si lo es?-
-por supuesto, y que, ¿Qué vas ha hacer?-
-supongo que volver-
-¿seguro?, sólo 16 personas en lo que lleva el mundo existiendo lo han conseguido-
- pues pronto serán 17-
- esa es la actitud- afirmo sonriendo de oreja a oreja. Lo cierto es que era una persona bastante extravagante- el camino a seguir se encuentra tras esa puerta- dijo señalando una torre que se perdía en las nubes.
-parece que hoy mi día va a ser mas movidito de lo normal- dije guiándole un ojo al anciano- si no le importa, ¿Cómo se llama?-
-la gente me conoce como Parca- dijo entre carcajadas.
-pues espero que tardemos bastante tiempo en volvernos a ver- dije mientras caminaba hacia la torre.
-pienso lo mismo-
Me di la vuelta para despedirme con la mano, pero no había ya nadie. Tampoco me importó demasiado, era el momento de luchar contra la muerte y de volver a ver a Lara. Y pensar que hago esto por alguien con quien ni siquiera he hablado.
Llegue al gran portón de la torre y lo abrí dejándome ver la escalera que me llevaría hasta la cima. Se trataban de unas escaleras bastante amplias con espacio suficiente para que subieran siete u ocho personas a la vez sin tocarse. Empecé a subir a carrera ligera, tampoco era cuestión de cansarse; sin embargo, me equivocaba, aunque iba relativamente despacio tras casi una hora subiendo estaba agotado. Estaba tan concentrado en la carrera que no oí lo que descendía a gran velocidad hasta que lo tuve tan cerca como para verlo. Se trataba de un perro, o al menos eso parecía. Cambie de dirección casi instantáneamente al ver el pitbull de aproximadamente 500 kilos. Se trataba de una bestia tan grande que no dejaba espacio entre las paredes. Corría tan rápido como podía escaleras abajo, escapando de la bestia, cuando recordé porque estaba haciendo todo aquello. Tenia que seguir subiendo y si para ello tenia que superar ese obstáculo. Quería cambiar mi rumbo pero las piernas no me respondían.
- maldita sea, Mike, ¿es que lo único que sabes es correr?- grité en un desesperado intento de hacer que mis piernas respondiera y funciono.
Me di la vuelta esperándole. Esta vez no tenía un plan, pero daba igual. Ya se te ocurrirá algo. La descomunal criatura abrió la boca con la intención de morderme. A pocos metros de mi sentí ya el final muy cerca, no se me había ocurrido nada. Entonces, cuando ya había aceptado mi derrota, la bestia se desvaneció como humo haciéndome caer al suelo del susto.
-¿pero que clase de broma es esta?- grite con la intención de calmarme. Me levante y empecé a correr como nunca lo había hecho. Tenía el corazón acelerado por el susto y lo oía resonar en mis oídos. Con tal ritmo no tarde mucho en llegar a una puerta como las de los cobertizos. La abrí empujando levemente dejándome ver el cielo. Me encontraba en la cima. Soplaba una brisa ligera que sofocó mi cansancio. La cima era redonda con un suelo de piedra blanca y rodeada por las nubes negras de tormenta. Al lado contrario había un puente con una puerta en su extremo. Esta estaba hecha de madera blanca y brillaba fuertemente a través de las grietas que el tiempo había dejado. Y entre la puerta y yo se encontraba sentado Parca como si me hubiera estado esperando. El anciano al verme se levanto y dijo con sorpresa:
- estoy impresionado, nadie había llegado a este punto tan rápido-
- si había ascensor podrías haberme avisado-
- me impresiona que todavía conserves el humor después de ver a mi perro-
- esa ilusión, quizás deberías buscarte una mascota con más vida-
- no hablo de ese perro – dijo mientras señalaba las negras nubes que nos rodeaban. Entonces un relámpago con la forma de un can de cruzo rápidamente la plataforma volviendo a las nubes.
- veras, es que no todo el mundo no pasa por este lugar. En realidad es aquí donde la mayoría desiste. Ese- dijo señalando de nuevo las nubes-es Layton, mi perro fiel. Su cuerpo esta formado por los rayos que forman estas nubes.-
- ¿y que se supone que tengo que hacer?- interrumpí
- ahora iba con eso. Pues es muy simple debes llegar a la puerta que esta a mi espalda. Si consigues cruzarla podrás volver. Además, por el hecho de derrotarme recibirás un regalo.-
-¿un regalo? ¿De que hablas?-
-primero tendrás que llegar, así que es el momento de saber si estas a la altura de las circunstancias.- gritó- primera regla, puedes usar el camino que elijas para llegar a la puerta.-
Tras esto empecé a correr hacia la puerta, pero a los pocos metros avanzados Layton me hizo retroceder cruzando de un lado al otro.
-Parca, ¿Qué función tenia la bestia de las escaleras?-
-Una persona tiene que tener tres cualidades la fuerza que demostraste llegando a este lugar, el coraje necesario para hacerle frente a la bestia de las escaleras y…-
- o sea que solo probabas que fuera valiente-interrumpí
- ¡exacto!, de que te sirve volver si eres un cobarde-
- ¿cual es la última cualidad?-
- tener la voluntad suficiente para superar cualquier reto- y tras decir esto empezaron a caer rayos en toda la plataforma formando un continuo tintineo de flashes azulados. Empecé a correr, sabía que no era lo suficiente rápido para esquivar los rayos pero quizás con un poco de suerte. Poco a poco fui alcanzando a parca. Pase a su lado, aunque el no se quedo quieto. Pensé que un anciano no era una gran dificultad. Grabe error. Con un gancho ascendente me hizo subir uno o dos metros.
- regla numero dos, yo también puedo ser un impedimento.- gritó
Y tras esto Layton, el perro formado por rayos, me atravesó lanzándome cerca de donde había empezado a correr. Los miles de voltios recorrieron mi cuerpo, ya estaba muerto, aunque de todos modos dolía de una forma inexplicable. Además, caí con un golpe seco que me hizo retorcerme en el suelo.
- tercera regla, tienes un minuto para levantarte cada vez que caigas.- dijo Parca
- ¿y la cuarta?- grite en un auge de dolor.
-no hay cuarta, eso es todo-
-no me extraña que tan poca gente salga de aquí-
-¿son esos signos de rendición?-
-¿Qué dices?, pienso superar a todos esos inútiles que no han conseguido pasar esta estúpida prueba- y tras esto me levante. Se me había ocurrido algo. Si el viejo caía de la torre no podría dirigir a su perro. Corrí hacia el anciano mientras buscaba en los bolsillos, si mi ropa era la misma quizás estuviera allí el abrecartas. Tuve suerte, estaba en mi bolsillo, aunque no sabía muy bien el porqué. Mientras me acercaba rápidamente a Parca lancé el trozo de metal que me había ayudado más de lo que se podía esperar. Parca no se dio cuenta de esto y a pocos metros de él volvió a darle la señal de ataque a Layton. Sin embargo, esta vez el can vio desviada su dirección hacia el trozo de metal lo que me permitió alcanzar al viejo. Con bastante reparo le di un puñetazo que le dejo en el suelo, no estaba dispuesto a dejarme engañar por su aspecto. Parca levantó la mirada y preguntó:
- ¿Cómo has conseguido desviar el ataque de Layton?-
-muy sencillo- respondí mientras me acercaba a él- los rayos tienen la tendencia de impactar en objeto metálico que se encuentra a mayor altura-
Tras satisfacer su curiosidad me dirigí, con Parca a cuestas, al borde de la torre. Le sujeté por el cuello dejando mi brazo como la cuerda que le separaba de la caída. “Suéltale” gritaba por dentro, pero no podía. Estábamos en el limbo: no le iba a pasar nada, pero para mi era como si lo matara. Tire de él dejándole en el suelo y le advertí:
- he podido dejarte caer, así que no me jodas- y tras esto empecé a andar hacia la puerta. No obstante, Parca no era un competidor limpio. Cuando me di la vuelta le dio la señal de ataque a Layton de nuevo. Esta vez no había nada que le detuviera, excepto yo. Me atravesaba una y otra vez haciéndome caer cada vez que me levantaba. Intente detenerlo agarrándolo con mis manos desnudas, mas se me escapaba entre los dedos. El cuerpo de Layton no era sólido, pero si su collar. Los miles de vatios atravesaban mi cuerpo haciendo que me retorciera de dolor, aun así no solté el collar. Comencé ha avanzar en la dirección a Parca, aun en el suelo. Cada paso costaba más que el anterior, pero no estaba dispuesto a detenerme. Llegué a su lado y pude comprobar una expresión de terror en su rostro.
-¿Qué pasa?, ¿nunca has acariciado a tu chucho?- pregunte cuando me di cuenta de que el le temía a su propio perro.
- esta bien, me rindo, eres libre de marcharte-
- lo siento pero ya no me apetece- dije lanzando el can a donde estaba su dueño. Sin ver lo que les había pasado me dirigí a la puerta y esta vez conseguí traspasar el umbral sin problemas.
Una luz muy clara me hizo despertar. Abrí los ojos y contemple la misma habitación en la que había fallecido, ahora bien, había algo enfrente a mi que me resultaba familiar. Era yo. Bueno, mi cadáver. Mire mis mano y estaban exactamente como las recordaba. Me levante y usando de espejo una ventana pude comprobar que todo estaba en orden.
- ¿te gusta tu nuevo cuerpo?- se trataba de Jared que parecía esperar algo en la puerta.
-¿nuevo cuerpo?-
-tranquilo- dijo sonriendo- ya te lo explicare todo mas tarde, tienes que estar cansado acompáñame-
- bienvenido al limbo-
Me levante de golpe a causa del susto y vi a un anciano en pie junto a mi. Nos encontrábamos en un prado de hierba verde hasta donde alcanzaba la vista. Lo único que resaltaba en aquel panorama era una torre de piedra en medio del lugar.
-¿el limbo?- pregunté
- si exacto, el lugar al que van las almas. Además, contigo tenemos un caso bastante especial-
-¿de que hablas?-
- pues veras has sido enviado aquí antes de tiempo y te toca decidir si quieres quedarte o intentar volver, eso si te advierto no el viaje d vuelta no es tan agradable-
-a, ¿que venir aquí si lo es?-
-por supuesto, y que, ¿Qué vas ha hacer?-
-supongo que volver-
-¿seguro?, sólo 16 personas en lo que lleva el mundo existiendo lo han conseguido-
- pues pronto serán 17-
- esa es la actitud- afirmo sonriendo de oreja a oreja. Lo cierto es que era una persona bastante extravagante- el camino a seguir se encuentra tras esa puerta- dijo señalando una torre que se perdía en las nubes.
-parece que hoy mi día va a ser mas movidito de lo normal- dije guiándole un ojo al anciano- si no le importa, ¿Cómo se llama?-
-la gente me conoce como Parca- dijo entre carcajadas.
-pues espero que tardemos bastante tiempo en volvernos a ver- dije mientras caminaba hacia la torre.
-pienso lo mismo-
Me di la vuelta para despedirme con la mano, pero no había ya nadie. Tampoco me importó demasiado, era el momento de luchar contra la muerte y de volver a ver a Lara. Y pensar que hago esto por alguien con quien ni siquiera he hablado.
Llegue al gran portón de la torre y lo abrí dejándome ver la escalera que me llevaría hasta la cima. Se trataban de unas escaleras bastante amplias con espacio suficiente para que subieran siete u ocho personas a la vez sin tocarse. Empecé a subir a carrera ligera, tampoco era cuestión de cansarse; sin embargo, me equivocaba, aunque iba relativamente despacio tras casi una hora subiendo estaba agotado. Estaba tan concentrado en la carrera que no oí lo que descendía a gran velocidad hasta que lo tuve tan cerca como para verlo. Se trataba de un perro, o al menos eso parecía. Cambie de dirección casi instantáneamente al ver el pitbull de aproximadamente 500 kilos. Se trataba de una bestia tan grande que no dejaba espacio entre las paredes. Corría tan rápido como podía escaleras abajo, escapando de la bestia, cuando recordé porque estaba haciendo todo aquello. Tenia que seguir subiendo y si para ello tenia que superar ese obstáculo. Quería cambiar mi rumbo pero las piernas no me respondían.
- maldita sea, Mike, ¿es que lo único que sabes es correr?- grité en un desesperado intento de hacer que mis piernas respondiera y funciono.
Me di la vuelta esperándole. Esta vez no tenía un plan, pero daba igual. Ya se te ocurrirá algo. La descomunal criatura abrió la boca con la intención de morderme. A pocos metros de mi sentí ya el final muy cerca, no se me había ocurrido nada. Entonces, cuando ya había aceptado mi derrota, la bestia se desvaneció como humo haciéndome caer al suelo del susto.
-¿pero que clase de broma es esta?- grite con la intención de calmarme. Me levante y empecé a correr como nunca lo había hecho. Tenía el corazón acelerado por el susto y lo oía resonar en mis oídos. Con tal ritmo no tarde mucho en llegar a una puerta como las de los cobertizos. La abrí empujando levemente dejándome ver el cielo. Me encontraba en la cima. Soplaba una brisa ligera que sofocó mi cansancio. La cima era redonda con un suelo de piedra blanca y rodeada por las nubes negras de tormenta. Al lado contrario había un puente con una puerta en su extremo. Esta estaba hecha de madera blanca y brillaba fuertemente a través de las grietas que el tiempo había dejado. Y entre la puerta y yo se encontraba sentado Parca como si me hubiera estado esperando. El anciano al verme se levanto y dijo con sorpresa:
- estoy impresionado, nadie había llegado a este punto tan rápido-
- si había ascensor podrías haberme avisado-
- me impresiona que todavía conserves el humor después de ver a mi perro-
- esa ilusión, quizás deberías buscarte una mascota con más vida-
- no hablo de ese perro – dijo mientras señalaba las negras nubes que nos rodeaban. Entonces un relámpago con la forma de un can de cruzo rápidamente la plataforma volviendo a las nubes.
- veras, es que no todo el mundo no pasa por este lugar. En realidad es aquí donde la mayoría desiste. Ese- dijo señalando de nuevo las nubes-es Layton, mi perro fiel. Su cuerpo esta formado por los rayos que forman estas nubes.-
- ¿y que se supone que tengo que hacer?- interrumpí
- ahora iba con eso. Pues es muy simple debes llegar a la puerta que esta a mi espalda. Si consigues cruzarla podrás volver. Además, por el hecho de derrotarme recibirás un regalo.-
-¿un regalo? ¿De que hablas?-
-primero tendrás que llegar, así que es el momento de saber si estas a la altura de las circunstancias.- gritó- primera regla, puedes usar el camino que elijas para llegar a la puerta.-
Tras esto empecé a correr hacia la puerta, pero a los pocos metros avanzados Layton me hizo retroceder cruzando de un lado al otro.
-Parca, ¿Qué función tenia la bestia de las escaleras?-
-Una persona tiene que tener tres cualidades la fuerza que demostraste llegando a este lugar, el coraje necesario para hacerle frente a la bestia de las escaleras y…-
- o sea que solo probabas que fuera valiente-interrumpí
- ¡exacto!, de que te sirve volver si eres un cobarde-
- ¿cual es la última cualidad?-
- tener la voluntad suficiente para superar cualquier reto- y tras decir esto empezaron a caer rayos en toda la plataforma formando un continuo tintineo de flashes azulados. Empecé a correr, sabía que no era lo suficiente rápido para esquivar los rayos pero quizás con un poco de suerte. Poco a poco fui alcanzando a parca. Pase a su lado, aunque el no se quedo quieto. Pensé que un anciano no era una gran dificultad. Grabe error. Con un gancho ascendente me hizo subir uno o dos metros.
- regla numero dos, yo también puedo ser un impedimento.- gritó
Y tras esto Layton, el perro formado por rayos, me atravesó lanzándome cerca de donde había empezado a correr. Los miles de voltios recorrieron mi cuerpo, ya estaba muerto, aunque de todos modos dolía de una forma inexplicable. Además, caí con un golpe seco que me hizo retorcerme en el suelo.
- tercera regla, tienes un minuto para levantarte cada vez que caigas.- dijo Parca
- ¿y la cuarta?- grite en un auge de dolor.
-no hay cuarta, eso es todo-
-no me extraña que tan poca gente salga de aquí-
-¿son esos signos de rendición?-
-¿Qué dices?, pienso superar a todos esos inútiles que no han conseguido pasar esta estúpida prueba- y tras esto me levante. Se me había ocurrido algo. Si el viejo caía de la torre no podría dirigir a su perro. Corrí hacia el anciano mientras buscaba en los bolsillos, si mi ropa era la misma quizás estuviera allí el abrecartas. Tuve suerte, estaba en mi bolsillo, aunque no sabía muy bien el porqué. Mientras me acercaba rápidamente a Parca lancé el trozo de metal que me había ayudado más de lo que se podía esperar. Parca no se dio cuenta de esto y a pocos metros de él volvió a darle la señal de ataque a Layton. Sin embargo, esta vez el can vio desviada su dirección hacia el trozo de metal lo que me permitió alcanzar al viejo. Con bastante reparo le di un puñetazo que le dejo en el suelo, no estaba dispuesto a dejarme engañar por su aspecto. Parca levantó la mirada y preguntó:
- ¿Cómo has conseguido desviar el ataque de Layton?-
-muy sencillo- respondí mientras me acercaba a él- los rayos tienen la tendencia de impactar en objeto metálico que se encuentra a mayor altura-
Tras satisfacer su curiosidad me dirigí, con Parca a cuestas, al borde de la torre. Le sujeté por el cuello dejando mi brazo como la cuerda que le separaba de la caída. “Suéltale” gritaba por dentro, pero no podía. Estábamos en el limbo: no le iba a pasar nada, pero para mi era como si lo matara. Tire de él dejándole en el suelo y le advertí:
- he podido dejarte caer, así que no me jodas- y tras esto empecé a andar hacia la puerta. No obstante, Parca no era un competidor limpio. Cuando me di la vuelta le dio la señal de ataque a Layton de nuevo. Esta vez no había nada que le detuviera, excepto yo. Me atravesaba una y otra vez haciéndome caer cada vez que me levantaba. Intente detenerlo agarrándolo con mis manos desnudas, mas se me escapaba entre los dedos. El cuerpo de Layton no era sólido, pero si su collar. Los miles de vatios atravesaban mi cuerpo haciendo que me retorciera de dolor, aun así no solté el collar. Comencé ha avanzar en la dirección a Parca, aun en el suelo. Cada paso costaba más que el anterior, pero no estaba dispuesto a detenerme. Llegué a su lado y pude comprobar una expresión de terror en su rostro.
-¿Qué pasa?, ¿nunca has acariciado a tu chucho?- pregunte cuando me di cuenta de que el le temía a su propio perro.
- esta bien, me rindo, eres libre de marcharte-
- lo siento pero ya no me apetece- dije lanzando el can a donde estaba su dueño. Sin ver lo que les había pasado me dirigí a la puerta y esta vez conseguí traspasar el umbral sin problemas.
Una luz muy clara me hizo despertar. Abrí los ojos y contemple la misma habitación en la que había fallecido, ahora bien, había algo enfrente a mi que me resultaba familiar. Era yo. Bueno, mi cadáver. Mire mis mano y estaban exactamente como las recordaba. Me levante y usando de espejo una ventana pude comprobar que todo estaba en orden.
- ¿te gusta tu nuevo cuerpo?- se trataba de Jared que parecía esperar algo en la puerta.
-¿nuevo cuerpo?-
-tranquilo- dijo sonriendo- ya te lo explicare todo mas tarde, tienes que estar cansado acompáñame-
domingo, 11 de abril de 2010
Capítulo 4: cruce de acero.
-¿y qué?, tanto te asusta lo que pienso- dije desafiante
-no me asusta, me preocupa, ¿no te das cuenta de lo que tienes escrito aquí? Es una nota de asesinato.-
- lo sé.- admití mientras bajaba la cabeza.
- Esta no es tu responsabilidad, si quieres acabar con esa secta solo tienes que decirle lo que sabes a la policía-
- ¿y qué pruebas tengo de ello?, es mi palabra contra la suya-
-la policía no es idiota lo investigaran primero-
-y antes de que los detengan cuanta gente habrán matado, los problemas hay que cortarlos de raíz-
- te das cuenta de lo que estás diciendo, ¿vas a asesinar para evitar asesinatos?-
- no puedo permanecer más tiempo en las sombras- dije mientras cerraba la puerta de mi habitación.
-y yo no puedo permitir que arruines tu vida- susurro mientras al apoyarse en la puerta que acababa de cerrar.
Esa noche no dormí. Estoy en lo correcto me repetía una y otra vez. Por la mañana estaba exhausto, pero saque fuerzas de flaqueza y me levante. Tenía que ir a trabajar. Al levantarme e ir a la cocina no vi a Lucas, ya habría salido. Últimamente no le había visto mucho, el espionaje me quitaba mucho tiempo. Me prepare como todos los días y salí hacia el restaurante de Leonardo. Cuando llegué era como siempre, un gran saludo en la puerta y una agradable invitación a entrar. Sin embargo algo faltaba, Lucas no había ido hoy a trabajar. Era bastante extraño, normalmente solo faltaba cuando estaba enfermo o me avisaba con anterioridad. Un día tranquilo y como era de esperar aburrido. Pronto llego la hora de comer y yo lo hice lo más rápido que pude. Quería ir a la tienda de fertilizantes a por los ingredientes de la bomba casera que acabaría con todas mis preocupaciones. Hacía tiempo que ya solo podía pensar en la secta del falcon kiss. El tiempo pasó volando y ya era el momento de ir a vigilarla. Cuando llegué todo estaba donde lo había dejado, pero era como si hubiera ocurrido algo. Algo estaba mal. Intente ignorarlo y me dedique a lo de cada día. Uno a uno fueron llegando los miembros de la banda. Yo, estaba tan absorto lo que ocurría delante de mí que no oí quien estaba detrás hasta que me golpeo en el cuello.
-¡ay, inspector Steve!- exclamé- ¿a que ha venido esa colleja?-
-que es eso de tomarte la justicia por tu mano- dijo con enfado- Lucas me lo ha contado todo, así que no te preocupes que todo acabara esta noche-
-¿Qué quiere decir?-
-el asesinato que narras en tu cuaderno aparece en una cámara de seguridad lo que nos lleva a pensar que todo lo que cuentas en el es cierto-
Mi cara de asombro solo era superada por mi sentimiento de estupidez. Nunca me había fijado en que era una zona industrial, y como tal, contaba con un moderno sistema de vigilancia.
Cogí los prismáticos y vi a varios policías rodeando la nave industrial. Era una patrulla de uno quince hombres, ¿y querían arrestar a 10? No obstante, algo salió mal. Por uno de los micrófonos se oyó la vos de Lara”tenemos compañía”
-¿ha oído eso?- pregunte a Steve- rápido dígale a sus hombres que salgan de ahí- Steve me miro algo incrédulo y se acerco a la ventana sin hacerme ningún caso.
Tal y como predije. De repente escuche un ruido que ya había escuchado antes y me traía malos recuerdos. Era el arma de Sully. El disparo provenía del interior, había atravesado la pared e impactado en uno de los protectores de la ley. ¿Cómo sabía que estaba allí? Cuatro del grupo saltaron hacia fuera rompiendo las ventanas con algo más que malas intenciones.
-rápido, debo ayudarles- grito Steve mientras se precipitaba escaleras abajo. Salí corriendo detrás de él, intentando detenerle. Si salía ahí afuera lo más probable era que acabara muerto. Le alcancé antes de que abriera la puerta, pero ya era tarde. No sé cómo, pero la puerta se abrió de golpe, no de una forma normal sino rompiendo las bisagras, golpeándonos a mí y a Steve. Ni siquiera recuerdo haber caído al suelo. Quede instantáneamente inconsciente a causa del golpe.
Me desperté con las manos atadas a la espalda en el suelo en una gran habitación con solamente una ventana. Intente moverme y fue entonces cuando me di cuenta que no estaba solo. El inspector Steve estaba amarrado de la misma forma a mi espalda de tal manera que estábamos con las manos atadas por la misma cuerda. A parte de nosotros no había nadie más en la habitación.
- inspector, ¿está despierto? – pregunté
-si- respondió casi de forma instantánea- llevo un rato pensando cómo salir de aquí-
- y que, ¿ninguna idea?, ¿y su pistola?-
- ¿tú no eres muy listo no?, como me van a dejar solo con el arma. Se han llevado tolo lo que llevaba-
-y por cierto, ¿Cómo se encuentra?-
-¿Qué clase de pregunta es esa en un momento como este?-
-no, me refiero que si puede caminar-
-por supuesto que sí, niño, estás hablando con un policía de elite-
-lo que usted diga, pero apóyese en mi espalda para poder levantarnos-
Poco a poco fuimos subiendo hasta incorporarnos por completo lo que me permitió ver la habitación desde otra perspectiva. Ahora que la veía bien parecía bastante lujosa, parqué en el suelo, una gran lámpara en el techo, un gran escritorio con su silla de oficina y un majestuoso sofá en el centro.
-¿Dónde crees que estamos?- me pregunto Steve.
-ni idea, usted es el policía- dije intentando relajar el ambiente con una broma, pero no tuvo el efecto deseado. Más bien lo contrario. Me di cuenta de que estábamos en lugar desconocido seguramente y seguramente no muy lejos andaban nuestros raptores.
-rápido allí- dije señalando con la cabeza el escritorio- quizás allá algo que nos permita cortar las cuerdas-
Lo alcanzamos a duras penas, era muy difícil caminar de aquella manera, y empezamos a rebuscar en los cajones como podíamos. Pronto hallamos un pequeño abrecartas con el que pudimos librarnos de nuestras ataduras.
-muy buena, choca esas cinco- dije alegre al verme libre, pero solo obtuve de respuesta una mirada que gritaba “niñato”- bien, ¿y ahora qué?-
-podríamos esperar a que venga alguien o intentar salir por esa puerta- dijo mirando la única salida que podíamos alcanzar ya que de la ventana se veía que nos encontrábamos en un segundo piso.
- yo voto por la puerta- contesté.
Llegamos a la puerta y Steve me aparto con el brazo cuando estaba a punto de abrirla.
-puede que nos estén esperando al otro lado, quédate detrás de mí-
Entonces empezó a girar el pomo. De pronto un ruedo seco hizo que Steve se desplomara. Mire la puerta y vi un pequeño hueco y al bajar la vista comprendí lo sucedido. Alguien acababa de disparar en la cabeza a Steve.
-¡mierda!- grite entrando en pánico que me llevo a retroceder.
Se abrió la puerta venciendo la resistencia del cuerpo inerte en el piso.
-esto seguro que va a dejar mancha en el suelo- se trataba de Orión y tras el entraron Sully y Jared.
-¿pero qué has hecho?- pregunto dirigiéndose a Sully
-intentaban escapar- respondió con tal frialdad que se me heló la sangre- de todos modos aun tienes ahí un poco de diversión- dijo señalándome
- que dices si esta aterrorizado- dijo Jared y no se equivocaba. No obstante algo despertó dentro de mí. No sé si fue por la situación o la razón, pero me puse en pose de lucha ante mis agresores. No pensaba en ganar. Bueno, más bien no pensaba.
- o, pero sí parece que tiene agallas- dijo en tono burlón mientras abría un libro que traía en las manos- Mike nos está desafiando-
- ¿Cómo conoces mi nombre?- pregunté desafiante.
-si quieres saberlo tendrás que sobrevivir al menos cinco minutos- contesto mientras leía. En ese momento, Orión se acerco a mí y a pocos metros levanto su puño derecho con intención de golpearme.
-veamos de que pasta estas hecho-
Demostraba que sus músculos no eran de adorno en el golpe, pero no era muy rápido. Fácilmente esquive el impacto desplazándome ligeramente hacia el exterior de su puño y respondí con un fuerte rodillazo en el estomago. Sin embargo, no pereció importarle demasiado ya que con las mismas me golpeo con el brazo estirado lanzándome contra la pared. Por suerte pude cubrirme a tiempo, pero se presentaba un problema mayor, tenía que aguantar al menos tres minutos y en los doce primeros segundos ya me dolía todo el cuerpo. Me levante como pude y corrí hasta detrás del escritorio.
-a donde fue todo el coraje de hace un momento- se burlo Orión
No obstante, no estaba huyendo buscaba el abrecartas.
-estas preparado, a partir de este momento voy en serio- dije superado por la soberbia.
-estoy esperando-
Me lance hacia el con intenciones de clavarle el abrecartas. A medio metro de él comenzó a lanzar puñetazos, primero derecha, luego izquierda; pero que yo los esquivaba fácilmente. Tras esto le golpee lo mas fuerte que pude en el estomago, lo que le hizo caer de rodillas. Ese era mi momento alce el abrecartas sin intención de matarlo, pero si de dejarlo fuera de combate. Apuntaba al hombro, no obstante, me encontré una dura resistencia al impactar. Desde donde estaba era incapaz de ver a lo que le había dado.
Mi confusión fue aprovechada por Orión que puso la mano en el pecho con un golpe tan seco que retrocedí varios metros. Todo asta ese momento había superado la ficción, pero lo que vi cuando abrí los ojos no era posible en el mundo que vivía. Orión se levantaba lentamente con la piel de un color metálico. Al ver mi cara de sorpresa sonrío y dijo:
-¿Qué ocurre nunca habías luchado contra un hombre de acero?-
Debía de estar bromeando, he oído de durezas en la piel, pero eso era demasiado. ”Y que mas da si es de acero, lo que importa en este momento es sobrevivir así que deja de hacer el tonto y piensa algo” me repetía una y otra vez al verme acorralado. No podía con tanta presión; de repente note un dolor agudo en el estómago que me obligó a bajar la cabeza y… ¡Zas! lo que vi me encendió la bombilla.
-te crees muy chulo por haberte pasado con el hierro en las comidas- me burle mientras recogía el abrecartas y la cuerda con la que no habían atado al inspector Steve y a mí del suelo. Mediría metro y medio aproximadamente. Además, aproveche y guarde el abrecartas en mi bolsillo.
-parece que todavía tienes esperanza, mejor eso lo ara mas divertido-
Orión, tras decir esto salio disparado hacia donde yo estaba. Al verle salte sobre el escritorio y me preparé. El movió el brazo con intención de darme un puñetazo, sin embargo, sus movimientos eran más lentos que antes. Quizás por el peso extra. Con ayuda de la altura de más puse mi palma derecha sobre su muñeca. La usé de apoyo para saltar por encima de él, recordemos que me llevaba unos 30 CM en altura, y aproveché el momento para enrollarle la cuerda al cuello.
-¿Qué intentas, ahorcarme?, te recuerdo que mi cuello es de acero-
Le ignore y jale con todas mis fuerzas de la cuerda desenroscándola. El se dio la vuelta con intención de golpearme con una patada y de nuevo, usando esta vez su pierna de apoyo, volví a enroscarle la cuerda al cuello; pero esta me utilice su cuerpo para saltar hacia detrás mientras tiraba da la cuerda.
El volvió con el mismo ímpetu que las veces anteriores y con las mismas intenciones, mas yo seguía repitiendo la misma operación. A la sexta me pare a varios metros de el y le dije desafiante.
-que, algún último deseo-
-maldito bastardo, como te pillé te vas a enterar-
-Tu mismo-
Saqué el abrecartas del bolsillo y corrimos los dos hacia nuestro encuentro.
De nuevo preparo su puño. Esta vez al estirarlo lo esquive agachándome, salte intentando de nuevo clavarle el abrecartas en el cuello. Sin embargo, a pocos centímetros, una espada de color negro atravesó mi antebrazo haciéndome volar con la inercia hasta que esta se clavo en la pared dejándome colgando. Solté un grito agudo y mire a Jared, el culpable de aquello.
- ¿que coño haces Jared?, se supone que era mío- grito Orión.
-lo siento pero han pasado los tres minutos- dijo mientras soltaba una sonrisa de niño malo- además, no puedo dejar que te mate-
-¿matarme, y como iba a hacer eso este niñato?-
-la verdad que a mi también me ha sorprendido. ¿Qué nivel de estudios tienes, Orión?-
-¿y eso a que viene ahora?-
-Orión, ¿Qué le ocurre a algo al frotarlo?-
-déjate de juegos-
-esta bien. Cuando frotas dos objetos, estos se calientan y, además, ¿sabes que le ocurre al metal cuando se calienta? Pues que se ablanda.
Si hubiera le hubiera dejado asestarte ese ultimo golpe con el abre cartas lo mas seguro hubiera sido que te habría atravesado la piel-
Orión, ante tales argumentos se miro el cuello en los cristales de las ventanas. Su cuello se había tornado de un color rojo chillón. Al darse cuenta de esto salio de la habitación, con cara de enfado, cruzando el rojizo charco que se había formado en la puerta con la sangre de Steve. Tras esto Jared le hizo una señal a Sully a lo que ella salio de la habitación.
- parece que nos han dejado solos – dijo Jared mientras se apoyaba en el mango de la espada que me mantenía pegado a la pared. Se acercó a mi cara y me sujeto la barbilla- como has pasado los minutos te contestare a una pregunta, pero piénsala bien; de ella depende tu futuro.-
Me reí un poco, al menos iban a satisfacer mi curiosidad.
-hace tiempo que me gustaría saber ¿si esa tal Lara tiene novio?-
Me soltó y empezó a reír a carcajada pura.
-tienes estilo, me gusta eso. ¿Te apetecería un viaje?-me preguntó
- es que me dejas entre la espada y la pared-contesté
Sin parar de reír saco la espada de la pared a lo que me caí al suelo quedando sentado contra la pared. Se agachó delante de mí y apuntándome con la espada a la garganta dijo:
-espero que volvamos a vernos-
-no me asusta, me preocupa, ¿no te das cuenta de lo que tienes escrito aquí? Es una nota de asesinato.-
- lo sé.- admití mientras bajaba la cabeza.
- Esta no es tu responsabilidad, si quieres acabar con esa secta solo tienes que decirle lo que sabes a la policía-
- ¿y qué pruebas tengo de ello?, es mi palabra contra la suya-
-la policía no es idiota lo investigaran primero-
-y antes de que los detengan cuanta gente habrán matado, los problemas hay que cortarlos de raíz-
- te das cuenta de lo que estás diciendo, ¿vas a asesinar para evitar asesinatos?-
- no puedo permanecer más tiempo en las sombras- dije mientras cerraba la puerta de mi habitación.
-y yo no puedo permitir que arruines tu vida- susurro mientras al apoyarse en la puerta que acababa de cerrar.
Esa noche no dormí. Estoy en lo correcto me repetía una y otra vez. Por la mañana estaba exhausto, pero saque fuerzas de flaqueza y me levante. Tenía que ir a trabajar. Al levantarme e ir a la cocina no vi a Lucas, ya habría salido. Últimamente no le había visto mucho, el espionaje me quitaba mucho tiempo. Me prepare como todos los días y salí hacia el restaurante de Leonardo. Cuando llegué era como siempre, un gran saludo en la puerta y una agradable invitación a entrar. Sin embargo algo faltaba, Lucas no había ido hoy a trabajar. Era bastante extraño, normalmente solo faltaba cuando estaba enfermo o me avisaba con anterioridad. Un día tranquilo y como era de esperar aburrido. Pronto llego la hora de comer y yo lo hice lo más rápido que pude. Quería ir a la tienda de fertilizantes a por los ingredientes de la bomba casera que acabaría con todas mis preocupaciones. Hacía tiempo que ya solo podía pensar en la secta del falcon kiss. El tiempo pasó volando y ya era el momento de ir a vigilarla. Cuando llegué todo estaba donde lo había dejado, pero era como si hubiera ocurrido algo. Algo estaba mal. Intente ignorarlo y me dedique a lo de cada día. Uno a uno fueron llegando los miembros de la banda. Yo, estaba tan absorto lo que ocurría delante de mí que no oí quien estaba detrás hasta que me golpeo en el cuello.
-¡ay, inspector Steve!- exclamé- ¿a que ha venido esa colleja?-
-que es eso de tomarte la justicia por tu mano- dijo con enfado- Lucas me lo ha contado todo, así que no te preocupes que todo acabara esta noche-
-¿Qué quiere decir?-
-el asesinato que narras en tu cuaderno aparece en una cámara de seguridad lo que nos lleva a pensar que todo lo que cuentas en el es cierto-
Mi cara de asombro solo era superada por mi sentimiento de estupidez. Nunca me había fijado en que era una zona industrial, y como tal, contaba con un moderno sistema de vigilancia.
Cogí los prismáticos y vi a varios policías rodeando la nave industrial. Era una patrulla de uno quince hombres, ¿y querían arrestar a 10? No obstante, algo salió mal. Por uno de los micrófonos se oyó la vos de Lara”tenemos compañía”
-¿ha oído eso?- pregunte a Steve- rápido dígale a sus hombres que salgan de ahí- Steve me miro algo incrédulo y se acerco a la ventana sin hacerme ningún caso.
Tal y como predije. De repente escuche un ruido que ya había escuchado antes y me traía malos recuerdos. Era el arma de Sully. El disparo provenía del interior, había atravesado la pared e impactado en uno de los protectores de la ley. ¿Cómo sabía que estaba allí? Cuatro del grupo saltaron hacia fuera rompiendo las ventanas con algo más que malas intenciones.
-rápido, debo ayudarles- grito Steve mientras se precipitaba escaleras abajo. Salí corriendo detrás de él, intentando detenerle. Si salía ahí afuera lo más probable era que acabara muerto. Le alcancé antes de que abriera la puerta, pero ya era tarde. No sé cómo, pero la puerta se abrió de golpe, no de una forma normal sino rompiendo las bisagras, golpeándonos a mí y a Steve. Ni siquiera recuerdo haber caído al suelo. Quede instantáneamente inconsciente a causa del golpe.
Me desperté con las manos atadas a la espalda en el suelo en una gran habitación con solamente una ventana. Intente moverme y fue entonces cuando me di cuenta que no estaba solo. El inspector Steve estaba amarrado de la misma forma a mi espalda de tal manera que estábamos con las manos atadas por la misma cuerda. A parte de nosotros no había nadie más en la habitación.
- inspector, ¿está despierto? – pregunté
-si- respondió casi de forma instantánea- llevo un rato pensando cómo salir de aquí-
- y que, ¿ninguna idea?, ¿y su pistola?-
- ¿tú no eres muy listo no?, como me van a dejar solo con el arma. Se han llevado tolo lo que llevaba-
-y por cierto, ¿Cómo se encuentra?-
-¿Qué clase de pregunta es esa en un momento como este?-
-no, me refiero que si puede caminar-
-por supuesto que sí, niño, estás hablando con un policía de elite-
-lo que usted diga, pero apóyese en mi espalda para poder levantarnos-
Poco a poco fuimos subiendo hasta incorporarnos por completo lo que me permitió ver la habitación desde otra perspectiva. Ahora que la veía bien parecía bastante lujosa, parqué en el suelo, una gran lámpara en el techo, un gran escritorio con su silla de oficina y un majestuoso sofá en el centro.
-¿Dónde crees que estamos?- me pregunto Steve.
-ni idea, usted es el policía- dije intentando relajar el ambiente con una broma, pero no tuvo el efecto deseado. Más bien lo contrario. Me di cuenta de que estábamos en lugar desconocido seguramente y seguramente no muy lejos andaban nuestros raptores.
-rápido allí- dije señalando con la cabeza el escritorio- quizás allá algo que nos permita cortar las cuerdas-
Lo alcanzamos a duras penas, era muy difícil caminar de aquella manera, y empezamos a rebuscar en los cajones como podíamos. Pronto hallamos un pequeño abrecartas con el que pudimos librarnos de nuestras ataduras.
-muy buena, choca esas cinco- dije alegre al verme libre, pero solo obtuve de respuesta una mirada que gritaba “niñato”- bien, ¿y ahora qué?-
-podríamos esperar a que venga alguien o intentar salir por esa puerta- dijo mirando la única salida que podíamos alcanzar ya que de la ventana se veía que nos encontrábamos en un segundo piso.
- yo voto por la puerta- contesté.
Llegamos a la puerta y Steve me aparto con el brazo cuando estaba a punto de abrirla.
-puede que nos estén esperando al otro lado, quédate detrás de mí-
Entonces empezó a girar el pomo. De pronto un ruedo seco hizo que Steve se desplomara. Mire la puerta y vi un pequeño hueco y al bajar la vista comprendí lo sucedido. Alguien acababa de disparar en la cabeza a Steve.
-¡mierda!- grite entrando en pánico que me llevo a retroceder.
Se abrió la puerta venciendo la resistencia del cuerpo inerte en el piso.
-esto seguro que va a dejar mancha en el suelo- se trataba de Orión y tras el entraron Sully y Jared.
-¿pero qué has hecho?- pregunto dirigiéndose a Sully
-intentaban escapar- respondió con tal frialdad que se me heló la sangre- de todos modos aun tienes ahí un poco de diversión- dijo señalándome
- que dices si esta aterrorizado- dijo Jared y no se equivocaba. No obstante algo despertó dentro de mí. No sé si fue por la situación o la razón, pero me puse en pose de lucha ante mis agresores. No pensaba en ganar. Bueno, más bien no pensaba.
- o, pero sí parece que tiene agallas- dijo en tono burlón mientras abría un libro que traía en las manos- Mike nos está desafiando-
- ¿Cómo conoces mi nombre?- pregunté desafiante.
-si quieres saberlo tendrás que sobrevivir al menos cinco minutos- contesto mientras leía. En ese momento, Orión se acerco a mí y a pocos metros levanto su puño derecho con intención de golpearme.
-veamos de que pasta estas hecho-
Demostraba que sus músculos no eran de adorno en el golpe, pero no era muy rápido. Fácilmente esquive el impacto desplazándome ligeramente hacia el exterior de su puño y respondí con un fuerte rodillazo en el estomago. Sin embargo, no pereció importarle demasiado ya que con las mismas me golpeo con el brazo estirado lanzándome contra la pared. Por suerte pude cubrirme a tiempo, pero se presentaba un problema mayor, tenía que aguantar al menos tres minutos y en los doce primeros segundos ya me dolía todo el cuerpo. Me levante como pude y corrí hasta detrás del escritorio.
-a donde fue todo el coraje de hace un momento- se burlo Orión
No obstante, no estaba huyendo buscaba el abrecartas.
-estas preparado, a partir de este momento voy en serio- dije superado por la soberbia.
-estoy esperando-
Me lance hacia el con intenciones de clavarle el abrecartas. A medio metro de él comenzó a lanzar puñetazos, primero derecha, luego izquierda; pero que yo los esquivaba fácilmente. Tras esto le golpee lo mas fuerte que pude en el estomago, lo que le hizo caer de rodillas. Ese era mi momento alce el abrecartas sin intención de matarlo, pero si de dejarlo fuera de combate. Apuntaba al hombro, no obstante, me encontré una dura resistencia al impactar. Desde donde estaba era incapaz de ver a lo que le había dado.
Mi confusión fue aprovechada por Orión que puso la mano en el pecho con un golpe tan seco que retrocedí varios metros. Todo asta ese momento había superado la ficción, pero lo que vi cuando abrí los ojos no era posible en el mundo que vivía. Orión se levantaba lentamente con la piel de un color metálico. Al ver mi cara de sorpresa sonrío y dijo:
-¿Qué ocurre nunca habías luchado contra un hombre de acero?-
Debía de estar bromeando, he oído de durezas en la piel, pero eso era demasiado. ”Y que mas da si es de acero, lo que importa en este momento es sobrevivir así que deja de hacer el tonto y piensa algo” me repetía una y otra vez al verme acorralado. No podía con tanta presión; de repente note un dolor agudo en el estómago que me obligó a bajar la cabeza y… ¡Zas! lo que vi me encendió la bombilla.
-te crees muy chulo por haberte pasado con el hierro en las comidas- me burle mientras recogía el abrecartas y la cuerda con la que no habían atado al inspector Steve y a mí del suelo. Mediría metro y medio aproximadamente. Además, aproveche y guarde el abrecartas en mi bolsillo.
-parece que todavía tienes esperanza, mejor eso lo ara mas divertido-
Orión, tras decir esto salio disparado hacia donde yo estaba. Al verle salte sobre el escritorio y me preparé. El movió el brazo con intención de darme un puñetazo, sin embargo, sus movimientos eran más lentos que antes. Quizás por el peso extra. Con ayuda de la altura de más puse mi palma derecha sobre su muñeca. La usé de apoyo para saltar por encima de él, recordemos que me llevaba unos 30 CM en altura, y aproveché el momento para enrollarle la cuerda al cuello.
-¿Qué intentas, ahorcarme?, te recuerdo que mi cuello es de acero-
Le ignore y jale con todas mis fuerzas de la cuerda desenroscándola. El se dio la vuelta con intención de golpearme con una patada y de nuevo, usando esta vez su pierna de apoyo, volví a enroscarle la cuerda al cuello; pero esta me utilice su cuerpo para saltar hacia detrás mientras tiraba da la cuerda.
El volvió con el mismo ímpetu que las veces anteriores y con las mismas intenciones, mas yo seguía repitiendo la misma operación. A la sexta me pare a varios metros de el y le dije desafiante.
-que, algún último deseo-
-maldito bastardo, como te pillé te vas a enterar-
-Tu mismo-
Saqué el abrecartas del bolsillo y corrimos los dos hacia nuestro encuentro.
De nuevo preparo su puño. Esta vez al estirarlo lo esquive agachándome, salte intentando de nuevo clavarle el abrecartas en el cuello. Sin embargo, a pocos centímetros, una espada de color negro atravesó mi antebrazo haciéndome volar con la inercia hasta que esta se clavo en la pared dejándome colgando. Solté un grito agudo y mire a Jared, el culpable de aquello.
- ¿que coño haces Jared?, se supone que era mío- grito Orión.
-lo siento pero han pasado los tres minutos- dijo mientras soltaba una sonrisa de niño malo- además, no puedo dejar que te mate-
-¿matarme, y como iba a hacer eso este niñato?-
-la verdad que a mi también me ha sorprendido. ¿Qué nivel de estudios tienes, Orión?-
-¿y eso a que viene ahora?-
-Orión, ¿Qué le ocurre a algo al frotarlo?-
-déjate de juegos-
-esta bien. Cuando frotas dos objetos, estos se calientan y, además, ¿sabes que le ocurre al metal cuando se calienta? Pues que se ablanda.
Si hubiera le hubiera dejado asestarte ese ultimo golpe con el abre cartas lo mas seguro hubiera sido que te habría atravesado la piel-
Orión, ante tales argumentos se miro el cuello en los cristales de las ventanas. Su cuello se había tornado de un color rojo chillón. Al darse cuenta de esto salio de la habitación, con cara de enfado, cruzando el rojizo charco que se había formado en la puerta con la sangre de Steve. Tras esto Jared le hizo una señal a Sully a lo que ella salio de la habitación.
- parece que nos han dejado solos – dijo Jared mientras se apoyaba en el mango de la espada que me mantenía pegado a la pared. Se acercó a mi cara y me sujeto la barbilla- como has pasado los minutos te contestare a una pregunta, pero piénsala bien; de ella depende tu futuro.-
Me reí un poco, al menos iban a satisfacer mi curiosidad.
-hace tiempo que me gustaría saber ¿si esa tal Lara tiene novio?-
Me soltó y empezó a reír a carcajada pura.
-tienes estilo, me gusta eso. ¿Te apetecería un viaje?-me preguntó
- es que me dejas entre la espada y la pared-contesté
Sin parar de reír saco la espada de la pared a lo que me caí al suelo quedando sentado contra la pared. Se agachó delante de mí y apuntándome con la espada a la garganta dijo:
-espero que volvamos a vernos-
miércoles, 31 de marzo de 2010
Capitulo 3: Vigilancia
Día 1:
Por un casual del destino he visto a Lara es la calle. No pensaba que la volvería a ver. Era una ocasión que no podía desperdiciar así que decidí seguirla. Me ha conducido hasta una antigua nave industrial donde había una especie de reunión. Ya estoy decidido, voy a descubrir su secreto.
Día 2:
Ya tengo todo lo necesario para espiar el lugar. He conseguido unos prismáticos, he alquilado la nave industrial de enfrente que resulto más barata de lo que pensaba. Vamos que está todo listo sólo tengo que ir cada noche.
Día 3:
Hoy he llegado bastante temprano, lo que me ha permitido ver quién es el que abre el recinto. Se trata de un chico con el pelo anaranjado ni muy largo ni muy corto. No aparentaba más de 20 años y su cara mostraba una clara sonrisa. Era bastante increíble que una persona de ese aspecto anduviera con ese tipo de gente. Era un grupo de diez personas de las cuales tres parecían normales, aunque lo único que podía ver eran sus caras ya que todos llevaban unas largas gabardinas grises. La gente empezó a aparecer alrededor de las nueve y salieron al cabo de una hora.
Día 4:
Hoy empezare a hacer una lista de las personas que se reúnen en el lugar. Quizás así pueda descubrir algo más. Aunque de todos modos no puedo saber lo que ocurre en el interior y la intriga me mata. ¿Y si compro unos micros de estos que usa la policía? Me pregunto cuánto valdrán, bueno, ya lo pensaré.
Día 5:
Los micros e pasan un poco de mi presupuesto, pero cobro mañana así que los comprare. Además no puedo aguantar más. Hay una chica que me intriga.
Siempre lleva un rifle a la espalda lo que da un poco de mal rollo. Ella es una chica no muy alta, rubia y bastante guapa, pero no es mi tipo. Creo que mi trauma con las rubias no está superado aun. Aunque parece un poco frágil se nota que es solo su apariencia ya que el arma que carga no parece de aficionados. Tiene un color azul metalizado y parece que este hecho a medida para ella, no obstante debe de pesar lo suyo. Siempre llega con un tipo que contrasta totalmente con ella. Alto, de piel oscura y se nota que va con frecuencia al gimnasio, incluso llevando la larga gabardina gris. Es más, por su actitud de llevar gafas de sol por la noche deduzco que se trata de una persona muy prepotente.
Día 6:
Ya compre los micros, mañana los colocaré. Lo más a destacar del día es que no han ido ni mis rifle ni míster cachas. A parte de eso ha sido un día delo más normal, eso si me he dado cuenta de que siempre aparecen en parejas. Seguramente se agrupan así.
Día 7:
Al fin puedo enterarme de lo que hablan. Sin embargo no me he enterado de mucho. Parecía una subasta en la que nombraron a varias personas, algunas más conocidas que otras. Cualquiera que lo escuchara pensaría en el terrorismo o en la mafia, pero de todos modos no tengo ni idea de lo quieren o de lo que piensan hacer. En fin, lo único que he podido sacar en claro son unos cuantos nombres. La chica del rifle se llama Sally y su compañero Orión. También el nombre del chico del pelo anaranjado, que parece ser el jefe del grupo, Jared.
Día 8:
Me he informado a cerca de las personas nombradas ayer. Todas tienen un alto poder económico, pero lo más extraño de todo es que la mitad o han desaparecido o han muerto (que lo descubrí, después de buscar varias horas en internet, al poner las noticias). Puede que sea una coincidencia. Es extremadamente difícil que estén relacionados. De todos modos, comprobare si los nombres de hoy coinciden con los de las noticias de mañana por si acaso.
Día 9:
No me lo puedo creer, ha vuelto a pasar. Quizás sea el momento de llamar a la policía, pero me da un poco de rabia. Yo fui quien descubrió toda esa trama y seguro que no me ignoraran de nuevo. Ahora que lo pienso, seguramente ni siquiera me tomen en serio. La última vez también fui ignorado. Paralelamente, también quiero saber lo que ocurre. No hago más que oír cosas extrañas como “cerrar el flujo”. Que no sé en qué consiste, pero si sé que cobran por ello. Bueno, tengo tiempo para pensar en ello.
Día 10:
Hoy tengo nuevas. En primer lugar, el grupo se hace llamar los semimuertos. En segundo lugar, van a tener un invitado mañana. Un tal Doctor Smith. Y por último, ya sé el nombre de la persona que acompaña a Lara. Es un tal Gradar del cual hoy es la primera vez que le he oído hablar. Me recuerda a uno de estos antiguos samuráis.
Día 11:
El día ha empezado como siempre. Se han reunido todos y han esperado al doctor que ha llegado acompañado con su guardaespaldas. Este ha entrado en el edificio después de negociar un poco ha pagado 200.000 euros a cambio de lo que llaman cerrar el flujo. Por lo poco que entendí eso era el primer pago y que debía repetirlo cada diez años. Algo bastante extraño. Que quería decir todo aquello, no hacían más que suceder cosas extrañas y me sentía como si me encontrara en medio de un huracán de dudas, pero no eran nada en comparación de lo que iba a ocurrir. Salieron tres personas del local. El doctor, su guardaespaldas y Jared. Yo no me perdía detalle con los prismáticos. Entonces lo oí. Jared dijo “vera doctor, espero que nuestro trato quede en secreto y por lo tanto no me gustaría que quedara ningún testigo de lo que acaba de ocurrir”. Al acabar de decir esto se dio la vuelta y a su vez salió por la puerta Sully. Sully en un instante salto sobre el guardaespaldas apoyando su pie derecho en el pecho de este produciendo que perdiera el equilibrio. Sully, ayudada por la gravedad, quedo de pie sobre el pecho del pobre hombre que aun estaba conmocionado por el golpe. Ella no dudo. Tiro de la correa que mantenía el rifle colgado de su espalda hasta acomodarlo a su hombro, apunto a la cabeza del que se encontraba en el suelo dejando el cañón a menos de cinco centímetros y disparó. Esto provoco un geiser de sangre que mancho la ropa de Sully, aunque no parecía importarle y ademas desato un estado de pánico en el doctor que no alcanzaba a correr todo lo que quería.
¿Qué acababa de ocurrir?, ¿era real? Es la segunda vez que presencio un asesinato. Y que voy a hacer, supongo que tendré que pensarlo. De lo único que estoy seguro en estos momentos es que tengo que hacer algo.
Día 12:
el cuerpo ya no está y parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero no es así. Yo vi lo que vi y no me voy a estar quieto, tengo que detener a esta gente.
Día 13:
Se acabo lo de observar desde lejos, tengo que involucrarme, y no puedo llamar a la policía. Después de ver como acababa una chica de 50 kilos con un matón de 110 no creo que puedan hacer mucho contra ellos. Además, seguro que intentaran simplemente detenerlos y no pienso dejar que muera más gente y cada día cuenta.
Día 14:
Es el momento de combatir el fuego con fuego. Ya sé lo que haré. Voy a matarlos. Puede que no sea lo más correcto, pero sí que es la mejor opción que veo. Una bomba no creo que sea tan difícil de hacer.
Por un casual del destino he visto a Lara es la calle. No pensaba que la volvería a ver. Era una ocasión que no podía desperdiciar así que decidí seguirla. Me ha conducido hasta una antigua nave industrial donde había una especie de reunión. Ya estoy decidido, voy a descubrir su secreto.
Día 2:
Ya tengo todo lo necesario para espiar el lugar. He conseguido unos prismáticos, he alquilado la nave industrial de enfrente que resulto más barata de lo que pensaba. Vamos que está todo listo sólo tengo que ir cada noche.
Día 3:
Hoy he llegado bastante temprano, lo que me ha permitido ver quién es el que abre el recinto. Se trata de un chico con el pelo anaranjado ni muy largo ni muy corto. No aparentaba más de 20 años y su cara mostraba una clara sonrisa. Era bastante increíble que una persona de ese aspecto anduviera con ese tipo de gente. Era un grupo de diez personas de las cuales tres parecían normales, aunque lo único que podía ver eran sus caras ya que todos llevaban unas largas gabardinas grises. La gente empezó a aparecer alrededor de las nueve y salieron al cabo de una hora.
Día 4:
Hoy empezare a hacer una lista de las personas que se reúnen en el lugar. Quizás así pueda descubrir algo más. Aunque de todos modos no puedo saber lo que ocurre en el interior y la intriga me mata. ¿Y si compro unos micros de estos que usa la policía? Me pregunto cuánto valdrán, bueno, ya lo pensaré.
Día 5:
Los micros e pasan un poco de mi presupuesto, pero cobro mañana así que los comprare. Además no puedo aguantar más. Hay una chica que me intriga.
Siempre lleva un rifle a la espalda lo que da un poco de mal rollo. Ella es una chica no muy alta, rubia y bastante guapa, pero no es mi tipo. Creo que mi trauma con las rubias no está superado aun. Aunque parece un poco frágil se nota que es solo su apariencia ya que el arma que carga no parece de aficionados. Tiene un color azul metalizado y parece que este hecho a medida para ella, no obstante debe de pesar lo suyo. Siempre llega con un tipo que contrasta totalmente con ella. Alto, de piel oscura y se nota que va con frecuencia al gimnasio, incluso llevando la larga gabardina gris. Es más, por su actitud de llevar gafas de sol por la noche deduzco que se trata de una persona muy prepotente.
Día 6:
Ya compre los micros, mañana los colocaré. Lo más a destacar del día es que no han ido ni mis rifle ni míster cachas. A parte de eso ha sido un día delo más normal, eso si me he dado cuenta de que siempre aparecen en parejas. Seguramente se agrupan así.
Día 7:
Al fin puedo enterarme de lo que hablan. Sin embargo no me he enterado de mucho. Parecía una subasta en la que nombraron a varias personas, algunas más conocidas que otras. Cualquiera que lo escuchara pensaría en el terrorismo o en la mafia, pero de todos modos no tengo ni idea de lo quieren o de lo que piensan hacer. En fin, lo único que he podido sacar en claro son unos cuantos nombres. La chica del rifle se llama Sally y su compañero Orión. También el nombre del chico del pelo anaranjado, que parece ser el jefe del grupo, Jared.
Día 8:
Me he informado a cerca de las personas nombradas ayer. Todas tienen un alto poder económico, pero lo más extraño de todo es que la mitad o han desaparecido o han muerto (que lo descubrí, después de buscar varias horas en internet, al poner las noticias). Puede que sea una coincidencia. Es extremadamente difícil que estén relacionados. De todos modos, comprobare si los nombres de hoy coinciden con los de las noticias de mañana por si acaso.
Día 9:
No me lo puedo creer, ha vuelto a pasar. Quizás sea el momento de llamar a la policía, pero me da un poco de rabia. Yo fui quien descubrió toda esa trama y seguro que no me ignoraran de nuevo. Ahora que lo pienso, seguramente ni siquiera me tomen en serio. La última vez también fui ignorado. Paralelamente, también quiero saber lo que ocurre. No hago más que oír cosas extrañas como “cerrar el flujo”. Que no sé en qué consiste, pero si sé que cobran por ello. Bueno, tengo tiempo para pensar en ello.
Día 10:
Hoy tengo nuevas. En primer lugar, el grupo se hace llamar los semimuertos. En segundo lugar, van a tener un invitado mañana. Un tal Doctor Smith. Y por último, ya sé el nombre de la persona que acompaña a Lara. Es un tal Gradar del cual hoy es la primera vez que le he oído hablar. Me recuerda a uno de estos antiguos samuráis.
Día 11:
El día ha empezado como siempre. Se han reunido todos y han esperado al doctor que ha llegado acompañado con su guardaespaldas. Este ha entrado en el edificio después de negociar un poco ha pagado 200.000 euros a cambio de lo que llaman cerrar el flujo. Por lo poco que entendí eso era el primer pago y que debía repetirlo cada diez años. Algo bastante extraño. Que quería decir todo aquello, no hacían más que suceder cosas extrañas y me sentía como si me encontrara en medio de un huracán de dudas, pero no eran nada en comparación de lo que iba a ocurrir. Salieron tres personas del local. El doctor, su guardaespaldas y Jared. Yo no me perdía detalle con los prismáticos. Entonces lo oí. Jared dijo “vera doctor, espero que nuestro trato quede en secreto y por lo tanto no me gustaría que quedara ningún testigo de lo que acaba de ocurrir”. Al acabar de decir esto se dio la vuelta y a su vez salió por la puerta Sully. Sully en un instante salto sobre el guardaespaldas apoyando su pie derecho en el pecho de este produciendo que perdiera el equilibrio. Sully, ayudada por la gravedad, quedo de pie sobre el pecho del pobre hombre que aun estaba conmocionado por el golpe. Ella no dudo. Tiro de la correa que mantenía el rifle colgado de su espalda hasta acomodarlo a su hombro, apunto a la cabeza del que se encontraba en el suelo dejando el cañón a menos de cinco centímetros y disparó. Esto provoco un geiser de sangre que mancho la ropa de Sully, aunque no parecía importarle y ademas desato un estado de pánico en el doctor que no alcanzaba a correr todo lo que quería.
¿Qué acababa de ocurrir?, ¿era real? Es la segunda vez que presencio un asesinato. Y que voy a hacer, supongo que tendré que pensarlo. De lo único que estoy seguro en estos momentos es que tengo que hacer algo.
Día 12:
el cuerpo ya no está y parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero no es así. Yo vi lo que vi y no me voy a estar quieto, tengo que detener a esta gente.
Día 13:
Se acabo lo de observar desde lejos, tengo que involucrarme, y no puedo llamar a la policía. Después de ver como acababa una chica de 50 kilos con un matón de 110 no creo que puedan hacer mucho contra ellos. Además, seguro que intentaran simplemente detenerlos y no pienso dejar que muera más gente y cada día cuenta.
Día 14:
Es el momento de combatir el fuego con fuego. Ya sé lo que haré. Voy a matarlos. Puede que no sea lo más correcto, pero sí que es la mejor opción que veo. Una bomba no creo que sea tan difícil de hacer.
jueves, 25 de marzo de 2010
Capítulo 2: muerte, desaparición y obsesión.
Ya tenia 17 años y uno de experiencia como camarero. No ganaba un gran sueldo pero el dueño me permitía comer gratis cada día. El local estaba en el centro de la ciudad, aunque no era muy grande. En ese momento trabajamos seis personas de las cuales yo solo conocía a dos ya que trabajaba a media jornada. De lunes a viernes por la mañana, parecía que todavía estuviese estudiando. Mi jefe se llamaba Leonardo. Es la típica persona muy amigable que no sabe el significado de espacio vital. Sin embargo era una buena persona. Intentaba pensar que lo hacia sin darse cuenta. Lo único que me desagradaba de él era que, cada mañana al llegar, aun medio dormido, ¡ala! Abrazo del oso. Además, el era un aficionado a la cocina y esto se veía reflejado en su cuerpo. En ocasiones llegué a pensar que lo hacia para despertarnos. A mí y a Lucas. Lucas era mi compañero de trabajo y piso. Le conocí en mi época de instituto. Es una de esas personas que no sabes como empezasteis a ser amigos, pero que ahora sois inseparables. En cuanto a su personalidad, era difícil de describir. Era tímido pero sin serlo. O sea, le daba vergüenza hablar con la gente, pero se obligaba a hacerlo. Eso le daba un toque extraño que le convertía en la persona más popular que he conocido.
Era lunes y como siempre un día muy largo. Un día en el que solamente acudieron dos clientes y porque eran clientes habituales. Lo que en definitiva se puede considerar un día aburrido. Pronto llego la hora de comer. Hoy le tocaba preparar a Leonardo la comida y como no preparo el plato especial del día “arroz de quinta”, que no era otra cosa que cinco clases diferentes de arroces cocinados y mezclados.
La plática de sobremesa giraba en torno al nuevo plato que Lucas había creado. Mi interés por ello era mas bien nulo. Había algo en la ventana que llamaba mi atención. Una jovencita, bueno puede que no tan jovencita tendría al rededor de veinte años, estaba ayudando a un anciano a cruzar la calle. De pronto mi cerebro colapsó. Tardé un poco en asimilar lo que acababa de ocurrir. Cuando la pareja estaban llegando a la mitad del paso para peatones un camión pasó a gran velocidad dejando a su paso una ligera bruma roja. Por fin reaccioné. Me levante de golpe asustando a todas las personas que se encontraban en el restaurante. Señale la ventana.
-¿habéis visto eso?- pregunte
-¿el que?- contesto Lucas.
Pero no podía estar perdiendo el tiempo, puede que haya supervivientes. Salí lo más rápido que pude rodeando el camión y al llegar a la parte delantera una intensa arcada recorrió mi cuerpo. El cuerpo inerte del anciano se había incrustado en el parachoques. Me di la vuelta y vomite. Cuando pude lidiar con ello me encontré una multitud de curiosos que habían formado un corro alrededor del accidente. Entre ellos estaba Lucas quien reacciono de forma parecida a la mía. Con tanto ajetreo no me había fijado en un hecho importante. No estaba el cadáver de la chica. Me acerque a la gente del corro.
- ¿alguien ha visto a la chica que iba con él?- nadie respondió.
-¿Estas seguro de que no te lo has imaginado?- me pregunto Lucas.
- claro que no estoy completamente seguro de haberla visto-
- si pero aquí no hay ninguna chica-
- Quizás no ha muerto-
-¿y por que no esta aquí?-
- pues porque se debió de asustar-
Lucas no parecía muy convencido con mis explicaciones, pero ni siquiera yo estaba seguro de lo que estaba diciendo. Es más, nada mas decirlo me daba cuenta de lo ilógico que era.
No tardo mucho en llegar la policía que buscó todos los testigos que pudo, solo yo había presenciado el accidente, y acordonó la zona. Un tal Steve se encargaba del asunto. Me llevaron a comisaría y tras esperar quince minutos para que me tomaran declaración entro Steve.
-hola Mike, me llamo Steve-dijo intentando ser amable-por lo que he descubierto usted es el único que presencio los hechos-
-si, mas o menos-
-¿Qué quiere decir?-
- vera, yo estaba en el restaurante de enfrente, “el delfín rojo”, comiendo. Como trabajo allí me sale gratis. Miraba por la ventan, fijándome en como muna chica ayudaba al fallecido a cruzar. Entonces un coche cruzo a la vez que pasaba el camión que solo me dejo ver la sangre esparcida por el impacto.-
- ¿y donde esta esa chica?-
- no lo sé, desapareció tras el accidente- al oír esto Steve me miro desconfiado.
- no te preocupes, has sido de gran ayuda, buscaremos a esa chica- pero yo sabia que no pensaba lo mismo que decía. Como se iba a creer algo que ni yo mismo podía. Llegué tarde a mi apartamento, con tanto ajetreo ya eran las once. Lucas no había llegado. ¿Qué estaría haciendo? Bueno, no importaba, la cama me esperaba.
A la mañana siguiente me encontraba mas despejado. Todo lo que había pasado el día anterior parecía un sueño. Puede que solo fuese eso un sueño, aunque mejor que no. Si hubiera sido un sueño estaría llegando tarde a trabajar.
-Lucas, ¿estás hay?-
-si, llegue un poco tarde anoche, a al vecina le apetecía un poco de marcha-
-dios dime que no has dicho lo que creo-
-lo siento, uno a de ayudar a la vecindad- dijo asomándose a la puerta de mi habitación.
-yo en la comisaría y tú moviendo la cadera- solté una pequeña carcajada-eres un cabrón-
- jajaja, es el karma amigo mío-
-pues preséntamelo que quiero tener una charla con él-
Me levanté y el salio en dirección a la cocina.
-¿Qué quieres desayunar?- preguntó desde la cocina
- ¿qué tal huevos revueltos y unas crepes?-
-¿Qué tienes pensado?, ¿correr una maratón?-
-no, -. Salí al comedor, ya vestido.- voy a buscar a la chica de ayer-
- todavía estas con eso-
-si, estoy seguro de lo que vi-
-esta bien, pero no te obsesiones demasiado-
- vale papá- vacilé
Desayunamos y se fue.
-bien, es hora de ponerse en marcha- pensé en voz alta mientras me dirigía al ordenador.- lo primero es saber que dicen las noticias de este asunto.- Según contaban el conductor iba bebido y se le acusara de homicidio en primer grado, pero nada acerca de mi chica. Era el momento de salir a la calle. Pase por la comisaría de nuevo. Quería hablar de nuevo con Steve y como no podía ser de otra manera a esperar de nuevo. Estaba en la sala de espera fijándome en las fotos de personas desaparecidas y allí estaba. Lara Herrera. La chica del accidente, no obstante algo no cuadraba. Según el cartel había desaparecido en 1921 lo que significaría que tenía más de 80 años. Lo que ni siquiera el fallecido. Quizás era simplemente un familiar o la hija de la desaparecida, que obviamente ya la habían encontrado.
-Mike- llamo la señorita del mostrador.-el sargento Steve le espera-
Entre al despacho. Steve estaba sentado tras una gran mesa de papeles.
-¿ha recordado algo?-
- la verdad es que no- dije sacando el cartel de mi bolsillo- pero es esta la chica, o al menos se le parece bastante-
Le dio un vistazo y me miro como a un loco:
-esta desaparición es del 1921-
-si, lo se, pero podría tratarse de un familiar-
-eso ciertamente es imposible. Mi padre fue quien se encargo de ese caso y nunca la llegaron a encontrar. Fue el único caso que mi padre fue incapaz de resolver y me contaba la historia cada noche, mire si se queda mas tranquilo lo investigare-dijo mientras se levantaba y abría la puerta.
-esta bien, pero avíseme si descubre algo-
-si, que si- dijo casi dándome empujones para que saliera.
Bueno, por lo menos el viaje no había sido en vano, aunque sabía que me habían ignorado de nuevo. Salí y me fui a casa. Al entrar vi a Lucas en el sofá, estirado, viendo la tele.
-¿Dónde has estado?- preguntó
-He ido a ver al policía que se encarga del accidente de ayer-
-Todavía con eso, deberías olvidarte de todo ese rollo. Si es cierto lo que viste da muy mal rollo-
-Pero no puedo quitármelo de la cabeza. Además,- dije enseñándole el cartel de Lara-mira lo que he encontrado.
- ¿es la chica que viste?-
-Si, el problema es la fecha-
Me miro con cara de preocupación y añadió
-tú verás lo que haces-
El resto del día me dedique a buscar información sobre Lara y cada dato nuevo sobre ella me hacia avanzar mas. La historia que se iba formando era demasiado triste. Con tres años había perdido a su padre en un accidente de tren. Cuando cumplió los 19, dos días antes de su desaparición, su madre había muerto asesinada. Lo que encontré después ya parecía sacado de una película de terror. Su retrato había aparecido en varios sucesos catastróficos, accidentes de coche, robos acabados en asesinatos…. En todas las ocasiones alguien juraba haberla visto y tras la catástrofe desaparecer. Había quien hablaba de ella como la muerte, otros la veían como un ángel que avisaba de que algo malo iba a ocurrir.
Tan centrado estaba en el ordenador que no me di cuenta de que ya había amanecido hasta que sonó el despertador de Lucas. Tenia que ir a trabajar, pero era demasiado el misterio que rodeaba a esa chica como para dejarlo.
-todavía estas ahí, ¿no as dormido nada?- era Lucas que acababa de levantarse.
-¿E? no, no he podido. La historia de Lara es demasiado interesante-
-bueno, como sea, tienes que ducharte que hoy hay trabajo-
-¿Quién eres mi padre?- dije en tono amenazador. Me molestaba un poco esa actitud de persona protectora. Teníamos la misma edad.
-no, pero me preocupo por ti como si lo fuera-
Guarde silencio. Dijera lo que dijera no podía combatir contra esos argumentos. Me duche rápidamente e intente no dormirme de camino al trabajo que quedaba a dos manzanas del apartamento. Pase el día cayéndome de sueño, así que a la hora del almuerzo decidí echarme una siesta. ¡Y qué siesta! Cuando desperté ya eran las nueve. Me tocaba volver a
casa.de camino iba pensando en lo que había dicho Lucas, ¿era cierto que me estaba obsesionando con el tema? De repente vino a la mente la imagen de las personas que hablaban sobre Lara en internet. Ninguna parecía muy cuerda lo que me asusto. No quería acabar de esa manera. Mi pensar era tan profundo que no percibí la farola que se encontraba delante de mí por lo que el impacto fue desastroso. Caí al suelo de espalda y entonces fue cuando vi a Lara en la acera de al lado. Iba acompañada de un hombre alto con una gran gabardina negra que le proporcionaba aura misteriosa. Un dilema se presentaba ante mí. Seguirles o pasar de todo y continuar mi vida. Mucha gente, tras saber que alrededor de Lara rondaba la muerte, hubiera seguido su camino, pero para mí era demasiado aburrido. Ya era hora de que pasara algo interesante en mi vida. Les seguí hasta una vieja fábrica. Entraron con lo que decidí esconderme. Desde donde estaba era capaz de ver la fachada de la gran nave industrial con un cartel que ponía “falcon kiss”. Esperé un rato allí, procurando no moverme. En esa situación no quería emitir ningún sonido que delatara mi posición. De pronto me puse a pensar en lo que estaba haciendo ¿no emitir ningún sonido? ¿Qué iba a pasar si me descubrían? Me sentí muy estúpido de repente. No obstante todo cambio según empezó a llegar gente. Conté unas veinte personas en total. Todos con la misma gabardina negra. Lo más seguro era que se tratara de una secta, hasta que llego una chica que no solo llevaba la gabardina sino que además portaba un rifle a la espalda. Ahora sí que dudaba de mi seguridad y cuando las cosas se ponen feas hay que desaparecer. Rumbo, mi casa. Tenía el corazón tan acelerado por lo que había descubierto, aunque no sabía lo que era, que tarde apenas cinco minutos en recorrer los tres kilómetros que me separaban de ella.
-¿Dónde has estado?- pregunto Lucas que estaba de nuevo viendo la televisión.
-por ahí, dando una vuelta- no sé porque le mentí, quizás es que no pensaba que me fuera a creer.
Los siguientes días me los pase observando la fábrica. Volvía a tener una rutina, por la mañana trabajo por la tarde dormía, y la noche me la pasaba escondido en el edificio de enfrente a falcon kiss.
Sin embargo, Lucas no comprendía lo que estaba haciendo. Solía discutir conmigo para que lo dejara pero no podía. Era lo más interesante que me había ocurrido en años. Dos semanas después de mi descubrimiento al entrar en mi apartamento.
-tienes que parar ya- era Lucas de nuevo y llevaba un cuaderno en las manos. Yo lo reconocí enseguida. Era el diario de mi “operación de espionaje”.
-sabes que no puedo dejarlo todo a la mitad-
- ¿a, no? Te leo textualmente- dijo abriendo el cuaderno.
Era lunes y como siempre un día muy largo. Un día en el que solamente acudieron dos clientes y porque eran clientes habituales. Lo que en definitiva se puede considerar un día aburrido. Pronto llego la hora de comer. Hoy le tocaba preparar a Leonardo la comida y como no preparo el plato especial del día “arroz de quinta”, que no era otra cosa que cinco clases diferentes de arroces cocinados y mezclados.
La plática de sobremesa giraba en torno al nuevo plato que Lucas había creado. Mi interés por ello era mas bien nulo. Había algo en la ventana que llamaba mi atención. Una jovencita, bueno puede que no tan jovencita tendría al rededor de veinte años, estaba ayudando a un anciano a cruzar la calle. De pronto mi cerebro colapsó. Tardé un poco en asimilar lo que acababa de ocurrir. Cuando la pareja estaban llegando a la mitad del paso para peatones un camión pasó a gran velocidad dejando a su paso una ligera bruma roja. Por fin reaccioné. Me levante de golpe asustando a todas las personas que se encontraban en el restaurante. Señale la ventana.
-¿habéis visto eso?- pregunte
-¿el que?- contesto Lucas.
Pero no podía estar perdiendo el tiempo, puede que haya supervivientes. Salí lo más rápido que pude rodeando el camión y al llegar a la parte delantera una intensa arcada recorrió mi cuerpo. El cuerpo inerte del anciano se había incrustado en el parachoques. Me di la vuelta y vomite. Cuando pude lidiar con ello me encontré una multitud de curiosos que habían formado un corro alrededor del accidente. Entre ellos estaba Lucas quien reacciono de forma parecida a la mía. Con tanto ajetreo no me había fijado en un hecho importante. No estaba el cadáver de la chica. Me acerque a la gente del corro.
- ¿alguien ha visto a la chica que iba con él?- nadie respondió.
-¿Estas seguro de que no te lo has imaginado?- me pregunto Lucas.
- claro que no estoy completamente seguro de haberla visto-
- si pero aquí no hay ninguna chica-
- Quizás no ha muerto-
-¿y por que no esta aquí?-
- pues porque se debió de asustar-
Lucas no parecía muy convencido con mis explicaciones, pero ni siquiera yo estaba seguro de lo que estaba diciendo. Es más, nada mas decirlo me daba cuenta de lo ilógico que era.
No tardo mucho en llegar la policía que buscó todos los testigos que pudo, solo yo había presenciado el accidente, y acordonó la zona. Un tal Steve se encargaba del asunto. Me llevaron a comisaría y tras esperar quince minutos para que me tomaran declaración entro Steve.
-hola Mike, me llamo Steve-dijo intentando ser amable-por lo que he descubierto usted es el único que presencio los hechos-
-si, mas o menos-
-¿Qué quiere decir?-
- vera, yo estaba en el restaurante de enfrente, “el delfín rojo”, comiendo. Como trabajo allí me sale gratis. Miraba por la ventan, fijándome en como muna chica ayudaba al fallecido a cruzar. Entonces un coche cruzo a la vez que pasaba el camión que solo me dejo ver la sangre esparcida por el impacto.-
- ¿y donde esta esa chica?-
- no lo sé, desapareció tras el accidente- al oír esto Steve me miro desconfiado.
- no te preocupes, has sido de gran ayuda, buscaremos a esa chica- pero yo sabia que no pensaba lo mismo que decía. Como se iba a creer algo que ni yo mismo podía. Llegué tarde a mi apartamento, con tanto ajetreo ya eran las once. Lucas no había llegado. ¿Qué estaría haciendo? Bueno, no importaba, la cama me esperaba.
A la mañana siguiente me encontraba mas despejado. Todo lo que había pasado el día anterior parecía un sueño. Puede que solo fuese eso un sueño, aunque mejor que no. Si hubiera sido un sueño estaría llegando tarde a trabajar.
-Lucas, ¿estás hay?-
-si, llegue un poco tarde anoche, a al vecina le apetecía un poco de marcha-
-dios dime que no has dicho lo que creo-
-lo siento, uno a de ayudar a la vecindad- dijo asomándose a la puerta de mi habitación.
-yo en la comisaría y tú moviendo la cadera- solté una pequeña carcajada-eres un cabrón-
- jajaja, es el karma amigo mío-
-pues preséntamelo que quiero tener una charla con él-
Me levanté y el salio en dirección a la cocina.
-¿Qué quieres desayunar?- preguntó desde la cocina
- ¿qué tal huevos revueltos y unas crepes?-
-¿Qué tienes pensado?, ¿correr una maratón?-
-no, -. Salí al comedor, ya vestido.- voy a buscar a la chica de ayer-
- todavía estas con eso-
-si, estoy seguro de lo que vi-
-esta bien, pero no te obsesiones demasiado-
- vale papá- vacilé
Desayunamos y se fue.
-bien, es hora de ponerse en marcha- pensé en voz alta mientras me dirigía al ordenador.- lo primero es saber que dicen las noticias de este asunto.- Según contaban el conductor iba bebido y se le acusara de homicidio en primer grado, pero nada acerca de mi chica. Era el momento de salir a la calle. Pase por la comisaría de nuevo. Quería hablar de nuevo con Steve y como no podía ser de otra manera a esperar de nuevo. Estaba en la sala de espera fijándome en las fotos de personas desaparecidas y allí estaba. Lara Herrera. La chica del accidente, no obstante algo no cuadraba. Según el cartel había desaparecido en 1921 lo que significaría que tenía más de 80 años. Lo que ni siquiera el fallecido. Quizás era simplemente un familiar o la hija de la desaparecida, que obviamente ya la habían encontrado.
-Mike- llamo la señorita del mostrador.-el sargento Steve le espera-
Entre al despacho. Steve estaba sentado tras una gran mesa de papeles.
-¿ha recordado algo?-
- la verdad es que no- dije sacando el cartel de mi bolsillo- pero es esta la chica, o al menos se le parece bastante-
Le dio un vistazo y me miro como a un loco:
-esta desaparición es del 1921-
-si, lo se, pero podría tratarse de un familiar-
-eso ciertamente es imposible. Mi padre fue quien se encargo de ese caso y nunca la llegaron a encontrar. Fue el único caso que mi padre fue incapaz de resolver y me contaba la historia cada noche, mire si se queda mas tranquilo lo investigare-dijo mientras se levantaba y abría la puerta.
-esta bien, pero avíseme si descubre algo-
-si, que si- dijo casi dándome empujones para que saliera.
Bueno, por lo menos el viaje no había sido en vano, aunque sabía que me habían ignorado de nuevo. Salí y me fui a casa. Al entrar vi a Lucas en el sofá, estirado, viendo la tele.
-¿Dónde has estado?- preguntó
-He ido a ver al policía que se encarga del accidente de ayer-
-Todavía con eso, deberías olvidarte de todo ese rollo. Si es cierto lo que viste da muy mal rollo-
-Pero no puedo quitármelo de la cabeza. Además,- dije enseñándole el cartel de Lara-mira lo que he encontrado.
- ¿es la chica que viste?-
-Si, el problema es la fecha-
Me miro con cara de preocupación y añadió
-tú verás lo que haces-
El resto del día me dedique a buscar información sobre Lara y cada dato nuevo sobre ella me hacia avanzar mas. La historia que se iba formando era demasiado triste. Con tres años había perdido a su padre en un accidente de tren. Cuando cumplió los 19, dos días antes de su desaparición, su madre había muerto asesinada. Lo que encontré después ya parecía sacado de una película de terror. Su retrato había aparecido en varios sucesos catastróficos, accidentes de coche, robos acabados en asesinatos…. En todas las ocasiones alguien juraba haberla visto y tras la catástrofe desaparecer. Había quien hablaba de ella como la muerte, otros la veían como un ángel que avisaba de que algo malo iba a ocurrir.
Tan centrado estaba en el ordenador que no me di cuenta de que ya había amanecido hasta que sonó el despertador de Lucas. Tenia que ir a trabajar, pero era demasiado el misterio que rodeaba a esa chica como para dejarlo.
-todavía estas ahí, ¿no as dormido nada?- era Lucas que acababa de levantarse.
-¿E? no, no he podido. La historia de Lara es demasiado interesante-
-bueno, como sea, tienes que ducharte que hoy hay trabajo-
-¿Quién eres mi padre?- dije en tono amenazador. Me molestaba un poco esa actitud de persona protectora. Teníamos la misma edad.
-no, pero me preocupo por ti como si lo fuera-
Guarde silencio. Dijera lo que dijera no podía combatir contra esos argumentos. Me duche rápidamente e intente no dormirme de camino al trabajo que quedaba a dos manzanas del apartamento. Pase el día cayéndome de sueño, así que a la hora del almuerzo decidí echarme una siesta. ¡Y qué siesta! Cuando desperté ya eran las nueve. Me tocaba volver a
casa.de camino iba pensando en lo que había dicho Lucas, ¿era cierto que me estaba obsesionando con el tema? De repente vino a la mente la imagen de las personas que hablaban sobre Lara en internet. Ninguna parecía muy cuerda lo que me asusto. No quería acabar de esa manera. Mi pensar era tan profundo que no percibí la farola que se encontraba delante de mí por lo que el impacto fue desastroso. Caí al suelo de espalda y entonces fue cuando vi a Lara en la acera de al lado. Iba acompañada de un hombre alto con una gran gabardina negra que le proporcionaba aura misteriosa. Un dilema se presentaba ante mí. Seguirles o pasar de todo y continuar mi vida. Mucha gente, tras saber que alrededor de Lara rondaba la muerte, hubiera seguido su camino, pero para mí era demasiado aburrido. Ya era hora de que pasara algo interesante en mi vida. Les seguí hasta una vieja fábrica. Entraron con lo que decidí esconderme. Desde donde estaba era capaz de ver la fachada de la gran nave industrial con un cartel que ponía “falcon kiss”. Esperé un rato allí, procurando no moverme. En esa situación no quería emitir ningún sonido que delatara mi posición. De pronto me puse a pensar en lo que estaba haciendo ¿no emitir ningún sonido? ¿Qué iba a pasar si me descubrían? Me sentí muy estúpido de repente. No obstante todo cambio según empezó a llegar gente. Conté unas veinte personas en total. Todos con la misma gabardina negra. Lo más seguro era que se tratara de una secta, hasta que llego una chica que no solo llevaba la gabardina sino que además portaba un rifle a la espalda. Ahora sí que dudaba de mi seguridad y cuando las cosas se ponen feas hay que desaparecer. Rumbo, mi casa. Tenía el corazón tan acelerado por lo que había descubierto, aunque no sabía lo que era, que tarde apenas cinco minutos en recorrer los tres kilómetros que me separaban de ella.
-¿Dónde has estado?- pregunto Lucas que estaba de nuevo viendo la televisión.
-por ahí, dando una vuelta- no sé porque le mentí, quizás es que no pensaba que me fuera a creer.
Los siguientes días me los pase observando la fábrica. Volvía a tener una rutina, por la mañana trabajo por la tarde dormía, y la noche me la pasaba escondido en el edificio de enfrente a falcon kiss.
Sin embargo, Lucas no comprendía lo que estaba haciendo. Solía discutir conmigo para que lo dejara pero no podía. Era lo más interesante que me había ocurrido en años. Dos semanas después de mi descubrimiento al entrar en mi apartamento.
-tienes que parar ya- era Lucas de nuevo y llevaba un cuaderno en las manos. Yo lo reconocí enseguida. Era el diario de mi “operación de espionaje”.
-sabes que no puedo dejarlo todo a la mitad-
- ¿a, no? Te leo textualmente- dijo abriendo el cuaderno.
jueves, 18 de marzo de 2010
Capitulo 1: Cosas sin importancia.(revisado)
La mayoría de historias comienzan describiendo al protagonista, su vida, el porqué de su lucha y la mayoría de esas cosas son bastante aburridas así que centrémonos en lo importante. A continuación contaré la parte más importante de mi infancia, pero quien no quiera conocerla que por lo menos sepa que mi nombre es Mike y que puede pasar al siguiente capitulo cuando quiera. Nací en una familia de estudiosos. Fui el mayor de dos hermanos. La mayor parte de mi infancia la pase solo, con hermano Drake, debido a que mis padres amaban más las matemáticas que estar con nosotros. Al menos eso pensaba hasta que Drake, un año menor que yo, empezó a destacar en las matemáticas. Eso le convirtió en el predilecto de la familia dejándome en un segundo plano. Lo mas seguro es que esa fuera la causa de que me estuviera metiendo en líos continuamente. Hasta que un día mis pequeños delitos me enviaron a un reformatorio.
El día que entre en el reformatorio ya parecía que me buscaban los problemas. Iba caminando distraído por el patio pocos minutos después de haber entrado cuando tropecé con uno de los mayores gamberros que había allí. Un tal Roberto. Creo que pasaron unos tres segundos desde que me disculpe hasta que su puño impacto en mi cara. Por suerte el conserje estaba cerca y sólo le dejo darme un golpe antes de inmovilizarle, pero eso no impidió que mi ojo se pusiera morado así que me señalo hacia donde quedaba la enfermería y llevo a Roberto al despacho del encargado de disciplina. Yo llegué como pude a la enfermería y entré. Era una habitación amplia de paredes blancas.
Había dos camillas, una libre y la otra la ocupaba un chico con los ojos cerrados. Estaba un poco mareado por lo que me acosté en la camilla libre. Me deje caer haciendo resonar la camilla. El chico que estaba al lado debió o de despertarse o percatarse de mí presencia.
-¿Doctora?-
-No, lo siento- respondí-mi nombre es Mike, hoy es mi primer día en este lugar-
-¿Qué te a pasado?- pregunto sin abrir los ojos aun.
-Un problemilla con la poli-
-No, ¿Qué haces en la enfermería?-
-Un puñetazo en el ojo-
-¿Y como acabo el otro?-
-En realidad me tumbo de un golpe-
-¡¿Qué?! ni siquiera te defendiste- y dio un largo suspiro.
-¿Cómo te llamas?- pregunte
-Puedes llamarme Caín- en esto abrió los ojos. En su rostro se produjo una clara expresión de sorpresa.
- Te ha dado fuerte-
Se levanto y salio de la habitación. Tardo poco en volver esta vez con una bolsa de hielo en la mano. Se me acercó y me la puso en el ojo. En ese momento pude fijarme por fin en él. Era alto, de pelo negro tirando a castaño y usaba unas gafas que le daban un aspecto intelectual. Además,
Tenía los ojos claros que resaltaban como luces de navidad. Entonces entro la doctora. Llevaba una bata blanca y el pelo rubio recogido.
-¿Caín que has hecho esta vez?- pregunto con cara de enfado.
-¡¿Yo?! , nada, el vino así mientras estaba acostado- yo asentí con la cabeza para confirmarlo.
-Te tengo dicho que no vengas si no te a pasa nada-
- Pero es que este es el único lugar tranquilo que hay en este sitio- y a continuación salio lanzando una mirada amarga a la doctora.
Esta se viró hacia mí y sonrió.
-Hola soy Susana, ¿y tú?- pregunto dulcemente.
-Me llamo Mi-Mike-tartamudeé.
-Eres nuevo, ¿verdad? Tienes que tener mas cuidado con la gente de este lugar, pero que digo si tu estas aquí seguramente serás igual o pero, ¿me equivoco?-
Ahora que lo pienso, quizás era psicóloga, ese tipo de preguntas no se te ocurren así por así.
-Si te soy sincero todavía no entiendo muy bien porque estoy aquí-
Mi respuesta pareció bastarle ya que no dijo nada más y salió de la habitación.
Un rato después mi ojo ya estaba mejor y aun no sabía donde se encontraba mi cuarto. Es mas, no sabia si tenia un cuarto, una celda o que (esperaba que lo primero). Me dedique a buscar hasta que diez minutos por fin la encontré. Era un cuarto, menos mal, con las paredes azules. Dentro solo había un mueble para el estudio y una litera.
-O sea, que voy a compartir cuarto- pensé en voz alta.
-¿No me estarás siguiendo?- la voz provenía de la litera de arriba.
Subí a ver quien era. Caín iba a ser mi compañero de cuarto.
-Menos mal- solté aliviado
-menos mal ¿Qué?- pregunto Caín
-Que parece que voy a tener suerte y no me ha tocado un macarra de barrio como compañero de habitación-
-¿Qué te hace pensar que no lo soy?-
-Anda no me trabes-
-No, no es por trabarte, pero yo estoy aquí por homicidio-
Mi cara paso drásticamente del alivio al asombro.
-No puede ser, un asesino no utiliza la palabra homicidio-
Soltó una pequeña carcajada y añadió.
-Bueno puede que tengas razón-
Intente ignorar su último comentario e intentar dormir un poco. Al parecer conseguí mi objetivo ya que cuando me desperté eran la siete de la mañana.
Lo peor de ese sitio es que aunque te internan para “rehabilitarte” la verdad es que haces lo mismo de afuera, pero vigilado. Tocaba asistir a clase así que me vestí e intente llegar al aula sin perderme. Las seis horas siguientes fueron un aburrimiento. Me las pase dedicadas a pensar en Caín. ¿Qué clase de persona era? Pensaba preguntarle en clase pero él tenia 17 años y estaba tres cursos por delante. Al salir de clase le busqué, pero no le encontré. Entonces recordé que estaba en la enfermería porque le gustaba la tranquilidad así que fui a ver si se hallaba allí. No obstante, la suerte no me acompañaba y de camino me encontré con Roberto.
-OH, así que estabas aquí-dijo mientras sonreía de forma siniestra –creo que ayer tuvimos un pequeño desacuerdo y me gustaría arreglarlo-
Eso significaba otro ojo morado, pero esta vez acabo diferente. Cuando estaba pasando por la puerta de la enfermería que estaba entre nosotros apareció un pie de ella que le hizo tropezar y caer en plancha. Era Caín.
-Pero que coño pasa en este sitio, ¿nadie mira por donde va? Voy a tener que enseñarte a fijarte mejor- y tras decir esto salio corriendo hacia Caín. Este no se aparto. Es más, cuando Roberto estiró el brazo con intención de golpearle le agarro la muñeca con la derecha, con la izquierda le dio un puñetazo en el estomago. Entonces jaló de él haciendo que volara por encima de el aterrizando en el suelo.
Le miró con desagrado y volvió a entrar en la en enfermería. Nuca había visto nada tan impresionante. Le seguí. El se había acostado de nuevo en una de las camillas.
-¡¿Cómo hiciste eso?! Ha sido increíble. Es iba hacia ti tu…-
-Tranquilo, yo también estaba allí. No tienes que explicármelo-
-¿Quién te enseño a hacer eso?-
-La calle enseña muchas cosas-
-Esto… me enseñarías-
-Y tu, ¿para que quieres aprender?-
-Pues, quiero ser independiente, quiero que nadie pueda pararme…-
-Relájate, Troya no se conquisto en un día. Además si eso es lo que quieres lo que tienes que hacer es estudiar-
-Pero, ¿Por qué?-
-Porque sino no voy a enseñarte nada-
Le miro y tenía una sonrisa de oreja a oreja que me hizo sonreír.
-Que, ¿Cuándo empezamos?-pregunto.
- Mm... Que tal ahora-
-A sí, pues venga cien flexiones-
-qué suave empezamos- dije irónicamente
-Querrás calentar digo yo-
Los siguientes días eran todos iguales. Por la mañana estudio, por la tarde entrenamiento físico y por la noche hablamos en la enfermería junto a Susana. Para él, una persona solo tenía que hacerle caso a su conciencia, lo demás no importaba. Poco a poco ese pensamiento se convirtió en mi lema “escúchate a ti mismo para escuchar a los demás”. Cualquiera que le escuchara hablando nunca hubiera imaginado que se encontraba retenido en una “cárcel infantil”. Le había preguntado varias veces acerca de su pasado pero nunca me contestaba de forma clara. Llevábamos así ya más de medio año. El tiempo allí se pasaba rápido cuando tenías que hacer.
Un día de visita llego alguien que quería hablar con Caín. Eso me extraño bastante. Estábamos por primera vez separados desde que llegué a aquel lugar así que decidí ir a la enfermería que se había convertido en el lugar idóneo para nuestras largas charlas. Allí estaba Susana, la doctora, como siempre.
-¿Y Caín?- preguntó al no verle entrar conmigo
-Tiene una visita-al oírlo me miro extrañada- Hay algo que quiero preguntarte-
-¿Sí? ¿Y de que se trata?-
-¿Por qué Caín esta en este sitio?, es la persona mas equilibrada que he conocido nunca-
-A eso, recuerdo el primer día que llego aquí, es una historia un poco larga. ¿Quieres oírla?-
-Pues claro-
-Bien, Raúl nació en una familia de un barrio algo peligroso-
-¿Raúl?-
-si, Caín no es su nombre real, es el apodo que adopto cuando entro aquí. Raúl era un buen estudiante, pero cuando tenía once años, nació su hermano.
De pronto sus padres tenían dos bocas que alimentar y no tenían suficiente dinero para mantenerles. Aunque, sus padres intentaron mantenerlo en secreto, Caín enseguida se dio cuenta por lo que comenzó a trabajara esa edad para ayudar a sus padre. Así fue como se convirtió en un camello para ayudar a su familia. Aun así, ese tipo de vida no es para un niño tan joven así que tomo una dura decisión. Con la intención de hacer que sus padres no tuvieran que ocuparse más de él, se dejo pillar con casi 50 kilos de cocaína. Su intención era acabar aquí. Él sabia que le mantendrían y así su familia podria seguir adelante. Desde entonces creo que hemos sido algo parecido a madre e hijo- se sonrojo mientras decía esto último.
Yo estaba un poco asombrado. El había estado solo desde los catorce años. ¿Quizás eso era lo que me esperaba el futuro a mí también cuando saliera de allí? Solo me quedaba un año. ¿Y después que?
- Me ayudas, tengo que ordenar estos archivos- preguntó Susana interrumpiendo mis pensamientos. Que también, para una vez que pensaba en mi futuro.
- Eh, sí, ya voy-
Y de hay volvimos a la rutina que teníamos. Cada descubrimiento acerca de Caín le hacia mas increíble. Y me prometí que algún día seria como el. Seguíamos haciendo lo mismo cada día y veía el día de mi salida cada vez mas cerca, pero ya no quería salir de allí. Sin embargo el tiempo es ininterrumpible y llego el día de mi salida. Estábamos en nuestro cuarto y era seguramente el ultimo día que nos veríamos.
-parece que te vas mañana ¿no?-
-Si, por fin me voy de este sitio- aunque en realidad pensaba lo contario
-Hemos pasado mucho tiempo juntos, ¿sabes?, eres la vivas imagen de mi hermano-
-Pero que dices si nosotros somos familia-
-Pues mas te vale seguir estudiando cuando salgas- dijo mientras sonreía- así que más te vale no volver-
Vaya forma de despedirse, aunque no me lo imagino llorando ni diciendo cursiladas. No le hicieron falta para expresar lo que sentía.
A la mañana siguiente me despertó y me acompaño a la puerta en silencio.
-Nos vemos- y se volvió sin esperar respuesta.
Fuera estaban mis padres esperándome. Nunca habían ido a visitarme y de todos modos creo que era mejor así. Al verme hicieron la típicas pregunta de ¿Qué tal estas?, como has cambiado, etc, pero yo sabia que no les importaba una mierda. El tiempo fuera era más lento y aburrido. Echaba de menos las charlas con Caín, pero seguí su consejo. Acabé los estudios y busqué trabajo.
El día que entre en el reformatorio ya parecía que me buscaban los problemas. Iba caminando distraído por el patio pocos minutos después de haber entrado cuando tropecé con uno de los mayores gamberros que había allí. Un tal Roberto. Creo que pasaron unos tres segundos desde que me disculpe hasta que su puño impacto en mi cara. Por suerte el conserje estaba cerca y sólo le dejo darme un golpe antes de inmovilizarle, pero eso no impidió que mi ojo se pusiera morado así que me señalo hacia donde quedaba la enfermería y llevo a Roberto al despacho del encargado de disciplina. Yo llegué como pude a la enfermería y entré. Era una habitación amplia de paredes blancas.
Había dos camillas, una libre y la otra la ocupaba un chico con los ojos cerrados. Estaba un poco mareado por lo que me acosté en la camilla libre. Me deje caer haciendo resonar la camilla. El chico que estaba al lado debió o de despertarse o percatarse de mí presencia.
-¿Doctora?-
-No, lo siento- respondí-mi nombre es Mike, hoy es mi primer día en este lugar-
-¿Qué te a pasado?- pregunto sin abrir los ojos aun.
-Un problemilla con la poli-
-No, ¿Qué haces en la enfermería?-
-Un puñetazo en el ojo-
-¿Y como acabo el otro?-
-En realidad me tumbo de un golpe-
-¡¿Qué?! ni siquiera te defendiste- y dio un largo suspiro.
-¿Cómo te llamas?- pregunte
-Puedes llamarme Caín- en esto abrió los ojos. En su rostro se produjo una clara expresión de sorpresa.
- Te ha dado fuerte-
Se levanto y salio de la habitación. Tardo poco en volver esta vez con una bolsa de hielo en la mano. Se me acercó y me la puso en el ojo. En ese momento pude fijarme por fin en él. Era alto, de pelo negro tirando a castaño y usaba unas gafas que le daban un aspecto intelectual. Además,
Tenía los ojos claros que resaltaban como luces de navidad. Entonces entro la doctora. Llevaba una bata blanca y el pelo rubio recogido.
-¿Caín que has hecho esta vez?- pregunto con cara de enfado.
-¡¿Yo?! , nada, el vino así mientras estaba acostado- yo asentí con la cabeza para confirmarlo.
-Te tengo dicho que no vengas si no te a pasa nada-
- Pero es que este es el único lugar tranquilo que hay en este sitio- y a continuación salio lanzando una mirada amarga a la doctora.
Esta se viró hacia mí y sonrió.
-Hola soy Susana, ¿y tú?- pregunto dulcemente.
-Me llamo Mi-Mike-tartamudeé.
-Eres nuevo, ¿verdad? Tienes que tener mas cuidado con la gente de este lugar, pero que digo si tu estas aquí seguramente serás igual o pero, ¿me equivoco?-
Ahora que lo pienso, quizás era psicóloga, ese tipo de preguntas no se te ocurren así por así.
-Si te soy sincero todavía no entiendo muy bien porque estoy aquí-
Mi respuesta pareció bastarle ya que no dijo nada más y salió de la habitación.
Un rato después mi ojo ya estaba mejor y aun no sabía donde se encontraba mi cuarto. Es mas, no sabia si tenia un cuarto, una celda o que (esperaba que lo primero). Me dedique a buscar hasta que diez minutos por fin la encontré. Era un cuarto, menos mal, con las paredes azules. Dentro solo había un mueble para el estudio y una litera.
-O sea, que voy a compartir cuarto- pensé en voz alta.
-¿No me estarás siguiendo?- la voz provenía de la litera de arriba.
Subí a ver quien era. Caín iba a ser mi compañero de cuarto.
-Menos mal- solté aliviado
-menos mal ¿Qué?- pregunto Caín
-Que parece que voy a tener suerte y no me ha tocado un macarra de barrio como compañero de habitación-
-¿Qué te hace pensar que no lo soy?-
-Anda no me trabes-
-No, no es por trabarte, pero yo estoy aquí por homicidio-
Mi cara paso drásticamente del alivio al asombro.
-No puede ser, un asesino no utiliza la palabra homicidio-
Soltó una pequeña carcajada y añadió.
-Bueno puede que tengas razón-
Intente ignorar su último comentario e intentar dormir un poco. Al parecer conseguí mi objetivo ya que cuando me desperté eran la siete de la mañana.
Lo peor de ese sitio es que aunque te internan para “rehabilitarte” la verdad es que haces lo mismo de afuera, pero vigilado. Tocaba asistir a clase así que me vestí e intente llegar al aula sin perderme. Las seis horas siguientes fueron un aburrimiento. Me las pase dedicadas a pensar en Caín. ¿Qué clase de persona era? Pensaba preguntarle en clase pero él tenia 17 años y estaba tres cursos por delante. Al salir de clase le busqué, pero no le encontré. Entonces recordé que estaba en la enfermería porque le gustaba la tranquilidad así que fui a ver si se hallaba allí. No obstante, la suerte no me acompañaba y de camino me encontré con Roberto.
-OH, así que estabas aquí-dijo mientras sonreía de forma siniestra –creo que ayer tuvimos un pequeño desacuerdo y me gustaría arreglarlo-
Eso significaba otro ojo morado, pero esta vez acabo diferente. Cuando estaba pasando por la puerta de la enfermería que estaba entre nosotros apareció un pie de ella que le hizo tropezar y caer en plancha. Era Caín.
-Pero que coño pasa en este sitio, ¿nadie mira por donde va? Voy a tener que enseñarte a fijarte mejor- y tras decir esto salio corriendo hacia Caín. Este no se aparto. Es más, cuando Roberto estiró el brazo con intención de golpearle le agarro la muñeca con la derecha, con la izquierda le dio un puñetazo en el estomago. Entonces jaló de él haciendo que volara por encima de el aterrizando en el suelo.
Le miró con desagrado y volvió a entrar en la en enfermería. Nuca había visto nada tan impresionante. Le seguí. El se había acostado de nuevo en una de las camillas.
-¡¿Cómo hiciste eso?! Ha sido increíble. Es iba hacia ti tu…-
-Tranquilo, yo también estaba allí. No tienes que explicármelo-
-¿Quién te enseño a hacer eso?-
-La calle enseña muchas cosas-
-Esto… me enseñarías-
-Y tu, ¿para que quieres aprender?-
-Pues, quiero ser independiente, quiero que nadie pueda pararme…-
-Relájate, Troya no se conquisto en un día. Además si eso es lo que quieres lo que tienes que hacer es estudiar-
-Pero, ¿Por qué?-
-Porque sino no voy a enseñarte nada-
Le miro y tenía una sonrisa de oreja a oreja que me hizo sonreír.
-Que, ¿Cuándo empezamos?-pregunto.
- Mm... Que tal ahora-
-A sí, pues venga cien flexiones-
-qué suave empezamos- dije irónicamente
-Querrás calentar digo yo-
Los siguientes días eran todos iguales. Por la mañana estudio, por la tarde entrenamiento físico y por la noche hablamos en la enfermería junto a Susana. Para él, una persona solo tenía que hacerle caso a su conciencia, lo demás no importaba. Poco a poco ese pensamiento se convirtió en mi lema “escúchate a ti mismo para escuchar a los demás”. Cualquiera que le escuchara hablando nunca hubiera imaginado que se encontraba retenido en una “cárcel infantil”. Le había preguntado varias veces acerca de su pasado pero nunca me contestaba de forma clara. Llevábamos así ya más de medio año. El tiempo allí se pasaba rápido cuando tenías que hacer.
Un día de visita llego alguien que quería hablar con Caín. Eso me extraño bastante. Estábamos por primera vez separados desde que llegué a aquel lugar así que decidí ir a la enfermería que se había convertido en el lugar idóneo para nuestras largas charlas. Allí estaba Susana, la doctora, como siempre.
-¿Y Caín?- preguntó al no verle entrar conmigo
-Tiene una visita-al oírlo me miro extrañada- Hay algo que quiero preguntarte-
-¿Sí? ¿Y de que se trata?-
-¿Por qué Caín esta en este sitio?, es la persona mas equilibrada que he conocido nunca-
-A eso, recuerdo el primer día que llego aquí, es una historia un poco larga. ¿Quieres oírla?-
-Pues claro-
-Bien, Raúl nació en una familia de un barrio algo peligroso-
-¿Raúl?-
-si, Caín no es su nombre real, es el apodo que adopto cuando entro aquí. Raúl era un buen estudiante, pero cuando tenía once años, nació su hermano.
De pronto sus padres tenían dos bocas que alimentar y no tenían suficiente dinero para mantenerles. Aunque, sus padres intentaron mantenerlo en secreto, Caín enseguida se dio cuenta por lo que comenzó a trabajara esa edad para ayudar a sus padre. Así fue como se convirtió en un camello para ayudar a su familia. Aun así, ese tipo de vida no es para un niño tan joven así que tomo una dura decisión. Con la intención de hacer que sus padres no tuvieran que ocuparse más de él, se dejo pillar con casi 50 kilos de cocaína. Su intención era acabar aquí. Él sabia que le mantendrían y así su familia podria seguir adelante. Desde entonces creo que hemos sido algo parecido a madre e hijo- se sonrojo mientras decía esto último.
Yo estaba un poco asombrado. El había estado solo desde los catorce años. ¿Quizás eso era lo que me esperaba el futuro a mí también cuando saliera de allí? Solo me quedaba un año. ¿Y después que?
- Me ayudas, tengo que ordenar estos archivos- preguntó Susana interrumpiendo mis pensamientos. Que también, para una vez que pensaba en mi futuro.
- Eh, sí, ya voy-
Y de hay volvimos a la rutina que teníamos. Cada descubrimiento acerca de Caín le hacia mas increíble. Y me prometí que algún día seria como el. Seguíamos haciendo lo mismo cada día y veía el día de mi salida cada vez mas cerca, pero ya no quería salir de allí. Sin embargo el tiempo es ininterrumpible y llego el día de mi salida. Estábamos en nuestro cuarto y era seguramente el ultimo día que nos veríamos.
-parece que te vas mañana ¿no?-
-Si, por fin me voy de este sitio- aunque en realidad pensaba lo contario
-Hemos pasado mucho tiempo juntos, ¿sabes?, eres la vivas imagen de mi hermano-
-Pero que dices si nosotros somos familia-
-Pues mas te vale seguir estudiando cuando salgas- dijo mientras sonreía- así que más te vale no volver-
Vaya forma de despedirse, aunque no me lo imagino llorando ni diciendo cursiladas. No le hicieron falta para expresar lo que sentía.
A la mañana siguiente me despertó y me acompaño a la puerta en silencio.
-Nos vemos- y se volvió sin esperar respuesta.
Fuera estaban mis padres esperándome. Nunca habían ido a visitarme y de todos modos creo que era mejor así. Al verme hicieron la típicas pregunta de ¿Qué tal estas?, como has cambiado, etc, pero yo sabia que no les importaba una mierda. El tiempo fuera era más lento y aburrido. Echaba de menos las charlas con Caín, pero seguí su consejo. Acabé los estudios y busqué trabajo.
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