Casi ni me entere cuando la sombría espada atravesó mi garganta. Supuse que simplemente me encontraba en shock. Mira que pensar eso en mis últimos segundos, pero realmente eran mis últimos segundos. ¿Qué había querido decir con eso de “espero que volvamos a vernos”? ¿A que se refería? Poco a poco todo se torno de color negro asta que me sentí tranquilo. En ese momento recordé mi pelea contra Orión. Hay que ver lo rápido que pase del terror a la euforia. De donde habría sacado Orión esa piel de metal. De todos modos no me arrepiento de mi pregunta. Lo cierto es que no me había dado cuenta, pero quizás no estaba obsesionado con la secta sino con Lara. Entonces fui interrumpido de mis pensamientos por un golpe seco contra el suelo que me hizo abrir los ojos. Un cielo de color azul inundo mi visión, ¿dónde me encontraba?
- bienvenido al limbo-
Me levante de golpe a causa del susto y vi a un anciano en pie junto a mi. Nos encontrábamos en un prado de hierba verde hasta donde alcanzaba la vista. Lo único que resaltaba en aquel panorama era una torre de piedra en medio del lugar.
-¿el limbo?- pregunté
- si exacto, el lugar al que van las almas. Además, contigo tenemos un caso bastante especial-
-¿de que hablas?-
- pues veras has sido enviado aquí antes de tiempo y te toca decidir si quieres quedarte o intentar volver, eso si te advierto no el viaje d vuelta no es tan agradable-
-a, ¿que venir aquí si lo es?-
-por supuesto, y que, ¿Qué vas ha hacer?-
-supongo que volver-
-¿seguro?, sólo 16 personas en lo que lleva el mundo existiendo lo han conseguido-
- pues pronto serán 17-
- esa es la actitud- afirmo sonriendo de oreja a oreja. Lo cierto es que era una persona bastante extravagante- el camino a seguir se encuentra tras esa puerta- dijo señalando una torre que se perdía en las nubes.
-parece que hoy mi día va a ser mas movidito de lo normal- dije guiándole un ojo al anciano- si no le importa, ¿Cómo se llama?-
-la gente me conoce como Parca- dijo entre carcajadas.
-pues espero que tardemos bastante tiempo en volvernos a ver- dije mientras caminaba hacia la torre.
-pienso lo mismo-
Me di la vuelta para despedirme con la mano, pero no había ya nadie. Tampoco me importó demasiado, era el momento de luchar contra la muerte y de volver a ver a Lara. Y pensar que hago esto por alguien con quien ni siquiera he hablado.
Llegue al gran portón de la torre y lo abrí dejándome ver la escalera que me llevaría hasta la cima. Se trataban de unas escaleras bastante amplias con espacio suficiente para que subieran siete u ocho personas a la vez sin tocarse. Empecé a subir a carrera ligera, tampoco era cuestión de cansarse; sin embargo, me equivocaba, aunque iba relativamente despacio tras casi una hora subiendo estaba agotado. Estaba tan concentrado en la carrera que no oí lo que descendía a gran velocidad hasta que lo tuve tan cerca como para verlo. Se trataba de un perro, o al menos eso parecía. Cambie de dirección casi instantáneamente al ver el pitbull de aproximadamente 500 kilos. Se trataba de una bestia tan grande que no dejaba espacio entre las paredes. Corría tan rápido como podía escaleras abajo, escapando de la bestia, cuando recordé porque estaba haciendo todo aquello. Tenia que seguir subiendo y si para ello tenia que superar ese obstáculo. Quería cambiar mi rumbo pero las piernas no me respondían.
- maldita sea, Mike, ¿es que lo único que sabes es correr?- grité en un desesperado intento de hacer que mis piernas respondiera y funciono.
Me di la vuelta esperándole. Esta vez no tenía un plan, pero daba igual. Ya se te ocurrirá algo. La descomunal criatura abrió la boca con la intención de morderme. A pocos metros de mi sentí ya el final muy cerca, no se me había ocurrido nada. Entonces, cuando ya había aceptado mi derrota, la bestia se desvaneció como humo haciéndome caer al suelo del susto.
-¿pero que clase de broma es esta?- grite con la intención de calmarme. Me levante y empecé a correr como nunca lo había hecho. Tenía el corazón acelerado por el susto y lo oía resonar en mis oídos. Con tal ritmo no tarde mucho en llegar a una puerta como las de los cobertizos. La abrí empujando levemente dejándome ver el cielo. Me encontraba en la cima. Soplaba una brisa ligera que sofocó mi cansancio. La cima era redonda con un suelo de piedra blanca y rodeada por las nubes negras de tormenta. Al lado contrario había un puente con una puerta en su extremo. Esta estaba hecha de madera blanca y brillaba fuertemente a través de las grietas que el tiempo había dejado. Y entre la puerta y yo se encontraba sentado Parca como si me hubiera estado esperando. El anciano al verme se levanto y dijo con sorpresa:
- estoy impresionado, nadie había llegado a este punto tan rápido-
- si había ascensor podrías haberme avisado-
- me impresiona que todavía conserves el humor después de ver a mi perro-
- esa ilusión, quizás deberías buscarte una mascota con más vida-
- no hablo de ese perro – dijo mientras señalaba las negras nubes que nos rodeaban. Entonces un relámpago con la forma de un can de cruzo rápidamente la plataforma volviendo a las nubes.
- veras, es que no todo el mundo no pasa por este lugar. En realidad es aquí donde la mayoría desiste. Ese- dijo señalando de nuevo las nubes-es Layton, mi perro fiel. Su cuerpo esta formado por los rayos que forman estas nubes.-
- ¿y que se supone que tengo que hacer?- interrumpí
- ahora iba con eso. Pues es muy simple debes llegar a la puerta que esta a mi espalda. Si consigues cruzarla podrás volver. Además, por el hecho de derrotarme recibirás un regalo.-
-¿un regalo? ¿De que hablas?-
-primero tendrás que llegar, así que es el momento de saber si estas a la altura de las circunstancias.- gritó- primera regla, puedes usar el camino que elijas para llegar a la puerta.-
Tras esto empecé a correr hacia la puerta, pero a los pocos metros avanzados Layton me hizo retroceder cruzando de un lado al otro.
-Parca, ¿Qué función tenia la bestia de las escaleras?-
-Una persona tiene que tener tres cualidades la fuerza que demostraste llegando a este lugar, el coraje necesario para hacerle frente a la bestia de las escaleras y…-
- o sea que solo probabas que fuera valiente-interrumpí
- ¡exacto!, de que te sirve volver si eres un cobarde-
- ¿cual es la última cualidad?-
- tener la voluntad suficiente para superar cualquier reto- y tras decir esto empezaron a caer rayos en toda la plataforma formando un continuo tintineo de flashes azulados. Empecé a correr, sabía que no era lo suficiente rápido para esquivar los rayos pero quizás con un poco de suerte. Poco a poco fui alcanzando a parca. Pase a su lado, aunque el no se quedo quieto. Pensé que un anciano no era una gran dificultad. Grabe error. Con un gancho ascendente me hizo subir uno o dos metros.
- regla numero dos, yo también puedo ser un impedimento.- gritó
Y tras esto Layton, el perro formado por rayos, me atravesó lanzándome cerca de donde había empezado a correr. Los miles de voltios recorrieron mi cuerpo, ya estaba muerto, aunque de todos modos dolía de una forma inexplicable. Además, caí con un golpe seco que me hizo retorcerme en el suelo.
- tercera regla, tienes un minuto para levantarte cada vez que caigas.- dijo Parca
- ¿y la cuarta?- grite en un auge de dolor.
-no hay cuarta, eso es todo-
-no me extraña que tan poca gente salga de aquí-
-¿son esos signos de rendición?-
-¿Qué dices?, pienso superar a todos esos inútiles que no han conseguido pasar esta estúpida prueba- y tras esto me levante. Se me había ocurrido algo. Si el viejo caía de la torre no podría dirigir a su perro. Corrí hacia el anciano mientras buscaba en los bolsillos, si mi ropa era la misma quizás estuviera allí el abrecartas. Tuve suerte, estaba en mi bolsillo, aunque no sabía muy bien el porqué. Mientras me acercaba rápidamente a Parca lancé el trozo de metal que me había ayudado más de lo que se podía esperar. Parca no se dio cuenta de esto y a pocos metros de él volvió a darle la señal de ataque a Layton. Sin embargo, esta vez el can vio desviada su dirección hacia el trozo de metal lo que me permitió alcanzar al viejo. Con bastante reparo le di un puñetazo que le dejo en el suelo, no estaba dispuesto a dejarme engañar por su aspecto. Parca levantó la mirada y preguntó:
- ¿Cómo has conseguido desviar el ataque de Layton?-
-muy sencillo- respondí mientras me acercaba a él- los rayos tienen la tendencia de impactar en objeto metálico que se encuentra a mayor altura-
Tras satisfacer su curiosidad me dirigí, con Parca a cuestas, al borde de la torre. Le sujeté por el cuello dejando mi brazo como la cuerda que le separaba de la caída. “Suéltale” gritaba por dentro, pero no podía. Estábamos en el limbo: no le iba a pasar nada, pero para mi era como si lo matara. Tire de él dejándole en el suelo y le advertí:
- he podido dejarte caer, así que no me jodas- y tras esto empecé a andar hacia la puerta. No obstante, Parca no era un competidor limpio. Cuando me di la vuelta le dio la señal de ataque a Layton de nuevo. Esta vez no había nada que le detuviera, excepto yo. Me atravesaba una y otra vez haciéndome caer cada vez que me levantaba. Intente detenerlo agarrándolo con mis manos desnudas, mas se me escapaba entre los dedos. El cuerpo de Layton no era sólido, pero si su collar. Los miles de vatios atravesaban mi cuerpo haciendo que me retorciera de dolor, aun así no solté el collar. Comencé ha avanzar en la dirección a Parca, aun en el suelo. Cada paso costaba más que el anterior, pero no estaba dispuesto a detenerme. Llegué a su lado y pude comprobar una expresión de terror en su rostro.
-¿Qué pasa?, ¿nunca has acariciado a tu chucho?- pregunte cuando me di cuenta de que el le temía a su propio perro.
- esta bien, me rindo, eres libre de marcharte-
- lo siento pero ya no me apetece- dije lanzando el can a donde estaba su dueño. Sin ver lo que les había pasado me dirigí a la puerta y esta vez conseguí traspasar el umbral sin problemas.
Una luz muy clara me hizo despertar. Abrí los ojos y contemple la misma habitación en la que había fallecido, ahora bien, había algo enfrente a mi que me resultaba familiar. Era yo. Bueno, mi cadáver. Mire mis mano y estaban exactamente como las recordaba. Me levante y usando de espejo una ventana pude comprobar que todo estaba en orden.
- ¿te gusta tu nuevo cuerpo?- se trataba de Jared que parecía esperar algo en la puerta.
-¿nuevo cuerpo?-
-tranquilo- dijo sonriendo- ya te lo explicare todo mas tarde, tienes que estar cansado acompáñame-
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